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TERRERMOTO EN MÉXICO

Es urgente que el Sindicato de Telefonistas se sume a las tareas de rescate y ayuda

Los trabajadores tenemos el desafío de dar una salida ante la catástrofe.

Pedro Morales

Trabajador de Telmex

Domingo 24 de septiembre

La herida que abrió el sismo del pasado 19 de septiembre está basada sobre la negligencia, omisión y corrupción de todos los gobiernos federales y locales que han desfilado desde hace décadas por México. Porque otorgaron permisos con total impunidad para construir centros de trabajo, viviendas y escuelas con pocas o nulas condiciones de seguridad.

Dirán el gobierno, empresarios o políticos de los partidos patronales, que los temblores no se pueden predecir y que son contingencias irremediables de la naturaleza. En efecto, estos fenómenos no se pueden predecir, pero sí pueden ser prevenidos de mucho mejor forma y que los trabajadores del país gocemos de condiciones infinitamente superiores para afrontarlos. Desde luego, estos gobernantes tienen un desgastado pero recurrente as bajo la manga, “no hay presupuesto”.

Es una fantasía pedir a estos gobiernos y empresarios millonarios -como el propietario de Telmex, Carlos Slim- que miren hacia abajo para que se sensibilicen ante nuestra tragedia y qué “ahora sí” destinen todos los recursos con los que cuentan para salvar nuestras vidas. Porque es bajo esta condición de mantenernos en riesgo de vida permanente en nuestros trabajos, viviendas y en la miseria salarial, como ellos pueden garantizar los grandes recursos que se llevan a sus bolsas.

Por una salida independiente del Estado y los partidos de los empresarios

Ante el sismo del 19 de septiembre quedó demostrado cómo los lazos de hermandad de clase son reales y muy profundos. La juventud y distintos sectores de trabajadores a título personal nos sumamos desde el primer momento a las tareas de rescate y ayuda a los afectados. Cunde el repudio contra los gobiernos y los partidos al servicio de los empresarios, por su acuerdo para minimizar la responsabilidad del estado en este desastre, así como la política mediática de Peña Nieto para recomponer su imagen.

Pero no sucedió lo mismo con las direcciones sindicales como la del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) que encabeza Francisco Hernández Juárez. Desde la Convención de los telefonistas que se lleva a cabo, se hicieron elementales llamados de solidaridad con los damnificados, pero la dirección no lanzó el llamado para convocar a la participación de la clase obrera organizada desde la UNT. Es más, se suman a la urgencia de Slim y Peña Nieto de “volver a la normalidad”.

Pero, ¿por qué las direcciones sindicales cumplen este papel? Porque como casta burocrática están separados hace mucho tiempo de la base sindical y de sus necesidades como clase.

Hablan de demagógicamente de las injusticias del neoliberalismo, pero no llaman a movilizar con un programa anticapitalista que apunte contra los planes de precarización y miseria de los patrones, contra el pago de la deuda externa, y contra la entrega de los recursos naturales al gobierno de los Estados. Mientras tanto, su preocupación se centra en lograr un puesto en el gobierno de la mano de cualquiera de los partidos patronales.

Y es que son parte del engranaje que sostiene al sistema capitalista de explotación y de degradación del nivel de vida de los trabajadores.

Aunque debemos mencionar que el STRM hará una donación a los damnificados del sismo, no podemos detenernos en esto, ya que esto representa un “mejoral” para tratar un cáncer, y definitivamente, el sindicato de telefonistas –bajo una dirección y una política combativa, podría desempeñar un papel fundamental en la organización de los “de abajo”.

Pero los telefonistas y el conjunto de los trabajadores que estamos organizados en los sindicatos de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) podemos ir más allá.

Ante la urgencia patronal y las direcciones sindicales de tratar de impedir que le estalle una crisis política al gobierno que lo sobrepase (véase el pacto de Peña Nieto con el Consejo Coordinador Empresarial para dar “apoyo” ante esta tragedia) es necesario organizarnos los trabajadores de los grandes sindicatos con los millones de precarizados, los estudiantes, las mujeres y los que inundaron las calle de solidaridad, de manera independiente a estos partidos, empresarios y gobiernos.

Es urgente que el sindicato que se ponga al frente de la planeación y ejecución de un plan de obras públicas bajo control de organizaciones sindicales, los damnificados y los familiares de las víctimas del sismo y las organizaciones populares, que garanticen efectivamente la reconstrucción inmediata de los lugares de desastre bajo un criterio de las necesidades de los trabajadores y no de las ganancias capitalistas. Tenemos que peleemos porque se vote en nuestra organización un plan como éste.

Sin ninguna duda, los sindicatos pueden convertirse en un referente de lucha y organización ante los efectos devastadores del sismo. Somos los trabajadores quienes podemos garantizar el recabado y entrega de todos los recursos del acopio, administrar pública y transparentemente el dinero de las aportaciones, pero también arrancarle a toda la clase política y empresarial que entreguen sus ganancias y recursos, porque primero están nuestras vidas y las de nuestras familias. Los políticos y patrones llevan muchas décadas ya acumulando fortunas con base en nuestro trabajo.

Es posible cambiar el camino de nuestras organizaciones, si desde abajo somos capaces de imponerle nuestra voluntad a las direcciones y que estas se vean obligadas a llamar a la base telefonista y poner todos sus recursos al servicio de la tragedia del pueblo pobre.

En este camino, urge convocar asambleas de base por centro de trabajo para discutir y organizar nuestra participación en todas las tareas que desató esta tragedia. Peleando también en contra de la intención de normalizar la vida cuanto antes para cuidar la imagen de partidos, miembros de la clase política y fuerzas armadas, de cara a las elecciones del 2018. Esto representa una de las salidas a la catástrofe que vivimos, pero también, puede ser un paso para recuperar los sindicatos y luchar por la más amplia unidad de la clase trabajadora.






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