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¿Está todo perdido para la generación millennial?

Una encuesta reciente en Estados Unidos reveló que dos tercios de la población menor de 35 años se siente identificada con la clase trabajadora más que cualquier otra generación en medio siglo. En otro estudio, un tercio de los menores de 30 años encuestados se identifica con el “socialismo”.

Yara Almonte

Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM

Lunes 13 de marzo | Edición del día

Según una encuesta publicada por medios de comunicación estadounidenses, aproximadamente un 56,6% de la población menor a 35 años se siente “clase trabajadora”. La generación “Y” que contempla unos 80 millones de jóvenes en EE.UU., está discutiendo la necesidad de dejar de asumirse como clase media, reconociendo las difíciles condiciones de vida que enfrenta hoy la juventud a nivel internacional con la crisis económica.

Desde el 2008, se ha profundizado la precarización laboral, el empleo flexibilizado e inestable -además de muy mal pagado-. Esto se suma al enorme costo de la educación que obliga a endeudarse por décadas y a la criminalización de la juventud afroamericana y latina.

Las encuestas demuestran que la población joven vive mucho peor que generaciones anteriores incluso en períodos de recesión o situación de guerra. A la misma edad, la generación de sus padres percibía el mismo o mayor ingreso con menor educación, sin títulos académicos y con mayores posibilidades de movilidad social.

En el Reino Unido, por ejemplo, el ingreso de la población jubilada y pensionada ha llegado a ser tres veces mayor que los ingresos de la juventud. Algunos de los países con principal caída de percepción salarial juvenil son EE.UU., Italia, Francia, el Estado Español, Alemania y Canadá.

Tener un buen empleo, ahorrar, invertir en una casa propia o pagar unas vacaciones son sueños inalcanzables para quienes trabajan -aun con estudios universitarios- en call centers, cadenas de fast-food, bancos, la industria y la construcción. Las condiciones de vida e ingreso han llevado a un cuestionamiento profundo sobre las posibilidades de alcanzar el sueño americano.

Contradictoriamente, la juventud millennial es una de las generaciones más educadas en el mundo, con acceso a medios de información masiva como el internet y un avance tecnológico acumulado sin precedentes.

Polarización social

Hay quienes responsabilizan a la población desplazada y obligada a migrar del desempleo o de beneficiarse de los poquitísimos programas sociales que aun se mantienen en Estados Unidos y otros países centrales como Alemania, Francia o Inglaterra. Son base de la demagogia trumpista que mantiene un discurso que enfrenta a la clase trabajadora contra sí misma en lugar de contra el enemigo común, los capitalistas.

En el extremo opuesto, millones de jóvenes ven en las fortunas multimillonarias de empresarios y políticos magnates, como el propio Trump y muchos de su gabinete, la razón principal de la miseria y violencia que enfrentan todos los días. ¿De dónde, si no de la riqueza que millones producimos y ellos se apropian, salen las fortunas de los empresarios?

Esto ayuda a explicar el enorme apoyo juvenil que recibió el ex candidato presidencial por el Partido Demócrata, Bernie Sanders, que levantó dos consignas centrales en su campaña: abajo las cuotas por educación y arriba los salarios. El fenómeno Sanders dejó ver a un amplio espectro de la población estadounidense decepcionada del sistema económico y político actual, abrazando una perspectiva “socialista” que cuestionaba los aspectos más bárbaros del capitalismo pero no planteaba la necesidad de expropiar a los capitalistas e imponer, con la movilización independiente, un gobierno de los trabajadores y sectores populares.

Nada que perder y todo por ganar

En realidad, las condiciones de vida de la juventud estadounidense tiene más en común con los jóvenes al sur de la frontera con México y América Latina, con jóvenes del Magreb y el sur de África, con millennials del gigante asiático y del este europeo de lo que se imaginan.

En Australia, según The Guardian, la juventud ha sido excluida totalmente del mercado inmobiliario, haciéndolo inaccesible. En Reino Unido, el espejismo de la democracia de los propietarios no va más en tanto que gran parte de la juventud es dueña de nada. En Estados Unidos la deuda es el día a día de los millennials. En Europa una importante cantidad de mayores de 30 años vive con sus padres y el índice de desempleo de adultos jóvenes es el más alto del mundo en países como Italia o el Estado Español.

De ahí que la juventud sea un actor importante de los nuevos fenómenos políticos. Como vimos en el 2011-12 con el fenómeno Occuppy o con el movimiento estudiantil chileno, pasando por la juventud anti copa y anti golpe en Brasil. Hoy, en Estados Unidos franjas de jóvenes han nutrido la lucha contra la violencia policial racista, la resistencia contra los planes de Trump desde las escuelas secundarias y universidades -como el movimiento estudiantil en Berkeley-, así como repudiando el muro y otras medidas xenófobas como la “muslim ban” en las calles y aeropuertos.

Esto además en un momento en el que la clase trabajadora empieza a expresar disposición a luchar por su presente, como demuestran las movilizaciones multitudinarias contra Trump, el paro de laboral de migrantes en Milwaukee, así como los paros y la resistencia obrera en la maquila de la frontera con México.

Es vital desarrollar una perspectiva internacionalista y antiimperialista para las luchas contra los capitalistas y sus políticas anti populares dentro y fuera de Estados Unidos. La clase trabajadora, la juventud que comienza a movilizarse y perder el miedo, la población migrante y afro así como las mujeres deben tejer alianzas con los explotados y los oprimidos de otros países, para enfrentar más fuertes a la administración Trump, al partido demócrata y a los empresarios.






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