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Estibadores, teleoperadoras, conductores de buses y trenes… ¿retorna la lucha obrera?

La conflictividad laboral vuelve a ocupar lentamente, no digamos las portadas de los diarios, pero sí algunas de sus páginas. La necesidad de reorganizarse en los centros de trabajo y luchar por imponerle a las burocracias sindicales una nueva huelga general está a la orden del día.

Diego Lotito

Madrid | @diegolotito

Miércoles 22 de marzo | Edición del día

Después de un largo período de pasividad social, la cosa esta empezando a cambiar. Un buen artículo de Isaac Rosa publicado este martes en Eldiario.es hace un ingenioso recuento de algunos de los conflictos laborales en curso.

“Fui a coger el autobús, pero resultó que los conductores estaban en huelga. Así que esperé en la calle a ver si pasaba un taxi, pero los taxistas también estaban en huelga. Opté por el tren, pero el personal de tierra en Atocha estaba en huelga. Pues nada, me di un paseíto hasta una Fnac, quería comprar un DVD de alguna serie antigua con la que quitarme el mono mientras los dobladores sigan en huelga. Pero a la entrada de la tienda una pegatina me recordó que los trabajadores de Fnac están en lucha. No era mi día, no. En el kiosco no tenían ni Tiempo ni Interviú, ¿adivinan por qué? Huelga de periodistas. De vuelta a casa me encontré una concentración de trabajadores de escuelas municipales de música (en huelga, por supuesto), un grupo de “kellys” a la puerta de un hotel (donde hacían huelga, claro). Intenté comprar algo de pescado, pero no me van a creer: la plantilla de Pescanova en huelga (¡por primera vez en medio siglo!). Me gustaría tener un teléfono donde quejarme de tanto estropicio, pero ni lo intento: seguro que continúa la huelga en atención telefónica y telemarketing.”

La narración de Rosa no es exagerada ni mucho menos. El fenómeno tiene base objetiva. Según la CEOE, las horas perdidas por huelga subieron un 33,8 % en los dos primeros meses del año. 16.072 trabajadoras y trabajadoras secundaron estas huelgas. Pero, sobre todo, se siente en la calle y en los centros de trabajo.

“Hay muchas otras empresas y sectores que estos días calientan la primavera”, dice Rosa. Y cuánta razón tiene. Aparte de las nombradas (como las de Telemarketing, Las Kellys, o el tenso conflicto de los estibadores, en Izquierda Diario venimos reflejando muchas de ellas.

Allí está la lucha de las trabajadoras y trabajadores de la hostelería por la renegociación de su convenio, los trabajadores de Movistar que siguen enfrentando a las patronales de las contratas y luchando contra los accidentes laborales, la lucha de las trabajadoras y trabajadores de la empresa pública AENA contra la privatización, los trabajadores del Polideportivo Municipal Moscardó que luchan contra el Ayuntamiento de Madrid que dejó en la calle a 37 personas de la plantilla, o en el Centro de personas sin hogar “La Rosa” por mejoras en el Centro y el cumplimiento del Convenio, sin olvidar las diversas luchas y plataformas por la remunicipalización de los servicios públicos que se vienen enfrentando a los propios “Ayuntamientos del cambio” que mucho prometieron, pero poco o nada han hecho; hasta en la piscina pública municipal de Getafe contra los despidos que permite el PSOE. Y la lista sigue.

¿Qué ha cambiado? Hagamos un poco de historia reciente. Después de la irrupción del 15M como hito fundacional del retorno de la movilización social después del estallido de la crisis capitalista en 2008, seguido por la emergencia de nuevos movimientos sociales, multiplicidad de luchas obreras e incluso dos huelgas generales en 2012, este movimiento que tendía al ascenso fue hábilmente bloqueado por la burocracia sindical.

Las cúpulas de los “mayoritarios”, como llama la jerga a CCOO y UGT, se esforzó -ayudada por el efecto de parálisis y conservadurismo que el paro de masas genera en sectores ocupados- en evitar el contagio de las plazas a los centros de trabajo. Sobre esa base se asentó un desgaste creciente entre los sectores movilizados

Este reflujo fue la base sobre la que se asentó la “ilusión gradualista” representada por el nuevo reformismo de Podemos y las llamadas candidaturas del “cambio”.

