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Felipe VI preanuncia un salto en el ataque del Régimen del ‘78 contra Catalunya

Dos días después del referéndum y cuando estaba concluyendo la gran jornada de huelga general en Catalunya, Felipe VI acusa a la Generalitat de situarse “al margen del derecho y de la democracia” y respalda una salida autoritaria de parte del gobierno de Rajoy y el conjunto del Régimen del ‘78.

Diego Lotito

Madrid | @diegolotito

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Miércoles 4 de octubre

Foto: EFE

El heredero del heredero de Franco ha pronunciado un auténtico discurso de “bunker” que no sólo ha respaldado la línea dura del Gobierno del PP y el Régimen contra Catalunya en las últimas semanas y el 1-O, sino que preanuncia que la Corona se sitúa del lado de todas las medidas represivas necesarias para frenar cualquier intento de proclamación de la república catalana en próximos días.

En su mensaje, el monarca ha dicho que con sus decisiones las “autoridades catalanas” han “vulnerado de forma sistemática las normas, demostrando una deslealtad inadmisible a los poderes del Estado, a los que representan en Cataluña. Han socavado la armonía y la convivencia en la sociedad catalana"

Felipe VI ha recalcado que ante “la situación de extrema gravedad” es responsabilidad “de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional”. Y sin hacer ningún tipo de mención a la brutal represión de la Policía Nacional y la Guardia Civil desatada contra el pueblo catalán durante el referéndum del domingo, el rey hizo una cínica reivindicación de los “principios democráticos” del Estado español, “basados en el deseo de los españoles de vivir en paz y en libertad”.

El áspero discurso contra la Generalitat ha sido escrito para servir de respaldo a medidas que van desde la aplicación del 155 hasta otras aún más duras como la detención del Govern o la aplicación de alguno de los estados de emergencia, excepción o sitio para conseguir aplacar el gran movimiento por la independencia. Un discurso que debe ser muy tenido en cuenta para preparase a enfrentar nuevas embestidas del Estado central en Catalunya más duras incluso de las que hemos visto en estos días.

El discurso estaba dirigido a los dirigentes catalanes en primer lugar, pero también al conjunto de los agentes del Régimen. Felipe VI llama a cuadrarse detrás de Mariano Rajoy y el arsenal represivo que permite la Constitución del ‘78 para garantizar su artículo 2, el que consagra la unidad indisoluble de España y que fuera redactado por los jefes del Estado Mayor de la Dictadura.

Se dirige especialmente al PSOE de Sánchez, para que no vacile en apoyar todas las medidas posibles, como el 155, justo el mismo día en que Susana Díaz presionaba en la misma dirección aprobando una declaración institucional de su gobierno en apoyo al operativo policial en curso de la Policía Nacional y la Guardia Civil en Catalunya. El partido que dirige Pedro Sánchez ha tomado nota y rápidamente ha dado su visto bueno al discurso del rey y a “la defensa de la Constitución, el Estatut, el Estado de derecho y la integridad territorial de España". Obviamente, lo mismo han hecho el PP y Ciudadanos. Lo lamentable han sido las declaraciones de Podemos, mostrando su “preocupación y sorpresa” por el discurso del rey y por no haber hecho “ni una llamada al diálogo, ni una propuesta”. Podemos sigue promoviendo la utopía reaccionaria de que el monarca juegue un rol “neutral” para regenerar el Régimen del ’78.

El discurso del rey ha finalizado reafirmando “el firme compromiso de la Corona con la democracia, con la unidad y la permanencia de España”, indicado sin ambigüedades su pleno apoyo al Régimen y al gobierno de Rajoy. No por nada no dijo una sola palabra en catalán.

En resumen, el Rey ha colocado a la Generalitat por fuera de la Ley y presentado la situación en Catalunya como “excepcional”. Dos precondiciones necesarias para justificar medidas también excepcionales. Pero, ante todo, su propia comparecencia tuvo un carácter excepcional. La última vez que un rey había hecho un discurso de este tipo fue el 11 de marzo de 2004, después del atentado de Atocha. Antes de eso, el 23 de febrero de 1981, durante el intento de golpe de estado.

