Juventud

TRIBUNA ABIERTA/ HUELGA DE LA UNAM 1999

Federales decían "los tiraremos al mar como a los guerrilleros": testimonio del CGH de la UNAM

Testimonio a 18 años de huelga de la UNAM, desde la llamada "mega ultra" del Consejo General de Huelga.

Martes 6 de febrero | 20:18

La madrugada del 6 de febrero, mi compañera y yo fuimos a descansar un rato a la facultad de Derecho, luego de una maratónica sesión del CGH que seguía en el auditorio Che Guevara. Los gritos de un compañero nos alertaron de que estaba entrando la PFP, salí corriendo por las escaleras que dan a la entrada de la facultad, miré hacia las islas y vi un cordón enorme de esos canallas vestidos de gris, regresé a avisar a quienes aún no despertaban o que seguían incrédulos de que estuviera pasando y ya reunidos, sólo alcanzamos a llegar a la entrada de la facultad cuando un grupo de "pefepos", comandados por un antimotines encapuchado y armado, nos alcanzaron y ordenaron detenernos.

Uno de ellos portaba una cámara de vídeo, con la que nos grabó e interrogó en todo momento, así nos escoltaron hasta los autobuses que estaban en la entrada del auditorio Che Guevara, nos pusieron en fila y uno a uno nos subieron para trasladarnos. Al inicio era incierto nuestro destino, pues los encapuchados nos golpeaban y amenazaban con desaparecernos, fusilarnos y torturarnos, nos decían que tendríamos el mismo destino que los guerrilleros, que nos tirarían al mar, que nos tratarían igual que a los del 68.

Nos tenían agachados pero vi durante el recorrido mucha gente que identificaba los camiones llenos de estudiantes, escoltados por la policía y corrían hacia nosotros, gritaban, golpeaban los camiones, exigían que nos bajaran. Así llegamos a la PGR de Revolución, donde el terror psicológico continuó toda la noche.

Pasaban las horas y comenzamos a charlar entre nosotros, cada que el guardia a cargo se ausentaba pues nos mantenían sentados, agachados y de frente a la pared, sin dejarnos descansar e interrogándonos cada hora. Poco a poco fuimos escuchando un grito creciente, eran miles que se concentraban en la explanada del Monumento a la Revolución por nuestra libertad, ya envalentonados respondimos con consignas desde "el búnker", ahí se rompió el miedo que nos metieron horas antes.

Nos pasaron uno a uno al piano (toma de huellas dactilares) y nos dijeron los cargos por los que estábamos detenidos: motín, asociación delictuosa, corrupción de menores, sedición, daños a la propiedad, más lo que resulte. A algunos nos desnudaron para tomar fotos de nuestros tatuajes, pero desde donde nos hacían la ficha penal se alcanzaba a ver por una ventana los miles que estaban reunidos exigiendo nuestra libertad.

En tres días yo fui liberado, como la mayoría, pero a nuestros compañeros Ivet, Chipi Castillo, al Mosh, el Trevi y Valero, entre otros, los enviaron al reclusorio norte. Al salir libres, bajo proceso, nos sumamos a las protestas por la libertad del resto y la salida de la policía de la UNAM.

Ha pasado 18 años desde la madrugada del 6 de febrero, en que la Policía Federal rompió la huelga que miles de estudiantes defendimos durante casi 10 meses. Cursaba el primer semestre en el CCH Vallejo, venía de ser un chavo banda de un barrio en Ecatepec, que luego de abandonar los estudios había decidido retomarlos a los 21 años y así ingresé a la UNAM.

Cuando me inscribí se me hizo increíble el pago de 20 centavos, supe entonces de la importancia de la gratuidad universitaria y comencé a valorar la universidad a la que ingresaba, sin imaginarme que unos meses después la estaría defendiendo del intento de privatización dictado por el gobierno y el FMI.

Luchamos para que más banda de barrio, como yo, hijos de obreros que no podíamos costear los estudios, lográramos ingresar a estudiar. Pero la huelga no la viví en el CCH, sino en la entonces ENEP Acatlán, esto porque mi valedora del barrio estudiaba ahí y cuando estalló la huelga, en abril de 1999 yo frecuentaba por esos dias ese plantel para pasarla con ella y sus compas.

Así, un día llegué cuando se realizaron asambleas por turno, con más de 3.000 estudiantes, cada una, donde votaron ir a huelga contra la imposición de cuotas, entonces comenzó a dar un giro mi vida. La huelga era como un imán para miles de estudiantes plebeyos como yo, que nos agrupamos y participamos con entusiasmo en defensa de la huelga en una escuela conocida por su control porril y de la derecha priísta aliada con las autoridades.

