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Expo Empleo Joven 2017, una "fiesta" de precarización laboral para la juventud

La exposición se realizará en La Rural los días 30 y 31 de mayo. ¿Oportunidades laborales o fiesta de la precarización?

Martes 30 de mayo | 09:16

Abierta a la participación de jóvenes de entre 18 y 29 años y organizada por la Dirección General de Políticas de Juventud, la presentan como una gran oportunidad para que los más jóvenes consigan su primer empleo o accedan a uno mejor. Es una convocatoria organizada por el Gobierno PRO y 200 empresas de “primera línea”.

Según las campañas publicitarias a las que nos tiene acostumbrados el PRO, la “expo” sería una más de todas esas maravillosas iniciativas institucionales que nos insertan en un mundo, un país y una ciudad cada vez “mejores”. Pero detrás del mundo de fantasía que venden, aparecen las sorpresas amargas que seguramente muchos amigos, familiares o conocidos ya han transitado. En este caso se ofrece bajo el eufemismo de una “rica experiencia laboral”.

“Talento, sueños e inserción”

Según Diego Santilli, vicejefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, "En esta oportunidad habrá 200 empresas líderes en búsqueda del talento de nuestros jóvenes, que podrán concretar su sueño de insertarse en el mundo laboral". Lo único atendible de toda la frase quizá sea la idea de “inserción”, ya que las empresas como McDonald’s son especialistas en ofrecer trabajos basura para infinidad de jóvenes que se acercan buscando una puerta de ingreso al mercado laboral. Una “inserción” que para la gran mayoría es parcial, precaria y con fecha de vencimiento.

Para los jóvenes, los trabajos que se ofrecen se caracterizan por la mayor inestabilidad, y por más que Santilli hable de “talento”, el ambiente al que se arroja a los nuevos integrantes del mercado laboral es el del carrerismo y la competencia entre pares. En todo caso la lógica del mercado buscará desarrollar el talento de “pisar cabezas”. Parece muy difícil alentar la imaginación y la capacidad creadora haciendo hamburguesas o limpiando baños.

¿Ni estudiar ni trabajar?

Así la “Expo”, que se presenta como una propuesta salvadora, se basa en una premisa impuesta por el sistema capitalista como “natural”: que no hay trabajo para todos y que tenerlo es, incluso, un privilegio. El sentido común que han logrado establecer tanto empresarios como gobiernos es que el que empieza a trabajar, en general paga “derecho de piso”. Por eso para los jóvenes la situación se complica aún más, ya que la precarización y la desocupación afecta a gran parte de los que recién comienzan a buscar trabajo. En algunos casos, luego de varias experiencias frustradas, muchos dejan de buscarlo. Una parte de ellos, producto de la falta de recursos tampoco pueden sostener el costo de una carrera, terciaria o universitaria, y pasan a formar parte así de los llamados “ni-ni”.

Según un informe publicado en octubre de 2016 por la agencia Adecco, - que por cierto, es beneficiaria directa de la precarización laboral y los contratos basura-, en Argentina hay más de un millón de jóvenes que ni estudia ni trabaja (ni-ni). Y de ese número, "hay más de 700.000 que ni siquiera están intentando insertarse en el mercado laboral".

Es sobre esta realidad que las empresas vienen a ofrecer empleo a la “Expo”. La necesidad de millones de jóvenes de acceder a un trabajo que les permita tener unos pesos de más, cubrir sus estudios, darse un gusto, o incluso ayudar con la economía familiar, es el gran público cautivo de la expo.

El Estado promoviendo los empleos chatarra

En su momento, Nicolás del Caño ya había denunciado el lanzamiento del “Plan Primer Empleo”, que presentado por el gobierno PRO, vendía una supuesta inserción en el mercado laboral para la juventud, apoyado en la misma lógica de promoción del empleo a través de acuerdos con grandes empresas.

¿Cuál era el negocio detrás de dichas “buenas intenciones”? Incentivos económicos a la empresa de los “arcos dorados” para que contratara a 5 mil jóvenes de entre 18 y 24 años por sueldos de apenas $ 4.500. El Estado pondría $ 1.000, alivianando la “tremenda” carga de la multinacional. Por si fuera poco, el Estado se comprometía a perdonar las deudas y multas referidas a la contratación de trabajadores en negro de 5 años a esa parte. El proyecto, luego del paso por algunas comisiones, quedó “cajoneado”, pero mostró de cuerpo entero qué tipo de política de inserción laboral promueve el Gobierno de los CEO, apoyado en el entramado jurídico y en la práctica los gobiernos anteriores que hicieron de la precarización y los contratos basura una práctica usual. Sin ir más lejos, en Argentina, el Estado es uno de los principales precarizados del empleo, llegando los contratados de diverso tipo a representar el 70 % del personal de algunos ministerios públicos.

Nuestra vida vale más que sus ganancias

Para millones de jóvenes, la búsqueda laboral, los ritmos agotadores, las condiciones en las que se trabaja, y la posibilidad de permanencia en un mismo trabajo ocupan gran parte de sus preocupaciones cotidianas. Es la realidad de la gran mayoría. Quizás, sólo para algunos pocos que pueden realizar sus estudios universitarios o terciarios con el apoyo financiero de sus familias, la preocupación por el sustento se hace esperar un poco más. Pero al fin y al cabo, la sensación de inestabilidad y de depender de la buena voluntad de la gran empresa que te contrate, es una constante.

La campaña que venimos desarrollando desde el Frente de Izquierda, por la reducción de la jornada laboral a seis horas, cinco días a la semana, con sueldos que no estén por debajo del costo de la canasta básica familiar, contempla esta realidad. A su vez, planteamos que se implementen becas integrales de $ 11.500 pesos -el valor de media canasta- para que cualquiera que quiera estudiar pueda hacerlo y que nadie tenga que abandonar.

Si se repartieran las horas de trabajo, nadie se quedaría sin empleo, y nadie dejaría la vida en los laburos. Eso sí, los impulsores de la Expo Empleo Joven estarían más que preocupados. Es que para implementar esta propuesta hay que ir directamente contra sus intereses. Es una disputa. Nosotros creemos que nuestras vidas valen mucho más que sus ganancias.








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