Mundo Obrero

NUESTRAS VIDAS, SUS GANANCIAS

Fate: los cuerpos, los días y las noches

Cómo se viven las horas y los años en la fábrica de neumáticos de una de las familias más ricas del país. Una crónica sobre sueños postergados, cuerpos rotos, pero también de ganas de cambiarlo todo.

Jueves 1ro de junio | Edición del día

Es de noche en Victoria. La ciudad se prepara para dormir, pero la planta de Fate parece no haberse enterado. Sus luces y movimientos siguen como si nada, al revés del mundo.

A pocas cuadras, tres hombres de camperas azules encaran el pasillo oscuro de una casa, mientras charlan. Desde atrás se escuchan algunas palabras. Las mismas palabras que volverán a sonar una y otra vez durante la entrevista.

  •  ¿Dormiste algo?
  •  Algo…Hasta las once y media. Después me eché otro rato.
  •  Yo también, re cortado. Tuve que llevar al más grande al médico.

    El que viene más atrás los escucha, asintiendo.

    Entramos.

    Las manos y los fierros

    Rubén se suena las manos antes de empezar a hablar. No hace falta preguntarle por qué sus compañeros le dicen “Manotas”.

  •  Entré a Fate hace 7 años, tengo 34. Venía de un taller metalúrgico, así que cuando entré a Fate deliré muchas cosas. Con el tiempo se fueron pinchando. Yo trabajo en Diagonal. Ahí tenemos máquinas semiautomáticas pero la máquina termina haciendo lo que vos le determinás. El peso lo hacemos nosotros, los movimientos continuos los hacemos nosotros. Es pesado y lo sentís.

    La del neumático es una típica industria manufacturera. Manufactura viene del latín: manus significa mano, factus hacer. Todos los días, las-manos-hacen en Fate entre 12000 y 13000 cubiertas, divididas en tres miniplantas: Diagonal, Radial Camión y Radial Auto.

  •  En el sector Diagonal trabajamos con telas engomadas, de ahí viene el nombre de Fate, cuenta Manotas. Fábrica Argentina de Telas Engomadas. Y empieza a explicar cómo se hace una cubierta. “Te baja la tela en un tambor, vos la vas trayendo, cortás la tela, se hace un cilindro, abrazás el talón con esa tela engomada, después bajás otros dos pliegos más…”

    Mientras explica mueve su cuerpo, ensimismado. “Es todo manual, lo que hace la máquina es empalmar el proceso. Siempre trabajás con el cuerpo, las posiciones”. Sus manos, y las de sus compañeros, harán esta noche 110 cubiertas.

    Aunque en algunos sectores hubo renovación tecnológica, en Diagonal las máquinas tienen más de 60 años.

    A coro, van contando. “Los primeros meses los capataces te hacen hacer extras. Muchos buscan progresar materialmente, terminar la casa o comprarse un coche, pero terminan hechos bolsas. Ya lo saben, pero no les quedan otra”.

    Así, los cuerpos y las manos van acusando recibo.

    Seba resume el parte médico, como si fuera el jefe de una guardia hospitalaria. “Tenés hernias de disco, tendinitis, codo de tenista. Yo me pongo a cebar mate y al rato me duele. Manguito rotador, que es el dolor crónico que tiene Manotas en el hombro. Cervicalgia, lumbalgia. La mayor parte de los compañeros que están afuera, y son cientos, son por hernias de disco. Tenés problemas de alimentación. La primera vez que caí a enfermería el médico me dijo: “Olvídate, este laburo te va a destruir el estómago”. Corte de falanges, tajos. Golpes hay muchos, porque es todo fierro con lo que laburás”.

    Mientras lo escuchan, Hernán y Manotas se estiran en sus sillas, se llevan la mano al cuello, muestran un tajo apenas curado. Los cuerpos hacen gestos, hablan.

    Seba termina el parte. “La otra vez terminé en la clínica que nos mandan de la fábrica. Éramos 16 chabones, 12 con ropa de Fate. Era una carnicería”.

    Lo peor de todo es que muchos prefieren “bancársela”. El consultorio puede ser un viaje hacia al despido.

  •  El otro día hablaba con un compañero del sector. Tiene un dolor en la columna pero no quiere ir al médico y que le digan que es una hernia. ¿Sabés qué pasa? Todos sabemos que ahí arranca un proceso que termina cuando te dejan afuera. Primero licencia, después reserva de puesto y como nunca te asignan tareas livianas como correspondería, en dos años estás en la calle. Encima roto.

