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INFORME FISCAL

FMI: recetas fracasadas para un mundo con la productividad estancada

Ayer se publicó un informe fiscal realizado por el Fondo Monetario Internacional donde se reconocen significativas transformaciones en la economía mundial que deberían ser acompañadas por un mayor protagonismo de las políticas fiscales y una modernización del sistema tributario.

Guadalupe Bravo

@GuadaaBravo

Miércoles 19 de abril | 23:22

“La economía mundial está transitando grandes transformaciones, entre las que se incluyen una desaceleración de la productividad, cambios tecnológicos y un proceso de integración de la economía mundial.”

Así comienza el resumen del Monitor fiscal realizado por el organismo liderado por Christine Lagarde, un reporte que plantea la necesidad de aumentar el protagonismo de las políticas fiscales para impulsar el crecimiento económico.

Este informe se publica un día después de conocidas las perspectivas económicas para América Latina, acompañadas por sugerencias de reducción del gasto y pronósticos de crecimiento económico ajustados a la baja.

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“La política fiscal tiene que adoptar un mayor protagonismo para promover un crecimiento sostenible e inclusivo”, sostiene el reporte del FMI que se presenta dividido en dos partes principales.

Una de ellas destinada a describir la posición fiscal de los países avanzados y emergentes, donde se remarca que debido a la creciente incertidumbre mundial que “tiñe las perspectivas económicas y las limitaciones de las cuentas públicas, es preciso entender y gestionar mejor los riesgos.”

Ajuste administrado para atravesar las turbulencias

Bajo esta óptica que propone una gestión mejorada de la aplicación de políticas fiscales, incluso cobrando mayor protagonismo que las monetarias altamente utilizadas para buscar salir de la crisis iniciada en 2008, el FMI sostiene que la herramienta fiscal podría promover un crecimiento inclusivo, y contribuir a estabilizar la economía, en particular durante recesiones profundas.

Para el organismo la política fiscal debe ser contra cíclica en general, aunque admite combinaciones según las necesidades y comportamientos de cada economía, como el caso de Japón. Propone para la zona euro una “posición fiscal agregada un poco más expansiva este año”, mientras en un extremo opuesto para el organismo están “las economías con escasos recursos ociosos e indicios de presiones inflacionarias, que deberían retirar las medidas de estímulo fiscal para reconstruir las protecciones.”

Si miramos el caso de Argentina, la presión que realiza el FMI para reducir el déficit fiscal está en marcha y va en línea de continuidad con profundizar el recorte del gasto en los próximos años, siendo contradictorio que estas medidas de ajuste logren impulsar el crecimiento. En realidad, el resultado es el opuesto.

Mientras para países como Estados Unidos, donde el FMI sostiene que la economía está próxima al pleno empleo, “la consolidación fiscal podría comenzar el próximo año con miras a una fuerte reducción del endeudamiento”.

Sobre China el organismo aconseja que “dados los niveles sólidos de empleo y el repunte esperado de la inflación, el déficit fiscal “aumentado” debería disminuir a mediano plazo para permitir el reequilibrio de la economía, de modo que se reasignen los recursos fiscales de inversión pública extrapresupuestaria a partidas de gasto presupuestadas con destino a asistencia social, educación y salud.”

El aumento de la productividad como prioridad

Finalmente, el organismo da sus fundamentos sobre la necesidad de modernizar el sistema tributario para aumentar la productividad de los "factores".

Digamos de paso que hablar de "factores" es una forma de ocultar las relaciones sociales capitalistas. Nada casual en momentos que el "factor" capital, es decir los empresarios, es el que invierte escasamente, una de las razones por la cual no aumenta la productividad.

Dentro de la lógica del organismo un postulado clave es que los países serán beneficiados en términos de PBI si logran una asignación más eficiente de recursos entre las empresas, que se expresen en mejoras de productividad.

Eliminando supuestas distorsiones, el FMI estima que las mejoras de productividad podrían “aumentar las tasas de crecimiento anual del PIB real en aproximadamente un punto porcentual durante 20 años.”. Creer o reventar.

La receta mágica del organismo es modernizar el sistema tributario en cada país para que las “decisiones que tomen las empresas obedezcan a razones comerciales, y no tributarias.”.

El FMI explica que “minimizar los tratamientos tributarios que discriminan entre tipos de activos de capital y de financiamiento puede ayudar a inclinar las decisiones de las empresas hacia inversiones que son más productivas, en lugar de inversiones con más ventajas tributarias.”.

Y propone la aplicación de un impuesto sobre flujos de efectivo o una desgravación para el sistema de capital corporativo, que admite deducir de impuestos la tasa normal de la rentabilidad del capital.

Argentina, que bajo el gobierno macrista pretende ser un buen alumno y ha posibilitado la primera visita formal de la presidenta del FMI en diez años, avanzó en buscar formas para aumentar la productividad: son los acuerdos flexibilizadores que atacan las condiciones laborales como el alcanzado en Vaca Muerta para los hidrocarburos no convencionales o en la rama de las automotrices.

Lo probado de estas recetas no tan nuevas del FMI es que aumentan el margen de ganancia de las empresas a costa de implementar ritmos que atentan contra la salud de los trabajadores, flexibilización y precarización laboral. Lo que no se garantiza es que frente a esta nueva oportunidad de aumentar la ganancia se llegue a un mayor crecimiento económico.






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