Internacional

RETIRO DEL ACUERDO NUCLEAR

Estados Unidos busca frenar el ascenso regional de Irán y profundiza las tensiones geopolíticas

Tanto Obama como Trump tuvieron el mismo objetivo, aunque con diferente táctica

Juan Chingo

Comité de redacción de Révolution Permanente

Viernes 11 de mayo | 21:04

El objetivo histórico central de Estados Unidos en Medio Oriente es evitar que surja una potencia dominante, como amenaza en el último periodo Irán. Así, en función de mantener un equilibrio de poderes en la región, en la década de 1980 EE.UU. apoyó y armó a Irak en su guerra fratricida contra la República Islámica de Irán. Más tarde, impuso sanciones duras contra el régimen de los ayatolas. En el caso de la guerra en Siria, alentó a agentes locales sunitas incluyendo a fuerzas abiertamente fundamentalistas islámicas contra el régimen sirio apoyado por Irán.

El objetivo de EE.UU. es evitar que la zona de influencia chiita se extienda hasta el Mediterráneo. Este era el objetivo de Obama en 2015 cuando firmó el acuerdo con Teherán centrado en la energía nuclear en un momento que el gobierno sirio estaba a punto de colapsar. Pero la posterior reversión de la guerra, con la intervención rusa que favoreció a Damasco y Teherán, llevó a Washington a reconsiderar sus planes. Esta es la razón de fondo del cambio de táctica norteamericana y de la salida de EE.UU. del acuerdo nuclear y la imposición de nuevo de un fuerte embargo económico y acciones encubiertas contra el régimen iraní.

Fuerte crisis en la alianza transatlántica

Pero junto a este mensaje a Irán quizá lo más grave en la decisión de Trump desde el punto de vista de las relaciones entre las potencias imperialistas, es el desaire a las potencias europeas y en primer lugar a Francia que ha abierto la crisis más grande de las relaciones trasatlánticas desde el fin de la Guerra Fría. Es que a diferencia de la guerra de Irak en 2003 en la cual Alemania y Francia junto a Rusia se opusieron a la aventura norteamericana, esta vez la Casa Blanca no cuenta con el aval de ninguna potencia europea como había sido el caso de Inglaterra y España en aquella ocasión. Edward Luce, columnista en Washington del Financial Times, no ahorra palabras para calificar la decisión de Trump: “Estados Unidos va por un cambio de régimen global”, y agrega que “Apartarse del acuerdo con Irán puede ser recordado como el día en que los Estados Unidos abandonaron su creencia en los aliados”.

La realidad es que la decisión norteamericana muestra la vulnerabilidad europea y su dependencia estratégica en relación a los Estados Unidos. Como dice el citado columnista, “Trump ha puesto a Europa ante un dilema que trató todo lo posible de evitar. Está dando a los principales aliados de Estados Unidos en la OTAN la opción de elegir entre mantener un acuerdo que ellos negociaron - y que Irán ha honrado - o inscribirse en el partido de guerra "America first" sobre el que no tienen ninguna influencia. La primera desencadenará sanciones estadounidenses contra los bancos europeos y las empresas energéticas que sigan haciendo negocios con Irán. La segunda significaría perder su mejor juicio y arriesgarse a un conflicto en Oriente Medio que perjudicaría a Europa mucho más que a Estados Unidos. Alinearse con los EE.UU. también tendría un alto costo político”.

Un costo político en especial para el presidente francés que se vanagloriaba de las relaciones amistosas con Trump y se pasó de adulaciones hasta lo grotesco en su reciente viaje a la Casa Blanca.

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Macron recibe un serio golpe en la escena internacional que hasta ahora venía utilizando como un activo para su política interna basándose en la debilidad de Merkel después de la constitución del último gobierno de coalición, la falta de gobierno italiano o la ausencia de Madrid consumida por la crisis sin fin en Cataluña.

Una ofensiva global norteamericana

La ofensiva imperialista en América Latina y el aliento a gobiernos autoritarios desde Brasil, pasando por Honduras, al giro de Argentina sacudida por una nueva crisis financiera y yendo de nuevo al FMI; las humillantes condiciones que exige a China en forma de ultimátum en sus recientes discusiones comerciales; las agresiones continuas y crecientes en relación a Rusia; las nuevas sanciones y el embargo económico a Irán; a la vez que en el plano de las relaciones inter imperialistas el intento de -ya sea en lo comercial como en el acuerdo nuclear con Irán- aumentar la subordinación europea y japonesa a sus dictados; marcan que estamos frente a una contraofensiva global del imperialismo norteamericano frente a la ruptura del equilibrio capitalista abierta en 2008.

Este equilibrio frágilmente cerrado especialmente en el terreno económico evitando una Gran Depresión, tiene fuertes líneas de falla que se han trasladado de lo económico (¿se extenderá la crisis argentina poniendo a prueba las bases endebles de la recuperación de la economía mundial?) a lo político social. Y también al terreno geopolítico con las crecientes tensiones interestatales, de las cuales Trump es la mejor expresión a la vez que el principal factor de desestabilización.

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¿Tendrá Trump la misma suerte que su homólogo Ronald Reagan en relación al fin del equilibrio capitalista de la posguerra en la década de 1970 a pesar del estado de declinación hegemónica más avanzado de EE.UU. con respecto a esa década? Es muy prematuro aún para saberlo. Lo que está claro es que los próximos años van a ser muy agitados tanto en el terreno económico, geopolítico, como de la lucha de clases.






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