Facundo Manes: marketing político neoliberal en clave de neuromanía

Cambiemos lanzó al neurólogo como principal candidato en la PBA para Octubre. Un recorrido por la particular construcción de su figura y sus fuentes ideológicas.

Juan Duarte

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Miércoles 24 de mayo de 2017 | Edición del día

El pasado lunes, durante la cena anual de recaudación de fondos de la fundación Conciencia en el hotel Hilton, el macrismo reveló por boca de Esteban Bullrich el nombre de quién será la principal espada de Cambiemos en las estratégicas elecciones de Octubre en la estratégica provincia de Buenos Aires. Facundo Manes encabezará la lista de diputados, acompañado por la titular de Acumar, Gladys González, y probablemente por el mismo ministro de Educación.

La jugada ya aparecía como posibilidad en el horizonte desde el momento en que Vidal creo especialmente una oficina a medida para el lanzamiento del presidente de la Fundación Favaloro, bajo el pomposo nombre de Unidad de Coordinación para el Desarrollo del Capital Mental de la Provincia de Buenos Aires. Organismo más definido por la orientación meritocrática neoliberal que denotan las palabras “Capital” y “Mental” que por su funciones (un participante de la primera reunión convocada por el médico no ocultó su fastidio por la ausencia total de un plan de trabajo, aunque en estricto off the record). Vidal lo ubicó como asesor ad honorem de la unidad fantasma, al tiempo que le permitió emplazar a Mateo Niro, licenciado en letras especializado en sociopolítica y coautor de sus dos libros en el cargo de subsecretario de gestión y difusión del conocimiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, bastión radical en la provincia.

Manes juega por ahora en el radicalismo bajo el ala de Sanz, aunque a nadie escapa que sus ambiciones políticas corren a la par de su nivel de exposición, y cuenta con una capital mediático que le otorga juego propio.
¿De dónde viene ese capital?

La candidatura de Manes es a la vez el inicio de una carrera política en la gestión burguesa, y el fin de una construcción de marketing político particular que conjuga fenómenos globales y locales cruzados por la crisis del 2001 y la reconstitución del régimen político. Si, como se ha dicho, Macrismo y Kirchnerismo constituyen “astros gemelos” nacidos como vías de solución por arriba a la crisis del régimen de 2001, la construcción de la figura de Manes supo sacar provecho de las órbitas de ambos. ¿Pero cómo?

La franquicia argentina de una corriente promovida desde los centros imperialistas

En 2001, La Nación presentaba a un Facundo Manes de 33 años como un “neurólogo con diploma de Cambridge”, parte de un grupo de jóvenes “al nivel de los que manejan el mundo”, formado por empresarios ejecutivos recibidos en universidades como Harvard, con lazos con la UPAU (la juventud de la conservadora UCEDE) que habían fundado, 1810, un “partido para que se vayan todos”. En ese momento, el candidato de Cambiemos planteaba que “Duhalde –por ese cultura barrial. (La clase política) es gente muy limitada, no entiende el pensamiento de un yanqui. Cree que lo va a seducir con una chicana barrial. Hay que conocer el mundo.”

1810 era ambicioso. Según la tribuna de doctrina conservadora, la primera acción política del grupo fue enviar una carta al –en ese entonces– presidente de los Estados Unidos (George W. Bush) pidiéndole “que no aprobara envíos de dinero a la Argentina mientras ésta no completara las ‘reformas estructurales’ pendientes que exige el Fondo Monetario Internacional, especialmente la reducción del gasto público y la reforma política.”

Como estará pensando el lector, se trata un programa no muy diferente del que intenta llevar adelante Macri toda vez que la relación de fuerzas sociales se lo permite. El radicalismo de Manes tiene esa matriz. Pero es en la referencia al “mundo” donde está la clave de su legitimación política: la figura del “neurocientífico” sobre la que Manes se monta para visitar asiduamente el prime time de la radio y la televisión es parte de un fenómeno mundial. Se trata de la constitución de un discurso biologicista promovido en la última década como megaproyecto tecnocientífico (con fondos de más de 6 billones de dólares entre el proyecto BRAIN en EE. UU., y el Human Brain Proyect en la UE) impulsado por los grandes gobiernos imperialistas con fines tanto económicos (reactivar áreas económicas clave como la computación y la industria farmacéutica), sociales (abonar una ideología neoliberal e idear modos de control biopolítico) y político/estatales (conocimientos y tecnologías al servicio del sector militar).
Apoyados en ciertos innegables avances en el conocimiento del cerebro, el discurso neuro plantea la promesa de resolver mediante esta disciplina, en clave biologicista, los problemas de la psicología y, al modo del conductismo, de la sociedad misma (proclamando como "década del cerebro" a los 90, y "de la mente" a los 2000). En un mismo movimiento, busca promover la medicalización creciente de la vida y la legitimación para políticas neoliberales, por ejemplo en educación.