    Los trabajadores calculan que hay cerca de un turno, 400 trabajadores, rotos. Pero de eso hablaremos en una próxima nota. Porque hoy la charla nos llevará una y otra vez al tema de los turnos rotativos. Hablemos de los días y las noches.

    La otra vez terminé en la clínica que nos mandan de la fábrica. Éramos 16 chabones, 12 con ropa de Fate. Era una carnicería

    Cuando todo gira

    Fate produce cubiertas desde 1945. Compite con multinacionales como Pirelli y Bridgestone. Pero cuando se trata de aumentar la explotación obrera, sus diferencias quedan de lado.

    En los años ’90 las empresas del neumático logran, con la venia del sindicato y el Ministerio de Trabajo, una serie de modificaciones del convenio 101/75, que llenan de “anexos por fábrica”. Aparecen las penalizaciones por incumplimiento de estándares de producción, el trabajo continuo por equipos, con turnos individuales rotativos y vacaciones fraccionadas. En 1996 Pirelli incorpora el trabajo en equipo y la jornada semanal flexible. En 1998 Bridgestone comienza a producir los 7 días de la semana, con el sistema conocido como “6x2”. En 1997 Fate introduce turnos continuos y el sistema “7x2” que liquida las extras que se cobraban al 200 % los fines de semanas y en 2002 incorpora el “premio celular” y la polivalencia.

  •  La fábrica funciona por turnos, explica Seba. 7x2, 7x2, 7x3 se llama, por los días que trabajás y los que descansás. Tenés un franco de 3 días cada 28. Vas a contramano de la sociedad. No podés programar nada. Cuando entrás te lo dicen clarito: “Acá es una fábrica para no estudiar eh…”

    Pero además de la rotación, el trabajo 7 días de corrido en una fábrica manufacturera se hace duro.

    Manotas sacude la cabeza. “Llegás al quinto día cansado, estirás el sexto y el último es como un consuelo mentiroso: solo te lo aguantás porque empieza el franco. Es como una subida”.

    Durante “la década ganada”, las patronales del neumático conservarían casi todas esas conquistas obtenidas durante el menemismo. El nuevo Convenio Colectivo acordado en 2006 por la conducción de Pedro Wasiejko (Sutna-CTA) confirmaba los anexos por fábrica, las jornadas de 12 horas y los turnos rotativos, los salarios atados a la productividad y la precarización de contratados y tercerizados.

    Por eso la productividad por hora trabajada en el neumático aumentó un 34 % entre 2003 y 2011. Ni grandes cambios tecnológicos, ni cubiertas que se hacen solas. No fue magia. El “milagro” fue sostenido mayormente por los cuerpos y los días de miles de trabajadores.

    Claro que esos golpes encontrarían resistencia. En 2007 se producía una primera rebelión obrera, que en Fate incluiría la elección de nuevos delegados de base. En 2008 se extendía a Pirelli, pero terminaría siendo brutalmente aplacada por el Gobierno y las empresas. Ese mismo año los sectores antiburocráticos recuperaban la seccional San Fernando. Tiempo más tarde, también una lista compuesta por agrupaciones de izquierda y combativas (Negra, Granate y Roja) se quedaba con el Sutna nacional.

    Durante “la década ganada”, las patronales del neumático conservarían casi todas esas conquistas obtenidas durante el menemismo.

    Toda la noche escupiendo cubiertas

    Cuando mañana por la mañana salga de la planta, Manotas tendrá que viajar una hora hasta su casa en Hurlingham. Lo estarán esperando recién despiertos su esposa, sus chicos de 9 y 3 años y el bebé de 7 meses. Los preparará para llevarlos a la escuela y verlos un rato, porque no sabe si volverá a hacerlo el resto del día. “Hay días que estás re zombi, aplastado. Al segundo día que estoy de noche empiezo con dolores de cabeza. Es automático. Aunque duerma más horas, me siento más cansado. Descansas mal y comes mal”, dice.

  •  Claro amigo, la noche se hizo para dormir, se ríe Hernan.

    Y tiene razón. El ritmo circadiano – tal como se llama científicamente – es el reloj biológico que regula las funciones fisiológicas de nuestro organismo. Controla no sólo los ciclos de sueño y vigilia, sino también procesos biológicos la función intestinal, la temperatura corporal y los procesos necesarios para reponer defensas, reparar tejidos y renovar células.

