Política Estado Español

INAUGURACIÓN XII LEGISLATURA

Felipe VI bendice la gran coalición y pide más concertación

La Monarquía se suma públicamente al proyecto de restauración conservadora de PP, PSOE y Cs. Para derrotarla a ella y la Corona no bastará con un republicanismo leal y simbólico.

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Jueves 17 de noviembre de 2016 | Edición del día

Foto: EFE

La inauguración de la XII Legislatura se convirtió este jueves en toda una puesta en escena del momento por el que atraviesa la crisis del Régimen del 78. La escenificación en la Cámara, los palcos, un Congreso y un desfile militar sin multitudes “juancarlistas” como otrora, las tímidas y respetuosísimas muestras de republicanismo... y sobre todo, un discurso del Rey que venía a sancionar el gobierno de la gran coalición y la vía de restauración conservadora que quieren ensayar el PP, el PSOE y Cs. Pero, vayamos por partes.

La imagen anecdótica que más han querido resaltar el abundante periodismo de cámara ha sido la presencia de las dos infantas. Dos niñas de 9 y 11 años. El nivel de pleitesia escrita ha llegado a cuotas extremas, y no sólo en el siempre monárquico ABC, o la derechista La Razón, sino también en el diario del “golpe de timón”, El País. “Tan monas, tan ideales con sus vestiditos en rosa fucsia y gris plomo, tan calladitas, tan niñas buenas. Mirándolo todo con esa expresión de curiosidad, primero; paciencia, después; y santísimo aburrimiento, por último, de que solo son capaces los niños. Y habría que ver lo que pensaban ambas, tan tiernas, viendo a tantos señores y señoras sentados glúteo con glúteo, arrejuntados todos diputados y senadores, haciendo su papel de cara a la galería”. Este era el “sesudo” análisis de Luz Sánchez-Mellado en el diario de Prisa sobre la buena salud de la que goza la Corona en nuestro país.

Muchos de estos periodistas de la Corte daban cuenta de que Leonor acompañaba a su padre en su discurso teniendo la misma edad que éste cuando hiciera lo mismo con su abuelo. Aquella mañana de noviembre de 1975, cuando Juan Carlos I de Borbón accedía a la Jefatura del Estado por designación de las Cortes Franquistas. Y es que, esta alumna de 6º de primaria, esta llamada - por la gracia de Franco, Juan Carlos I y Felipe VI consecutivamente - a ser la próxima Jeja del Estado, si es que el Régimen sobrevive 20 o 30 años más.

Esta aberración - plasmada en el lema de la camiseta del diputado de Unidos Podemos Diego Cañamero de “Yo no vote a ningún rey” - era la mejor muestra del carácter profundamente antidemocrático de un régimen político desligitimado a ojos de millones y sus profundas continuidades con la Dictadura.

Pero no ha sido la única estampa esperpéntica de la jornada. Se ha escuchado a Felipe VI en la tribuna dedicar una condena a la corrupción “que ha indignado a la opinión pública en todo nuestro país y que debe seguir siendo combatida con firmeza, tiene que llegar a ser un triste recuerdo de una lacra que hemos de vencer y superar”. Sin embargo, entre los ilustres oyentes estaba nada menos que Rita Barberá, sentada codo con codo con el resto de diputados del partido de gobierno.

Este circo borbónico cada vez aparece como más desconectado de sus súbditos. La abdicación del rey cazaelefantes, el retiro dorado de la hermana y el yerno real imputados por corrupción y el rol “discreto” del nuevo Monarca en los poco más de dos años en el cargo, han resguardado a la Corona de ser arrastrada por la crisis del Régimen del 78 al mismo nivel que los partidos y otras instituciones. Sin embargo, el entusiasmo popular que llenaba los actos reales antaño está totalmente ausente. Incluso el de sus señorías no ha sido precisamente muy entusiasta, con pocos y tímidos aplausos, como si todos fueran conscientes de que han salvado la crisis de gobernabilidad, pero a costa de preparar nuevos capítulos aún más inestables.

