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Exigen un cupo laboral para personas trans en la Universidad Nacional de Córdoba

Julia, Daniela y Victoria son estudiantes trans de la UNC. Ellas se vienen organizando para presentar un proyecto de inserción laboral para la población trans en la universidad.

Martes 16 de agosto de 2016 | Edición del día

Actualmente las personas trans que pueden terminar sus estudios secundarios y acceder a la universidad son muy pocas. Ya sea por la discriminación existente, por la falta de una educación sexual integral o la ausencia de medidas de parte de los gobiernos, la población trans sigue sin poder acceder al derecho a la educación. Sin embargo, en la Universidad Nacional de Córdoba, calculan que decenas de estudiantes universitarias son trans y presentan problemas para poder continuar sus estudios como la falta de acceso a un trabajo.

Desde hace varios meses, estudiantes trans, activistas y diferentes organizaciones se vienen reuniendo para elaborar un proyecto que plantea un cupo laboral para personas trans dentro del sector no docente de la universidad. Este proyecto fue discutido junto a la Gremial San Martín que aglutina a las y los trabajadores no docentes de la universidad y cuenta con su apoyo.

La Izquierda Diario entrevistó a tres de las estudiantes trans que se vienen organizando por este reclamo: Julia es estudiante del Cuarto Año de la Licenciatura en Computación de la Facultad de Astronomía, Matemática, Física y Computación (FAMAF). Daniela es estudiante del Quinto Año de la Licenciatura en Psicología. Victoria es estudiante de la Licenciatura en Trabajo Social y está a punto de arrancar la tesis de dicha carrera.

Daniela comentó que “yo creo que muchas de mis compañeras no conocen lo que es un recibo de sueldo, no tienen obra social, muchas de nosotras ejercemos el trabajo sexual, tenemos muy baja calidad de vida y muchos problemas para cursar, para acceder a la salud. Yo creo que un trabajo, aparte de dignificar a la persona, vendría a ayudarnos a cumplir con las necesidades básicas como alimentarnos. Podríamos mejorar también nuestra calidad de vida, nuestra salud, tener una obra social, nuestros aportes. Podríamos proyectarnos en una jubilación o podríamos empezar a pensar cosas que antes eran impensables. Nosotras tenemos todos los sueños trabados hasta cierto punto y no podemos avanzar. Un cupo laboral trans va a impulsar un crecimiento personal de cada una de nosotras”.

Victoria agregó que “el cupo está pensado no solamente para las y los que estamos, sino también para las y los que ingresan. Vamos a dejar de ser las peluqueras, las cosmetólogas, las que hacen shows, las costureras y las trabajadoras sexuales. Ese fue el único espacio público que nos dio la sociedad. En ese sentido, nos vamos a encontrar en un futuro con una Licenciada en Computación, con una Licenciada en Psicología, con una Licenciada en Trabajo Social” como en otras carreras. Este proyecto, según la activista, “también va a generar la visibilización de nosotras y que estamos, existimos, somos parte de la universidad y que vamos a seguir siendo parte toda la vida, por suerte. Es una forma de discriminación porque hay que llegar hasta este recurso para generar acceso a un derecho que es un derecho humano.”

Igualdad ante la ley no significa igualdad ante la vida

Hoy, las personas trans tienen leyes conquistadas como la Ley de Identidad de Género a nivel nacional o una ordenanza previa que, en el ámbito de la Universidad Nacional de Córdoba, permitía que las personas trans fuesen inscriptas o pudieran cursar según su identidad autopercibida. Pese a estas conquistas, las y los trans siguen encontrando discriminación no sólo para acceder a un trabajo sino dentro de la misma institución universitaria.

