Géneros y Sexualidades

DEBATE DE GÉNERO

Feminismo radical o feminismo socialista (Parte II)

Reflexión sobre qué tipo de feminismo debe impulsar el movimiento de mujeres y diversidad sexual para la conquista efectiva de sus demandas y la liberación de la opresión.

Gabriela Muñoz

Pan y Rosas Antofagasta

Jueves 1ro de diciembre

El feminismo de la segunda ola, radical y de la diferencia, comprendió que la lucha contra la opresión no era un problema de "ellos" ni de "ellas", sino que existía un patrón que se replicaba en miles de casos individuales, dando cuenta de que el problema de la opresión de la mujer responde a algo de carácter estructural. Así llegamos al hecho de que efectivamente no eran "ellos" ni "ellas", era la sociedad, instalándose la premisa de "lo personal es político".

Es así que distintas corrientes feministas teorizaron sobre el patriarcado, dando diferentes salidas para vencer la opresión contra la mujer.

El feminismo radical es una corriente de pensamiento que alberga en su seno variadas visiones y prácticas políticas. Su base es la concepción de que la sociedad no se funda sobre clases sociales, no existiría para ellas lucha de clases, leyendo en cambio que la actual sociedad está construida por los hombres contra las mujeres, quienes ejercen la opresión debido a los privilegios que se le otorgan gracias al milenario sistema patriarcal. "Postulan que no habría cambio social sin una revolución cultural que lo preceda, poniendo el centro en que cada uno debe empezar por cambiarse a sí mismo para cambiar la sociedad", en palabras de Andrea D´Atri, en "Marxismo y feminismo". Para algunas, la clave sería la propia conciencia de las mujeres de la opresión, lo que supuestamente daría paso a la liberación sexual de la mujer; otras incluso han caído en políticas separatistas, planteando la lucha sin hombres.

Por su parte, nosotras, las feministas socialistas, elaboramos nuestra conceptualización del patriarcado y la opresión de las mujeres, basándonos en el método del materialismo histórico y las elaboraciones de Marx y Engels, tomando la tradición de las socialistas como Clara Zetkin, Alejandra Kollontai, Rosa Luxemburgo, quienes planteaban que la sociedad está divida en clases: por un lado, la clase de quienes explotan y poseen los medios de producción y, por otro, quienes son explotados.

Debemos entender que la sociedad capitalista, basada en este antagonismo de clase, fomenta y potencia el problema de la opresión que cobra día a día más fuerza; y es que el capitalismo toma al patriarcado a su favor, pues "mientras empuja a las mujeres al ámbito de la producción, lo hace con salarios menores a los de los varones por la misma tarea, para de ese modo también presionar a la baja el salario del conjunto de la clase. Significa que, mientras impulsa la feminización de la fuerza de trabajo, lo hace sin quitarle a las mujeres la responsabilidad histórica por el trabajo doméstico no remunerado, recargándolas con una doble jornada laboral. Que mientras tira por la borda, con los hechos mismos del desarrollo científico y técnico, los prejuicios más oscurantistas sostenidos por el clero y los fundamentalismos religiosos, se apoya en la ideología reaccionaria de la Iglesia para mantener el sometimiento y el dominio terrenal en aras de una futura libertad infinita en el más allá. Que mientras desarrolla los lavaderos automáticos, la industrialización de la elaboración de alimentos, etc., mantiene la privatización de las tareas domésticas para que, de ese modo, el capitalista se vea exento de pagar gran parte del esfuerzo con el cual se garantiza la reproducción de la fuerza de trabajo". (Andrea D’ Atri, Marxismo y Feminismo).

Por ello, quienes nos consideramos feministas socialistas consideramos que la opresión de las mujeres no puede remitirse a una revolución cultural, a una cuestión sólo de conciencia individual, puesto que nuestra conciencia está determinada por el sistema de producción capitalista. Por tanto, nuestra lucha es por una transformación total de las condiciones de producción, teniendo como estrategia principal la abolición del sistema capitalista a manos de quienes producen las riquezas: las trabajadoras y los trabajadores.

Sabemos que es una ardua tarea, que no lograremos únicamente a través de la organización de mujeres, a diferencia de lo que plantea el feminismo radical, sino que lo conquistaremos en la medida en que las mujeres trabajadoras se coloquen a la cabeza en el combate por nuestra emancipación, en conjunto con las estudiantes, de la diversidad sexual, mujeres migrantes y de pueblos originarios, hombres de la clase trabajadora; convenciendo a través de diversas acciones, como lo son las comisiones de mujeres dentro de los sindicatos, que los varones de su propia clase incorporen la lucha contra la opresión dentro de sus demandas, luchando con un sólo puño frente a este sistema capitalista y patriarcal.




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