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Estos días por el aeropuerto con el coronavirus

De la OMS hay que desconfiar. Para cuando los directivos de LATAM y los entes reguladores del Estado dijeron que aguardaban instrucciones de aquella institución internacional la cosa se puso turbia. Se sabe ya que aquella institución está plagada de los lobistas que operan para los grandes laboratorios, estábamos en manos de unos crápulas con pergaminos rimbombantes.

Eduardo Lusa Saab

Delegado Latam Argentina

Lunes 16 de marzo | 11:54

Finalmente sucedió: hay epidemia dijeron los burócratas de la OMS. En los aeropuertos de Argentina nada había cambiado siquiera para las tripulaciones de vuelos internacionales. Fueron notorios los vaivenes de la oficialidad. Tanto Estado como sus adherentes sindicales. En su primer fase sobreactuaron jocosamente el "no pasa nada" subestimando los peligros potenciales. En una segunda fase promovieron (ya no tan jocosos) cada decreto gubernamental como si se tratase de reivindicaciones propias. El zigzagueo es lo que más choca. Aun tratándose de la salud de los trabajadores las entidades gremiales responden de manera vertical a la oficialidad.

No anida un mínimo reparo crítico en la muchachada oficialista. Con las noticias que llegaban de China y Europa y los primeros casos en el País, los trabajadores nos encontramos reclamando alcohol en gel. No hubo y no hay protocolo claro al momento de escribir estas líneas. La solemnidad de las conferencias de prensa contrasta con la improvisación total que se vivió por estos días en los aeropuertos. En el transcurso de estos angustiosos días llegó a los trabajadores de LATAM un video de los dueños de la empresa, allí estaba Cueto (íntimo de Piñera) dirigido a los 42 mil trabajadores del Holding latinoamericano. No hubo sutilezas. La cosa fue directa. Tampoco la mínima mención a la salubridad de los trabajadores. Solo el lamento empresario por las pérdidas que genera la crisis aerocomercial y la amenaza de ajuste y perdida de puestos de trabajo. Fue un video provocador.

Sumamente irritante para cualquiera de los laburantes que estamos en la primer línea de la batalla en los aeropuertos, exponiendo nuestra salud y nuestras vidas para superar la contingencia. Los problemas se suceden minuto a minuto. Decenas de incidentes con pasajeros que quedaron en el limbo entre decreto y decreto. Que seguían circulado en el cabotaje en un hecho harto evidente de ruptura de cualquier cuarentena. Pero que, sin embargo, tienen el derecho al traslado. La orientación que asumimos las trabajadoras/es de atención al público fue solidaria, evitando tanto el pánico como cualquier indicio de discriminación o estigmatización.

Sucede que las y los trabajadores aeronáuticos somos conscientes que el servicio aéreo se torna esencial. Pero lo nuestro no fue ningún protocolo establecido por la empresa. Lo nuestro fueron debates e intensas deliberaciones de cómo actuar. En todos los casos evitando que el laburante asuma un rol punitivo o de auxiliar policial. Y siempre pensando el garrón que seria que miles de personas quedasen varadas y con destino incierto en el medio de la epidemia. Patearon el tablero los tercerizados de Aerolíneas. Ante la decidía absoluta de la empresa se vieron obligados a realizar asambleas y denunciar en los medios la situación.

Si algo queda claro de estos días en el aeropuerto es que la salud de las trabajadoras y trabajadores es ajena a cualquier empresario. Queda claro que el lucro lo es todo. Un lucro a costa de nuestra salud (mental y física). En el haber y a favor debemos decir que en varios sectores se empezó a discutir y promover Comisiones de Higiene y Salubridad (o seguridad). Si aquella incipiente iniciativa cobra vigor y es tomada desde abajo por los propios laburantes podremos llegar a próximas situaciones con organización y control propio de los trabajadores.

En estos momentos el presidente suspende las clases. Suenan los teléfonos. Las compañeras y compañeros deben repensar toda su logística diaria para ver cómo afrontar la situación con los pibes y no perder los días de trabajo. La cosa no para y el costo lo seguimos asumiendo los laburantes. Es hora que la crisis la paguen los que la produjeron. Los capitalistas.







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