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DISCURSO DEL REY

Felipe VI revalida su apoyo al 155 y el chantaje para que Catalunya renuncie a la república

Reproduce el argumentario de Rajoy, PSOE y Cs de que tras las elecciones del 21D el nuevo Parlament y el Govern deberán abandonar la defensa del derecho a decidir y la república. Si no cumplen, ahí estarán los jueces y la prisión para que se “convenzan”.

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Lunes 25 de diciembre de 2017 | 14:11

Foto: EFE/Ballesteros

“Señor al que nadie ha votado da un discurso sobre democracia”, así titulaba la revista satírica El Jueves su entrada sobre el discurso de Navidad de Felipe VI. La publicación menos seria ofreció el titular más preciso y contundente para referirse al mensaje que el jefe del golpe institucional del 155 ofreció ayer, como vienen haciendo los Borbones desde la restauración de la Corona. La última vez que Su Majestad tuvo a bien dirigirse a los españoles fue el pasado 3 de octubre. Solo dos días después de que la Policía Nacional y la Guardia Civil dejaran más de 1000 heridos en la represión del referéndum catalán, Felipe VI salió a amenazar con el golpe institucional que 24 días más tarde terminaría de consumar el Senado y el gobierno del PP.

Las palabras navideñas del monarca estuvieron cargadas de contenido. El discurso de Nochebuena de la Casa Real hace ya unos años que ha dejado de ser un mero acto protocolario o folclórico. El “árbitro” del Régimen del 78 aprovecha la ocasión para enviar mensajes al conjunto de los agentes del mismo, marcar los límites del terreno de juego. El año pasado estuvo marcado por su respaldo al gobierno del PP y a la imprescindible concertación que tenía que establecerse con los otros dos grandes partidos monárquicos, el PSOE y Cs. Felipe VI bendijo en la Nochebuena del 2016 el golpe palaciego en el PSOE, su apoyo a la investidura de Rajoy y el nuevo gobierno del PP.

En esta ocasión, y como era de esperar, el Rey hizo una cerrada defensa del Régimen del 78 y su herencia, en el año que ha sufrido uno de los más grandes desafíos: el movimiento independentista catalán y la proclamación, aunque simbólica, de una república. Acto seguido, reprodujo el argumentario golpista que justificó el 155, la convocatoria de las elecciones catalanas del 21D y ahora el mantenimiento de las medidas de excepción para, a pesar de la victoria en las urnas del bloque independentista, mantener al Parlament y al nuevo Govern “secuestrados” y obligarles a que renuncien al derecho a decidir y a la república catalana.

La primera parte de su discurso fue un balance exitista de los logros de la democracia del 78. Repasó los “lugares comunes” del relato oficial. Como la derrota del 23F, el golpe que su padre estuvo promoviendo hasta dos semanas antes del “Tejerazo”, como relata la periodista -nada sospechosa de “roja y separatista” y numeraria del Opus Dei- Pilar Urbano en varios de sus libros. La entrada en la UE y el advenimiento de la prosperidad, olvidándose de lo que supuso la reconversión industrial para regiones enteras o las “bondades” de la Troika desde el estallido de la crisis de 2008. O la lucha contra ETA, que se desarrolló entre otras “perlas democráticas” por medio del terrorismo de estado de los GAL o ataques a las libertades democráticas como la Ley de Partidos o el cierre de diarios.

Todo para pintarnos un casi paraíso en la tierra, fundado en los valores de la “concordia” y la “pluralidad”. El arraigo de los valores democráticos fue resaltado por este Jefe de Estado, que lo es por la gracia de Franco y que nunca ha sido ni será sometido al refrendo de las urnas. Esa extraña concepción de lo “democrático” concuerda con su explícita alusión a que en España cualquiera puede defender libremente sus ideas. Una frase que encaja al dedillo con aquello de “excusatio non petita, acusatio manifesta”. Y es que decir eso en la misma noche en la que Alfon, los jóvenes de Alsasua, los Jordis, Font o Junqueras “celebran” la Navidad en prisión, en la misma semana que la Guardia Civil ha presentado nuevos informes al Tribunal Supremo que amplían a 100 los “responsables” de la “rebelión y sedición separatista”... tiene, cuanto menos, poquita credibilidad.