    Según coinciden distintos estudios – de universidades y hospitales de Harvard, Boston, Barcelona y Madrid – quienes trabajan por turnos y de noche pierden cinco años de vida por cada quince de jornada laboral. Además, tienen un 40 % más de posibilidades de padecer trastornos neuropsicológicos, digestivos y cardiovasculares. Las investigaciones de la Academia Argentina del Sueño arrojan que el trabajo nocturno o en turnos rotativos no solo afecta la salud, sino “también las relaciones familiares y sociales”.

  •  Te destruye socialmente, dice Seba. Vas a contramano de todos, salvo de tus compañeros de sector.
  •  Yo siento que en casa no me quieren invitar a pasear porque saben que a la noche trabajo, agrega Manotas.
  •  Te sentís un egoísta, porque tu familia tiene que girar en torno a vos. Por eso me vine a vivir solo. A mi abuela le gustaba cantar y escuchar la radio, y yo me sentía que les complicaba la vida, tira Hernán.

    Hasta la vida

    Sábado de noche en la planta de Fate. Saúl preferiría estar con su familia; sus compañeros más jóvenes saliendo con amigos. Pero ahí están. Les tocó rotar y esa noche ayudan a las líneas a escupir cubiertas. Una tras una. De pronto un grito sale de la máquina que corta los absorbedores. Saúl Romero lucha contra los fierros que quieren tragarle el brazo. Está consciente, quiere pelear por su vida y no lo piensa dos veces. Se termina de quebrar el brazo para poder girarlo junto con su cuerpo y evitar que la máquina lo atrape entero. La máquina quiere seguir produciendo. Gira, ensordecedora. El brazo de Saúl sigue dando vueltas, dos, tres, hasta que su compañero alcanza la parada de emergencia.

    Duele. Pero nadie puede olvidar el accidente de Saúl Romero en 2014.

  •  Es que trabajar de noche es más peligroso. Uno a veces tiene el día cargado y no durmió lo suficiente. Muchas veces encontrás compañeros que aprovechan una parada para dormir unos minutos y volver a la máquina, dice Manotas.
  •  La mayoría de los accidentes ocurren de noche y cuando estás terminando la rotación. La misma Fate hizo un relevamiento y le dio que se daban en los últimos días de cada turno y muchos los fines de semana, dice Seba. Pero así y todo, los capataces te apuran, apuran a los mecánicos que están arreglando una máquina, no se respetan las paradas de seguridad. Los “accidentes” no son solo por los ritmos sino por la negligencia de la empresa. Por eso cada vez que ocurre uno hay una solidaridad muy grande. Y un odio también…

    Manotas mira el piso, quizá repasando imágenes que le quedaron grabadas. “Cuando pasa un accidente muy grave se siente en el ambiente, ¿sabés? Vos seguís trabajando y es como si la imagen la hubieras visto, aunque estabas en otro sector. Como si hubieras visto y escuchado todo”.

    Según estudios de las propias aseguradoras, el riesgo de accidentes en trabajadores a turnos o nocturnos es 2,1 y 1,9 veces mayor, respectivamente, en comparación con los trabajadores de día.

    Cuando pasa un accidente muy grave se siente en el ambiente, ¿sabés? Vos seguís trabajando y es como si la imagen la hubieras visto

    El nuevo turno: ¿mejor para quién?

    Hace algunos meses, Fate cambió uno de sus tradicionales turnos. Con la presión de la “crisis de producción” que difundía la empresa y su deseo de no trabajar los domingos, los trabajadores de Diagonal aceptaron un nuevo sistema, aprobado por la seccional sindical. Dos semanas de mañana, trabajando seis días y descansando uno. Dos semanas de tarde con el mismo esquema; y dos semanas de noche trabajando cinco y descansando dos días.

    Manotas pide atención. “Mirá lo que te digo, antes tenía más recuerdos del franco. Eran dos días, a veces tres o más. Ahora descansás un día. Y se produce más. Yo lo calculé. Se está produciendo un 40 % más. Antes se hacía, por turno, un promedio de 60 cubiertas, ahora se están haciendo 100, hasta 110”.

    Y sigue. “Te dicen que se está cobrando igual, pero se cobra menos en realidad: porque vos trabajás más días, producís más y la empresa está ganando más. Es sencillo…”

    Sus ganancias

    Hace algunos meses la Revista Mercado publicó una edición especial con las 1000 empresas líderes. El Grupo Madanes, propietario de Fate y Aluar, figura en el número 19 en el ránking de los grupos empresarios que más ganaron. Sus ventas fueron 5 mil millones de pesos superiores al año anterior, un 50 % más. Solo Aluar tuvo ganancias, en este caso según el diario La Nación, por $ 869 millones.

