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Estados Unidos: bronca por un nuevo asesinato racista

Cinco personas resultaron heridas en Minneapolis cuando un grupo no identificado disparó contra los manifestantes que protestaban por la muerte a tiros de Jamar Clark, un joven negro asesinado por la Policía.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Jueves 26 de noviembre de 2015 | Edición del día

El 15 de noviembre Jamar Clark recibió un disparo en la cabeza. El que disparó fue un efectivo de la Policía de Minneapolis en un supuesto enfrentamiento mientras arrestaban al joven de 24 años. Salvo los policías, los testigos afirman que Clark estaba esposado y se encontraba en el suelo cuando le dispararon.

El asesinato de Jamar obligó a abrir una investigación federal sobre el Departamento de Policía. Poco se conoce sobre los detalles, ya que las autoridades se han negado a publicar las imágenes del arresto de Clark. La familia y los testigos solicitaron a la NAACP (siglas en inglés del organismo de defensa de los derechos de los afroamericanos) que exija la publicación del video.

Desde la muerte de Clark, se han realizado protestas y movilizaciones casi diarias frente a la Delegación Policial 4 (a la que pertenece el agente acusado). En los días anteriores algunos manifestantes habían sido arrestados, y el lunes 23 cuando un grupo disparó contra los manifestantes, portavoces de Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan) denunciaron que la Policía actuó con desidia. El ataque dejó como saldo cinco personas heridas, que están internadas y fuera de peligro.

Brutalidad policial y violencia racial

El asesinato de Jamar Clark se da cuando en el país siguen desarrollándose movilizaciones contra el racismo y la brutalidad policial. Desde el asesinato del joven, se instaló en las redes y medios de comunicación el pedido de #Justice4Jamar. Alrededor de esta consigna se realizaron también protestas en varias ciudades, cortes de autopistas y bloqueos.

Desde el comienzo de las marchas en Minneapolis, la Policía y las autoridades temen la escalada de las protestas. Todavía están frescos los recuerdos de la rebelión de Baltimore de abril, que obligó a las autoridades a acusar formalmente a los responsables de la muerte de Freddie Gray, o las imágenes de Ferguson de 2014 invadida por las tropas de la Guardia Nacional, tras el asesinato de Michael Brown.

Cada asesinato de un joven negro, prueba inútiles las respuestas de los gobiernos locales y las medidas propuestas por Barack Obama: las cámaras para los oficiales o la prohibición del uso de pertrechos militares para las policías locales no han tenido efecto alguno para frenar la brutalidad policial racista. Los “excesos” policiales son solo la expresión extrema dentro de una estructura institucional racista que sostiene el encarcelamiento masivo de los jóvenes afroamericanos, la estigmatización social y la expulsión del sistema educativo y laboral.

Sin ir más lejos, el miércoles 25 se conoció el video de un policía disparando 16 veces contra el adolescente Laquean McDonald tenía 17 años en octubre de 2014. El policía fue procesado el mismos día que se conocieron las imágenes, que las autoridades intentaron retener hasta anunciar la acusación contra el agente Jason Van Dyke, para evitar protestas. A pesar de que el policía se entregó y el anuncio del juicio, se esperan manifestaciones. Al cierre de esta edición, se realizaban en varias ciudades movilizaciones que exigían justicia por Laquean y Jamar, mientras denunciaban el ataque a la manifestación del lunes en Minneapolis.

Los disparos contra la movilización que exigía “Justicia por Jamar” son un recordatorio del racismo que permanece latente en la sociedad estadounidense. Como el ataque a la iglesia Emanuel en Charleston (Virginia) donde nueve personas negras fueron asesinadas, o la presencia intimidatoria de grupos blancos armados en el aniversario de la muerte de Brown, mantienen viva la imagen de la opresión racial, con rostros más o menos violentos.

Las raíces de las protestas van más allá de la indignación por la brutalidad policial y se hunden en la desigualdad más profunda de la democracia estadounidense, de la que el racismo es uno de sus principales pilares. Por ese motivo, el grito que nació en Ferguson de “Sin justicia no habrá paz” resuena y resonará cada vez más seguido.







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