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Es solo el fin del mundo: cómo volver para no volver

La última película del joven canadiense Xavier Dolan habla sobre los lazos familiares, el tiempo y la muerte.

Jueves 19 de enero | Edición del día

Louis, un joven escritor vuelve a su pueblo del que se fue doce años atrás para comunicar una noticia a su familia que se reúne en un almuerzo para recibirlo. En ese tiempo sólo envió algunas postales y nada más. Su inesperada reaparición desata un drama familiar.

Su hermano mayor, obligado a asumir el rol del hombre de la casa, está lleno de resentimiento, frustración y pases de factura. Su hermana menor, a la que apenas conoce, tiene todas las expectativas puestas en ese desconocido hermano escritor al que ha esperado con ansias. Louis se encuentra por primera vez con la esposa de su hermano, con la única que puede dialogar, y con la que desarrolla una relación de empatía debido al maltrato que ésta sufre por parte del marido, que la descalifica permanentemente.
Nadie puede descifrar ni saber a ciencia cierta por qué el joven escritor se fue doce años atrás. Su mamá, que apenas ha cambiado, intenta por todos los medios que el reencuentro sea la vuelta definitiva al hogar.

Tempus, el incesante tiempo

Con una cámara exquisita, Xavier Dolan hace del espacio casi un escenario teatral. Con primerísimos planos logra una atmósfera asfixiante.

El hermano mayor irrumpe siempre a los gritos y esos gritos hacen que los silencios aturdan. Empeñados en callar verdades, la madre a la cabeza, sólo logran mantener momentos mínimos de estabilidad y armonía. La permanente referencia al tiempo, el tiempo que no queda, el tiempo que a Louis se le escurre de entre las manos y con él su objetivo de comunicar lo que fue a comunicar.

La cámara se mueve acompañando el día que se va y los colores pasan de azules y amarillos al ocre del atardecer del final. La fotografía de André Turpin da marco a las emociones.

El elenco cumple con creces la tarea de crear este infierno familiar donde la palabra está ausente. Nathalie Baye (Una relación particular) en el papel de la madre, Léa Seydoux (La vida de Adèle), Gaspar Ulliel (Hannibal, el origen del mal) como el hijo pródigo, Vincent Cassel (El odio), en el rol del hermano mayor y Marion Cotillard como la cuñada.

Xavier Dolan ya ha tenido éxitos como Yo maté a mi madre y Mommy premio del jurado en Cannes. Ahora reaparece con su temática de siempre: la familia, la madre, la sexualidad, la locura y la muerte. Y vuelve, una vez más, con su particular forma de filmar y de narrar. Esta vez con una reflexión sobre por qué, a veces, hay que huir para sobrevivir y para no matar.

Es sólo el fin del mundo se estrena el 19 de enero luego de cosechar premios y aplausos en todo el mundo.








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