Ejemplo de esto es lo que Victoria sostuvo al afirmar que “hace dos meses, en una clase de 200 alumnos y alumnas, una docente estaba dando una clase y de repente yo opino, porque me gusta opinar en clase. Cuando se va a referir, en buen sentido, al comentario que había hecho con respecto a un tema en particular dice ’así como dice el compañero’. Entonces, agarré, me levanté, paré la clase y le dije ’mire, con todo el respeto, hay una ley que me ampara, si usted no me respeta, yo la voy a denunciar.’ Obviamente la docente se retractó, me pidió disculpas y quedó como que no pasó nada pero en realidad sí pasó. Realmente no hay formación, creo que muchos docentes de nuestra facultad no tienen formación”.

La joven sostuvo que “todos pensamos que la escuela de trabajo social es muy abierta, muy open mind y es bastante contrario en algunas cosas. Hasta la actualidad, yo sigo percibiendo discriminación por docentes. En mi caso particular, dejé de ser su objeto de estudio, soy un par y esto genera disputas”.

Antes de estudiar Trabajo Social, Victoria estudió Medicina. Ella sostuvo que allí era “lo peor de lo peor, de lo peor. Recuero que cursaba en las baterías B y recuerdo que en el ingreso, había un par de pibas sentadas en el piso y justo salgo yo al recreo a fumar un pucho y dicen ’ay mira, mira el trava, mira al travesti.’ Yo agarré, me remordí por dentro y no dije nada. Imaginate, primer año de la universidad. No tenía el empoderamiento que tengo ahora.

Sobre la violencia transfóbica en la universidad, Daniela señaló que “en mi caso, tuve una clase de Comunicación y la profe preguntó a todos ’¿Qué es Florencia de la V chicos? ’ Nadie quería responder. ’Es un hombre’ dijo una compañera. ’Sí, es un hombre y por eso causa ese efecto en tal estudio’ sostuvo la docente. Que lo haya dicho para dar un ejemplo en clase, eso lastimó o hizo mucho ruido. Yo creo que debería haber más formación en género a los docentes y a los alumnos”.

La activista señala que la discriminación no sólo se da con las y los docentes, sino también con otros estudiantes, “Mis compañeros tienen como mucho miedo al qué dirán o a que los señalen por hablar conmigo. Hay hombres que sienten que pierden su masculinidad por hablar con una trans o por ser amigos de una trans o por invitar a una trans a un bar a tomar algo y me parece que no es así”.

En este sentido, Julia, recordó que “Al menos yo con los docentes no tuve discriminación en FAMAF. No quiere decir con eso que no haya discriminación. Vos por ahí pasas caminando y sentís el cuchicheo por ahí”.

En octubre pasado, la Universidad Nacional de Córdoba aprobó una resolución (RHCS 1011/2015) denominada “Plan de Acciones para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia de Género en la UNC”. Este plan cuenta con numerosos cuestionamientos de estudiantes que fueron víctimas de violencia de género y no encontraron ninguna respuesta. Ellas denuncian que dicho plan fue mal implementado y la Defensoría de la Comunidad Universitaria que debería realizar acciones, no tomó ninguna medida. De la misma forma, las personas trans siguen sin encontrar las medidas necesarias de parte de la gestión universitaria para terminar con la violencia transfóbica en el ámbito universitario.

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El proyecto por un cupo laboral para personas trans cuenta con numerosas adhesiones de diferentes organizaciones de la diversidad sexual, estudiantiles y políticas. Tal es el caso de la Secretaría de la Mujer y LGTBI del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Humanidades impulsada por Pan y Rosas y la Juventud del PTS. Desde este espacio propusieron impulsar una gran campaña para conquistar este derecho, con presentaciones en diferentes consejos directivos para buscar su aprobación en el Consejo Superior e impulsar una gran campaña para conquistar este derecho.

Las activistas trans, junto a otros y otras activistas que formaron parte de la elaboración del proyecto, convocan a todas las personas interesadas a una nueva reunión el próximo miércoles 24 de agosto a las 18hs en el segundo piso de la Facultad de Ciencias Químicas.







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