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Esto no es Disneyland, esto es el Bronx

La serie The Get Down se acaba de estrenar en Netflix y muestra la crudeza de una Nueva York olvidada por el alcalde, pero no por sus artistas. Tanto el disco como el hip hop nos transportan a la cultura afroamericana que se levantó en los setenta.

Miércoles 24 de agosto de 2016 | Edición del día

“Vengo de la ciudad. Sí, la ciudad me bautizó, la ciudad más peligrosa. Hagamos un viaje, un viaje en el tiempo a 1997. Había una ola criminal. El presidente nos abandonó, nos envió a seis genios, seis hombres poderosos que tuvieron a Nueva York a maltraer, los más ricos y egoístas. Vivían de los que tienen asistencia social. ¿Y qué barrio lo sufrió más? Hmm… el mío, el Bronx”.

Así comienza rapeando en un escenario lleno de fans, el personaje principal, Ezekiel. Cuenta cómo inicia su historia, las raíces de su comunidad. La serie se sitúa en un caluroso verano de 1977. Cuatro amigos “graffiteros” de trenes sobreviven en un Bronx completamente desolado, con bandas incendiando edificios para que los propietarios cobren el seguro.

Ezekiel está enamorado de su amiga Mylene. A ella solo le importa cantar para poder escapar de su hogar, la Iglesia del Dios Inmaculado, un emprendimiento familiar donde manda su religioso padre e inmigrante cubano, quien no le permite cantar disco (“la música del demonio”) y quien le ha destinado que sólo elevará su voz “para glorificar a Dios”.

Ezekiel es un poeta, aunque le cueste reconocerlo. Sus poemas están llenos de crudeza y sencillez, por lo que cuando conoce a Shaolin Fantastic, un traficante con ganas de convertirse en disc-jockey, sus letras toman una nueva dimensión y se vuelven canciones.

La escenografía de The Get Down, alterna baldíos, escombros y edificios venidos a menos, con salones de baile al estilo Studio 54, generando así un magnífico contraste entre el esplendor de Nueva York con sus inmensas Torres Gemelas en el horizonte, con una barriada en ruinas.

Un Bronx destruido y olvidado por los alcaldes y urbanistas es el centro de esta serie que cuenta también el surgimiento del hip-hop, ese estilo musical nacido e influenciado por la cultura de la calle con jóvenes que se expresaban a través del graffiti y el break dance.
“Tuve que hallar mi soga para elevarme, porque necesitaba esperanza para levantarme”, rapea Zeke. Y ese mismo espíritu se refleja en el vagón de un tren que cruza todo el Bronx, y que fue graffiteado por los protagonistas, con la leyenda “Donde hay ruina, hay una esperanza para un tesoro”.

El director australiano Baz Luhrmann vuelve a mostrar su talento con este musical, cuyos primeros seis episodios (los restantes se estrenarán en el 2017), ya se encuentran disponibles en Netflix.

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