TRIBUNA ABIERTA

Falsas dicotomías, círculos y paradojas

En estas líneas quisiera señalar algunas características del lugar específico que ocupan los varones trans en la Argentina o, mejor dicho, el no lugar.

Miércoles 16 de agosto de 2017 | Edición del día

En nuestro país, con frecuencia parecería que ser “trans” es ser travesti o mujer trans, y ser “varón” es ser cis*.

Si esto es así, entonces bien puede surgir la pregunta: ¿y los varones trans? Bueno, en general, ni las investigaciones académicas, ni las políticas públicas ni las iniciativas del activismo reconocen a los varones trans.

Al mismo tiempo, quienes promueven dichas políticas e iniciativas son sumamente reacixs a revisar tanto los compromisos teóricos sobre los que se afirman sus afirmaciones como los universos de discurso que suponen. En concreto, no tienen interés en considerar la(s condiciones de) existencia de los varones trans, y no suelen recibir bien las críticas. Un esquema simplificado de las dinámicas de exclusión se podría organizar a partir de una serie de tesis escépticas:

No es que excluimos a los varones trans, sino que:

(1) Los varones trans no existen.
(2) Si existen, no son visibles.
(3) Si son visibles, no tienen trayectoria ni fuerza política propia.
(4) Si tienen trayectoria, no son suficientes.
(5) Si son suficientes, no tienen demandas atendibles (son privilegiados).
(6) Si tienen demandas atendibles, no son moralmente buenos.

Esta última tesis se asocia, justamente, a la crítica. El activista e investigador argentino Mauro Cabral, retomando los aportes de Sara Ahmed, sostiene que cuando los varones trans señalan un problema, inmediatamente pasan a ser vistos ellos mismos como el problema. Para ellos, puntualizar los problemas vinculados con su borramiento suele traerles aparejadas consecuencias negativas: pasan a ser vistos como personas problemáticas… y esto funciona de manera circular porque, con ese carácter, ¡qué bueno que los excluimos en primer lugar!

Para pensar en cuestiones vinculadas con el trabajo, cabe señalar que a la fecha, en Argentina no hubo ni una sola política destinada a la población de varones trans. Sí existieron políticas dirigidas a la población de travestis y mujeres trans. De hecho, todas las políticas existentes se restringieron a esta porción del colectivo, aunque, no obstante, se presentaron como sumamente inclusivas y para todxs.

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Es decir, se enunciaron como universales aunque se dirigen a un segmento específico y bien delimitado. Incluso en las instancias de reglamentación de políticas que podrían ser abarcativas, a menudo se insiste en priorizar a travestis y mujeres trans sobre la base del supuesto privilegio masculino de los varones trans. Esta invocación puede resultar llamativa, entre otras cosas porque se trata de una afirmación fáctica que no tiene respaldo: en nuestro país no se han desarrollado estudios empíricos aplicados sobre la población de varones trans que puedan ofrecer una base a la justificación.

Sólo casos aislados han incluido (en una mínima proporción) población transmasculina, y con una selección poco representativa en términos demográficos. Sin embargo, esta falta, lejos de ser entendida como un marcador de desinterés, asimetría o incluso violencia de género, funciona como respaldo y justificación de (más) desinterés, asimetría y violencia de género.

Blas Radi es activista e investigador trans. Fue parte del Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, trabaja en el Observatorio de Género en la Justicia de la CABA y es docente en la Facultad de Filosofía y Letras. Muchos de sus trabajos se pueden encontrar acá https://www.aacademica.org/blas.radi

*Cis: toda persona que no es trans







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