    En esa revista, Fate figura en el número 213 de las más grandes empresas del país, con ventas por $ 3.550 millones, casi 500 millones más que el año anterior.

    Semejantes ganancias permitieron a Javier Madanes Quintanilla ingresar a la lista de los 15 argentinos más ricos según la revista Forbes.

    ¿Qué hacen los Madanes con su fortuna? Bueno, entre otras cosas fugarla del país. Según las escandalosas revelaciones conocidas como Panama Papers, entre los políticos y capitalistas sospechados de lavar dinero y evadir impuestos, figuraban varios integrantes de la familia Madanes.

    Pero el camino preferido para defender sus ganancias – además de la brutal explotación de sus trabajadores – ha sido una excelente relación con los poderes de turno. Quizá la más beneficiosa fue aquella que le permitió la estatización de su deuda privada por parte de la dictadura militar, en 1982. Fueron 223 millones de dólares que pagó el pueblo argentino.

    Nuestros cuerpos, nuestros días

    Desde la Lista Granate comenzaron, en las últimas semanas, a difundir la campaña "Nuestras vidas valen más que sus ganancias". Como parte de ella, vienen impulsando además la pelea por la reinstalación de los trabajadores que quedaron “en reserva de puesto” luego de haber sufrido accidentes o enfermedades laborales dentro de Fate.

    La charla va llevando. Los cuerpos rotos, los días zombis, las cubiertas que pasan para acá y los dólares para allá. ¿Qué les parece la propuesta que está difundiendo la Granate y el Frente de Izquierda, de trabajar 6 horas, 5 días, cobrando como mínimo una canasta familiar?

  •  Cae bien, dice Manotas. Algunos compañeros lo ven utópico. Pero yo les digo: ¿Utópico? Pero si vos resignás tu descanso para trabajar más, ¿por qué no se puede ’resignar’ ganancias para que descansemos nosotros y se generen más puestos trabajo? Al reducir las horas te genera otro ritmo de vida, para hacer otras cosas.
  •  Y te digo una cosa: yo siempre pensé eso de trabajar seis horas. Por eso cuando entré no hacía horas extras, porque pensaba que esas cuatro horas que yo hacía podía trabajarlas otro. Pensaba en mi cuñado, que siempre le costaba conseguir laburo, vivía de changas; entonces yo pensaba que si hacía 4 horas, le estaba sacando la posibilidad de que entren otros a trabajar.

    Hernán piensa en el tiempo que ganaría. “A mí me cabería estudiar. Me gustan las leyes, estudiar abogacía, aprender a defender a los más vulnerables. Siempre quise hacer eso, pero con este laburo es imposible”.

    Yo siempre pensé eso de trabajar seis horas. Por eso cuando entré no hacía horas extras, porque pensaba que esas cuatro horas que yo hacía podía trabajarlas otro.

    Seba lo escucha. “Fate es como una fábrica de sueños postergados. Por eso, ese sentido común tenemos que darlo vuelta. Se puede ganar tiempo y calidad de vida, pero para eso hay que cuestionar las ganancias de los capitalistas”.

  •  Más tiempo para vivir, vivir – vuelve Hernán, remarcando cada palabra. Vi…vir. Tiempo para descansar, para ir al gimnasio, para estar con tu chica, con tu vieja, para estudiar, para lo que sea.

    Se miran y asienten. Entonces recuerdan a “los viejos”, sus compañeros de fábrica. “Llegan hechos bolsa, partidos. A veces uno se entera que al poco tiempo de jubilarse se mueren. ¿Cuánto pudieron disfrutar después de 35 años de fábrica? Por eso cada vez que nos enteramos nos concentramos en el centro de la planta y hacemos un minuto de silencio”.

    Manotas se llena de rabia. “Yo les diría: 30 años ya trabajé, cuánto más me querés exprimir, mirá mirá – alza la voz señalándose las venas que se le hinchan en sus brazos – no vez que no me sale más. No solo queremos recuperar horas, queremos vivir mejor los últimos años de tu vida”.

    La charla termina. Hay que entrar a la fábrica que se desvela mientras Victoria duerme. Caminan hacia el portón. Van charlando, tirando ideas, no pueden callarse. Es que más allá de las broncas que cantan, están convencidos de que vale la pena dedicarle tiempo a cambiar esas cosas. Que sus cuerpos, sus días y sus noches valen más que las ganancias de los empresarios.








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