Sobre Catalunya no quiso dedicar demasiados minutos. Debió pensar aquello de lo breve si es contundente, dos veces contundente. Partió del resultado del 21D, como si hubiesen sido unas elecciones normales y antes no hubiera sucedido nada. Respetó formalmente su resultado, pero advirtió, enlazando con el contenido de su mensaje el 3-O, que las nuevas instituciones catalanas electas debían abandonar todo “enfrentamiento” y recuperar la “estabilidad”. Es decir: “catalanes, podéis votar lo que queráis, pero aquí o se hace lo que yo digo, dejar de una vez de tocar las narices con derechos a decidir y repúblicas, o vamos a seguir con el golpe y la escalada represiva hasta que os convenzáis de ello”.

Su deseo de que “renazca la mejor imagen de Catalunya” y sus alusiones a la división, las imposiciones y hasta el impacto negativo en la economía respecto a los gobernantes pre155, fue el respaldo real a los procesos judiciales en curso que serán el principal instrumento para obstaculizar formar un nuevo Govern independentista y, de no evitarlo, poder chantajearlo para marcar desde Zarzuela, Moncloa, el Supremo y el Constitucional la agenda del gobierno catalán.

Para terminar, y de forma apresurada, inconexa y completamente superficial, el Rey quiso pasar por otros problemas sociales. Mencionó el problema de la baja calidad del nuevo empleo generado -él, que cobra 8 millones al año-, la lucha contra el terrorismo islamista -el amigo de las Monarquías que financian al ISIS-, la corrupción -el cuñadísimo-, la defensa del medio ambiente – de la saga de cazadores de elefantes Borbón- o la pelea contra la violencia de género – el mismo día que se hacía público el video de un policía nacional golpeando gratuitamente a una mujer en la calle-. Un artificial intento de aparecer como un Rey que se preocupa por los sentidos problemas de sus súbditos que no puede convencer ni al más descerebrado de los monárquicos.

Las reacciones al discurso han sido variadas y también muchas de ellas esperables. Las del bloque monárquico perfectamente podrían haber sido escritas el día anterior. El PP, el PSOE y Cs han saludado entusiastas el mensaje real, del que han querido reseñar su espíritu conciliador y su cerrada defensa de una “España moderna, unida y diversa”, como ha twiteado Albert Rivera. Desde ERC y JxCat han denunciado lo evidente, que ayer habló de nuevo el Rey del 155.

Muy críticos han sido también desde las filas de Unidos Podemos. Pablo Iglesias fue el primero en comentar en las redes sociales el discurso de Felipe VI, del que aseguró que “abraza el argumentario del PP: la crisis pasó, en Catalunya todo arreglado y la corrupción es un fenómeno meteorológico sin caras ni nombres”, para sentenciar que “España no necesita reyes sino servicios públicos de calidad, trabajo digno y diálogo”.

Unas palabras que contrastan con la “salida de agenda” que la formación morada viene defendiendo respecto a la cuestión de la monarquía. Los tics “republicanos” de Iglesias, lamentablemente no pasan de ser episódicos, normalmente los 25 de diciembre y algún 14 de abril. Para que este rechazo al Rey del 155 suene creíble, Podemos debería retomar la demanda democrática fundamental de acabar con la Corona, ligada a imponer un proceso constituyente -y no una autorreforma del régimen de la mano del PSOE- y la defensa incondicional del derecho de los catalanes a constituir su propia república como quedó expresado el 1-O y ratificado el pasado 21D.

El discurso pasó, la gente siguió con sus celebraciones familiares, los regalos, las tertulias de sobremesa -este año seguramente más intensas que nunca-... y hoy, día de Navidad, Su Majestad de la Plaza de Oriente habrá comido tranquilo. Su “carta” ha llegado a todos los hogares y sobre todo a todos los agentes del Régimen del 78. Como el 3-O el mensaje es claro: “no desistir, la ofensiva debe continuar si no se pliegan”.

Tras la capitulación sin resistencia de las direcciones procesistas nadie puede asegurar que Su majestad no logrará su objetivo. La única garantía para que el movimiento independentista no sea aplastado y la nueva restauración borbónica se consume está en que se pueda desatar una gran movilización social, con la clase trabajadora al frente, que acabe enviando a la Monarquía al Museo de Historia, luche por procesos constituyentes libres y soberanos en Catalunya y el resto del Estado y abra el camino a poder constituir repúblicas de trabajadores.






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