La parte más importante del acto ha estado en el contenido del discurso real. Felipe VI se ha estrenado “mojándose” más de lo que aparentemente ha hecho en estos últimos meses. Como cabía esperar, lo ha hecho para dar todo su apoyo a la salida de la crisis de gobernabilidad pactada entre los tres principales partidos del régimen. Ha saludado el pacto de gran coalición señalando que "la crisis de gobernabilidad se ha resuelto, finalmente, con diálogo, con responsabilidad y también con generosidad" y ha agradecido el que "no hay duda de que los intereses generales han estado muy presentes en su solución”. Todo un respaldo al voto favorable de Cs y la abstención del PSOE en la investudura de Rajoy. Solo le ha faltado decir “Gracias a todos, gracias Albert, gracias Susana, gracias Felipe, gracias Prisa, gracias”.

Pero además se ha querido pronunciar sobre lo que sería deseable que pasase en el próximo periodo. Ha deseado que este espíritu de gran coalición se mantenga y sea fuente de estabilidad, resaltando la necesidad de "la capacidad de llegar a acuerdos, de lograr la mayor concertación en las cuestiones básicas; y necesita el compromiso de todos con el interés general para resolver los problemas de los ciudadanos. Dignifiquemos la vida pública y prestigiemos las instituciones". En otras palabras, en lo importante -presupuestos, reformas estructurales en el mercado de trabajo, pensiones...- tiene que seguir habiendo grandes acuerdos de estado entre los principales partidos.

No podía faltar la mención a la cuestión catalana, y como viene siendo habitual en el monarca desde su entronación, el mensaje ha sido claro: que no se pase la línea roja de la Constitución del 78, es decir de “derecho a decidir” ni una coma. Con estas palabras, que incluían el único diálogo que permite la Corona y su Constitución, el de besugos, se ha referido al asunto "El respeto y observancia de la ley y de las decisiones de los tribunales constituyen una garantía esencial de la democracia; porque en un Estado de derecho la primacía de la ley elimina la arbitrariedad de los poderes públicos y asegura el ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos. Igualmente, el diálogo y el entendimiento son exigencias de cualquier régimen de libertades. Por ello, el diálogo dentro del respeto a la ley es consustancial a la democracia”.

Con un "queda inaugurada la XII Legislatura" terminaba un acto que no aporta nada nuevo, salvo que el paso al frente del Rey no quede en un discurso puntual y se convierta – si la situación lo apremia – en una involucración mayor de la Corona para apuntalar la restauración conservadora. De ser así, y eso es lo que temen los Borbones, el futuro de la Monarquía quedaría demasiado ligado a un experimento con pocas bases sólidas para poder generar un nuevo consenso reaccionario como el inaugurado en el 78.

El punto más débil de toda la jornada estuvo en lo débil de la protesta antimonárquica de los diputados de quienes se presentan como el principal partido de la oposición, Unidos Podemos. Habría que decir que el gesto de no pasar el besamanos real llega con bastante retraso. Antes nos hemos tenido que ver, en el giro a la moderación pre y post electoral de Pablo Iglesias, como le regalaba Juego de Tronos al Monarca, como se sacaba del programa toda mención a acabar con la Monarquía y como se participaba en el juego de audiencias reales después del 20D y el 26J, sin denunciar si quiera lo antidemocrático que resulta que deba ser la Zarzuela quien proponga un candidato a la presidencia del gobierno.

Pero además de tarde, la protesta ha sido cuento menos a medio gas, por decir algo. Se han negado a hincar rodilla ante Felipe, Leticia y las Infantas, pero han asistido respetuosamente al pleno y escuchado a un Jefe del Estado sin ninguna legitimidad democrática para ostentar ese cargo. Una oposición a la Monarquía que no saca los pies del plato y que se corresponde más a la de ese republicanismo de la “izquierda dócil” de la que Pablo Iglesias dice no querer parecerse, sin lograrlo.

Cuan diferente hubiera sido no asistir al pleno, como han hecho los diputados de ERC y EH-Bildu, y llamar a una movilización democrática a las puertas del Congreso, como la de la jornada de investidura, denunciando lo ilegítimo del nuevo gobierno, de la Monarquía y planteando la lucha por un proceso contituyente que acabe con esta institución y el Régimen del 78. Sin embargo, para ello Unidos Podemos tendría que ir más allá de radicalizar formalmente el discurso sin cambiar el contenido estratégico de su proyecto, la reforma de dicho régimen desde dentro, de “la ley a la ley”. Mientras así siga siendo, en el parlamento sólo veremos leales oposiciones a su Majestad como las de ayer.






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