Felipe VI ha vuelto a ponerse en el papel de garante del Régimen, como lo fue durante 30 años su padre, Juan Carlos I. Pero, en esta situación, el papel le queda grande al intérprete. Cuando Felipe VI asumió muchos analistas señalaban que su 23F sería Catalunya. Juan Carlos I supo utilizar el fracaso del golpe de estado en 1981 -que él había estado operando hasta días antes- para represtigiar y consolidar la Monarquía restaurada. Su hijo está casi incapacitado de entrada para intervenir en cualquier solución a la crisis catalana que no genere una agudización de la misma.

Estamos ante el llamamiento del Jefe del Estado a la unidad de todos los agentes del Régimen para una escalada sin precedentes contra las instituciones catalanas y el masivo movimiento democrático que exige en las calles, y hoy lo ha hecho por medio de una huelga general, su derecho a constituir su propia república.

Esta afrenta debe ser contestada inmediatamente. Hay que prepararse para la defensa contra el incremento de la represión estatal. Los sindicatos, secciones sindicales y comités de empresa deben convocar inmediatamente asambleas en los centros de trabajo y discutir medidas de lucha, elegir representantes y que se estos discutan un plan de defensa y movilización. Solo de esta manera se podrá sobrepasar el rol de las direcciones sindicales de CCOO y UGT que este martes han trabajado para que la huelga no fuera posible. En los barrios hay que fortalecer los comités de defensa o de huelga, y que queden coordinados con los centros de trabajo. Y lo mismo en la universidad e institutos, las organizaciones estudiantiles deben convocar asambleas para encarar esta pelea.

La mayoría del pueblo catalán se pronunció este domingo de manera contundente a favor de constituir su propia república. Solo promoviendo la movilización y autoorganización de los trabajadores y sectores populares podremos derrotar la ofensiva que preanuncia el discurso del Rey y hacer que se pueda llevar hasta el final esta voluntad.

Pero si somos la clase trabajadora y los sectores populares los que vamos a estar en primera línea de esta pelea, como se vio el 1-O y hemos vuelto a ver en la huelga general, tenemos que exigir el derecho a decidir también qué proceso constituyente y qué república queremos. Un proceso constituyente verdaderamente libre y soberano, en el que poder discutir todos los grandes problemas sociales, que no pueden resolverse si no es avanzando sobre los intereses y privilegios de los capitalistas. Es decir, un proceso que permita superar a la dirección de Puigdemont y Junqueras y su proyecto de república capitalista, para conquistar en Catalunya una República Independiente y Socialista.

El discurso del rey y lo que pase en los siguientes días va a suponer un nuevo salto en el descrédito de la Monarquía. En Catalunya el rechazo a la Casa Real ya era de masas, como se vio en las sonoras pitadas a Felipe VI en la manifestación contra los atentados de Barcelona y Cambrils. En el resto del Estado este compromiso con una salida represiva contra Catalunya puede terminar de quitarle la careta a esta institución reaccionaria.

Por ello la lucha contra la Corona y el Régimen del ‘78 debe ser una tarea común de los trabajadores catalanes y los del resto del Estado. Para ello es imprescindible que la izquierda y las organizaciones obreras del Estado apoyen el derecho de los catalanes a constituir su propia república y peleen contra la represión estatal. Hay que exigir a CCOO y UGT que llamen a acciones de solidaridad y preparen una huelga general contra el Gobierno, la Corona y la ofensiva contra Catalunya.

Esta es la vía para soldar la unidad de la clase trabajadora en una lucha común que permita acabar con la Monarquía y abrir procesos constituyentes en el Estado y el conjunto de las naciones que lo componen. Una pelea común que podría unir la lucha por una república catalana socialista con la lucha común por una libre federación de repúblicas socialistas en la península ibérica.






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