Lo que sigue no hace falta recordarlo. Maquinaria de guerra electoral, exceso de discurso, elecciones y más elecciones en una coyuntura electoral interminable… y desilusión.

Ahora la larga coyuntura electoral ha pasado. A pesar de los embates del “ala izquierda” del Régimen (y con esto nos referimos no sólo al PSOE, sino también a Podemos), el PP sigue en el gobierno. Los anuncios de recuperación son moneda corriente en el discurso gubernamental. Pero por más que muchos quieran ver en ello un “retour à la normale”, nada más lejos de la realidad. Al contrario. Los salarios siguen planchados, los EREs continúan, la precariedad se extiende, los parados siguen parados, la sanidad cada vez más insana, la hucha de las pensiones cada vez más esquelética. Y, para colmo, se ponen en marcha nuevos ajustes al son de las exigencias de la UE.

Pero la continuidad del PP en el gobierno es más débil que nunca. Una debilidad que quedó retratada ante millones en el Parlamento. La sola amenaza de huelga de los estibadores bastó para que el Real Decreto Ley aprobado por Rajoy para liberalizar la contratación en la estiba quedara derogado por las Cortes.

SI, ya lo sabemos. Esto puede cambiar rápidamente. El PP perdió porque sus colegas de Ciudadanos querían hacer una demostración de fuerzas. Las nuevas negociaciones ya están en curso, pero si no llegan a buen puerto el Gobierno le va a hacer unos mimos a Ciudadanos, se puede aprobar un decreto casi idéntico. De ser así, se puede armar la de dios. Pero lo fundamental es que ya millones vieron por la televisión que los estibadores le torcían el brazo al gobierno y a la Unión Europea. Este es el dato más importante. Porque la percepción de la propia fuerza de la clase trabajadora es un elemento de la relación de fuerzas.

¿Esto significa que estamos a las puertas de un nuevo ascenso de la lucha de clases? No. Hay muchos actores que siguen jugando en contra de esta perspectiva, empezando por la burocracia sindical. El clima ha comenzado a cambiar, aunque, a decir verdad, tiene razón Isaac Rosa cuando dice que “poca huelga hay para el nivel de hartazgo en que vivimos”.

Por eso indigna un poco que Podemos, que llama a marchar este 25 de marzo, no diga una palabra de los sindicatos, después de haberse reunido con CCOO y UGT hace unos meses en un encuentro de donde no salió ninguna propuesta concreta que fuera en el sentido de la lucha. Y más aún que no aproveche su fuerte presencia mediática para exigir una huelga general, que al día de hoy no se puede seguir postergando.

La posibilidad de reemergencia de la lucha de clases, nos plantea la necesidad de debatir y luchar por un programa de emergencia social, para que las trabajadoras y trabajadores no sigamos pagando esta larga crisis que pesa sobre nuestras espaldas.

Un programa que, frente al paro masivo, señale claramente la lucha por el reparto de las horas de trabajo sin rebaja salarial, acompañado de un aumento del salario mínimo interprofesional. Un programa que apunte a remunicipalizar los servicios públicos, sin más dilaciones, y poner su gestión bajo control de trabajadores y usuarios, los únicos interesados en dar respuesta a las necesidades sociales. Que exija la nacionalización de las grandes empresas eléctricas, y la expropiación de los pisos vacíos en manos de los bancos, para armar un parque de alquileres sociales y terminar con el drama de miles de familias sin techo, entre otras medidas urgentes.

Organizarnos en los centros de trabajo y buscar la unidad por abajo, que las cúpulas sindicales impiden por arriba, son dos grandes desafíos del momento actual, para que ese clima que se empieza a calentar con el cabreo general, se transforme en una nueva primavera de luchas y organización de los trabajadores.

En este sentido, las manifestaciones del 1º de mayo y las Marchas de la Dignidad, que el próximo 27 de mayo volverán a inundar las calles de Madrid, son dos momentos fundamentales para retomar la movilización en las calles.






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