La astucia o la apuesta de Manes ha sido la de montarse en los recursos de esta corriente, de la mano de multimedios como Clarín, La Nación y grandes editoriales, para construir una figura política legitimada en un discurso pretendidamente científico. De ciencia, poco y nada. Se trata –como ha señalado el neurobiólogo Steven Rose– de una “tecnociencia”: fusión de ciencia y tecnología, inseparable de la matriz neoliberal, y de una ideología reaccionaria propia del discurso burgués liberal del siglo XIX, que en Manes encuentra su cifra en la figura de Sarmiento y pasa por Milstein y Favaloro hasta llegar a él mismo.
Es tan extendido el fenómeno que ya existen estudios académicos sobre este proceso de legitimación, puntualmente alrededor de su figura en nuestro país. Ya pueden leerse trabajos académicos sobre el capusottiano programa de televisión de Manes Los enigmas del cerebro, o sobre el rol de la sección de ciencia de La Nación en la promoción del discurso neuro.

Es desde allí que el neurólogo oriundo de Salto fue construyéndose una imagen, que incluyó dos libros, Usar el Cerebro y El cerebro argentino, que combinan una estrategia de marketing de la neurociencia, mezcla de cientificismo ramplón, observaciones de sentido común, citas literarias y comentarios propios de la literatura de autoayuda.
A nivel ideológico se trata en muchos casos de una vuelta a tópicos biologicistas reaccionarios decimonónicos como cobertura para posiciones conservadoras. Machistas por ejemplo: Para Manes, “existen diferencias en la anatomía cerebral entre hombre y mujer que sugieren que el sexo influye en la manera en que funciona el cerebro”. Existiría un “cerebro femenino” y uno “masculino”, por lo que ciertas funciones cognitivas y la manera de procesar la emoción de cada género serían innatas. La respuesta última estaría dada por la evolución biológica (¡pobre Darwin!): “En tiempos remotos, los hombres cazaban y las mujeres juntaban los alimentos cerca de la caza y cuidaban a los niños. Las áreas del cerebro pueden haber sido moduladas para permitir a cada sexo llevar a cabo su trabajo”.

Una corriente ideológica con raíces en el ciclo kirchnerista

Por otro lado, este recorrido solo tiene un punto de llegada con el macrismo, y recorrió todo el ciclo kirchnerista. El hecho de que el puntapié inicial para el salto de Manes al conocimiento público haya provenido de haber dirigido la operación del hematma subdural de Cristina Fernandez de Kirchner es sintomático. Tanto la corriente de las neurociencias en nuestro país, como la figura de Manes se construyeron durante todo el ciclo kirchnerista con una fuerte inyección de fondos públicos en universidades, institutos y equipos de investigación y organizaciones no gubernamentales que funcionaron como propagadoras de la “neuromanía”, con figuras como como Diego Golombek –hoy devenido asesor de Macri– como estandarte. Otra pieza clave que recorrió paralelamente ambos ciclos, desde un lugar distinto pero complementario es la de Lino Barañao, promotor de la neuromanía, hoy ministro de ciencia de los gobiernos kirchneristas y hoy ministro ajustador del macrismo.

Como señalábamos hace unos años, cuando empezaba a despuntar esta figura prometeica de las aspiraciones históricas del liberalismo burgués autóctono, “La figura del candidato Manes constituye uno de los casos en que las políticas burguesas se visten con un traje ideológico a medida.” En estas elecciones, será el Frente de Izquierda, con la candidatura de Nicolás del Caño, el encargado de desnudar los intereses reaccionarios detrás de la apuesta de Cambiemos.







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