Los 9 meses de huelga, los funcionarios de Acatlán confrontaron con la comunidad universitaria y tuvimos que defender el plantel desde el primer día y en los varios intentos de toma porril que organizaron contra la lucha.

En una de las entradas del plantel, donde se agrupaban grandes campamentos estudiantiles en resguardo de las instalaciones, conocí a las personas que me influenciaron al socialismo, las personas con las que durante esos casi 10 meses compartiría cobijas, comida, guardias, canciones, desvelos, charlas y brigadeos.

En la incertidumbre por los ataques del gobierno, construimos la camaradería, la solidaridad, el cariño, la amistad, la fortaleza que necesitábamos para enfrentar el día a día contra el alza de cuotas

Desde esa trinchera de jóvenes donde habíamos independientes y militantes de la agrupación estudiantil Contracorriente, colocamos una bandera pirata, con dibujo de Krusty, el payaso de Los Simpson y a partir de entonces la prensa comenzó a llamarnos Campo Krusty, en un intento por señalar figuras, grupos, criminalizarnos, en unas semanas para todo mundo éramos "los krustis".

Enfrentamos las posiciones de los "moderados", que tenían historia de vende huelgas, enfrentamos a los porros y sus tres intentos de toma, para quitarnos las instalaciones. Nuestra resistencia y delimitación política del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), hizo que el gobierno y la prensa nos llamaran "ultras", luego "mega ultras" y luego "mega, mega ultras". Ya no sabían que inventar para buscar que el pueblo repudiara nuestra combativiad.

Una ocasión, en una sesión del CGH, se nos fueron directamente a golpes los porros del equipo de fútbol americano de la Facultad de ingeniería, que no esperaban que responderíamos de tal manera, que lograríamos echarlos en medio de un plenario sorprendido, pero también enfrentamos a la Policía en la marcha del periférico, cuando atacaron violentamente a los compañeros Alejandra y Argel Pineda.

Este proceso de radicalización e independencia política de la dirección histórica perredista en la UNAM (el CEU), miles de jóvenes catalogados como "ultras", enfrentamos los ataques de los medios de desinformación, a los intelectuales orgánicos de régimen y también a los que se decían de "izquierda".

El 1 de febrero del 2000 nos llamaron de la Preparatoria 3, que era atacada por golpeadores del Estado, en compañía de incautos que por unas monedas los acompañaban, el mismo antecedente en otros planteles, como la prepa 9, ya habían sido atacados por golpeadores armados, las entradas de nuestro propio plantel era baleadas de vez en cuando por las noches y así solíamos apoyarnos entre escuelas.

En la prepa 3 nos enfrentamos por horas con los golpeadores, pero a su rescate llegó la policía capitalina y poco después la Policía Federal Preventiva, que hicieron un cerco en toda la periferia de la prepa, preparando su ingreso para detener a los estudiantes de diversos planteles que acudimos al llamado de nuestros hermanos de lucha. Esa noche muchos compas fueron detenidos y trasladados en autobuses, sólo nos salvamos de la detención algunos que quedamos al final, porque ¡se les acabaron los autobuses!

Algunos fuimos sacados del cerco por periodistas solidarios y el abogado Juan de Dios Hernández que iba y venía entre los policías intentando sacar a los más posibles. Así se preparó el golpe que terminaría con la huelga.

Con dignidad luchamos por la gratuidad de la educación, sólo con represión pudieron acabar la huelga. Mi vida y la de miles de esta generación cambió para siempre, nos integramos a la lucha social, al activismo, a la militancia.

Aprendimos a compartir el hambre, los golpes, la incertidumbre, mientras nos solidarizamos entre nosotros y como lo hicieron con nosotros miles de gentes que nos recibieron un volante, que le pusieron una moneda al bote para el fondo de lucha, que nos llevaron alimento a las puertas de los planteles en huelga, que exigieron nuestra libertad.

Muchos nos encontramos en la lucha magisterial, en Atenco rebelde, en la Comuna de Oaxaca, en la lucha por la salud. Un abrazo fraterno a todos los que siguen luchando. Respeto y memoria para los que han perdido la vida, en particular para Fabiola Raya, compañera de Contracorriente y de Acatlán.

Que la rabia nacida de esta lucha, germine en las nuevas generaciones, que continúen este camino en defensa de la universidad y nos aliente a continuar a los que como yo dejamos de militar, pero que anhelemos volver para construir la transformación radical y revolucionaria de la sociedad.






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