Géneros y Sexualidades

DEBATES

¿Es posible el resurgimiento de un feminismo antipatriarcal y anticapitalista?

En el Estado español se abren grandes debates sobre cómo afecta la crisis capitalista actual a la mayoría de las mujeres y qué estrategias de emancipación serían las más efectivas.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Miércoles 2 de marzo de 2016

Semanas atrás, alrededor de 50 jóvenes, mujeres y estudiantes, reunidos en una charla organizada por Pan y Rosas en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona, reflexionaban sobre cómo afecta la crisis económica, política y social a la mayoría de las mujeres.

Es sintomático que la mayoría de los presentes, a modo de diagnóstico, coincidía en cuestiones cómo: intensificación de la precariedad laboral, siendo las mujeres las que sufren una gran desigualdad salarial, trabajos en negro (como los de cuidados y limpieza) y contratos basura. Se reflexionaba también sobre el gran retroceso en la aplicación de las leyes laborales consideradas una gran conquista para las mujeres trabajadoras. Las leyes como las de maternidad, por ejemplo, se degradan en una práctica cotidiana de explotación y precariedad laboral de parte de las empresas: se despiden embarazadas, se les ofrece el paro para no pagarles la baja médica o directamente se las amenaza con el despido cuando la solicitan.

Otra cuestión es la intensificación de las tareas domésticas, ya que los recortes en la Ley de Dependencia provocaron una traslación del ámbito público al privado de las tareas de cuidados: son miles los abuelos y abuelas que no pueden pagar las residencias y deben volver a los hogares a ser atendidos por sus hijas o nietas. Así como también han aumentado las tareas de cuidados de niños dependientes y las guarderías se convirtieron en un gasto cada vez más insostenible para las familias. Así, los capitalistas se ahorran de pagar esa gran "fábrica invisible" de tareas del hogar que llevan a cabo al salir de sus centros de trabajo la mayoría de las mujeres, cumpliendo una "doble jornada" de manera gratuita.

Los desahucios, el paro y el nivel de pobreza que se sufre en los hogares recae sobre las espaldas de las mujeres como una dura piedra pesada, haciendo que las tareas de reproducción se tornen cada vez más precarias. Los feminicidios, acoso y violencia sexual van en aumento: último eslabón de toda una cadena de opresiones.

Del feminismo "institucional" al feminismo anticapitalista y antipatriarcal

El riquísimo debate en un aula llenísima de mujeres y estudiantes se extendió para reflexionar sobre las estrategias de emancipación. La mayoría coincidía en que estos grandes problemas sociales trastocan las perspectivas de lucha individual que busca obtener mayores derechos, integrándose al sistema capitalista. Y que está planteado el resurgimiento de estrategias de emancipación colectiva y de cuestionamiento radical contra el sistema.

Es así que resurgieron en el Estado español numerosos debates, como pudimos apreciar hacia las elecciones generales del 20D de parte de todos los partidos políticos y que reflejamos en el artículo "Mujeres y 20D: la utopía de la emancipación bajo la regeneración del Régimen. Asimismo, las estrategias con perspectivas transformadoras empiezan a ser menos marginales y a confluir con la mayoría de las mujeres que perciben que los efectos de la crisis no se limitan a la falta de "desarrollo o poder de elección individual", de un "empoderamiento del cuerpo" como liberación personal o de defender los derechos conquistados en el marco del sistema capitalista actual.

Las pancartas de la gran manifestación del 7N del 2015, histórica por su masividad, ilustraban la potencial emergencia de un movimiento de mujeres que se manifiestan en las calles contra el feminicidio, no como un dramático fenómeno aislado, sino como el último eslabón de una cadena de violencias múltiples. Precariedad laboral, desigualdad salarial, pobreza, el racismo hacia las migrantes, entre otros grandes problemas, han sido denunciados en miles de pancartas.

El canto "Patriarcado y capital, alianza criminal" también se hizo sentir con un grito que no se oía desde hace décadas, siendo una perspectiva planteada por el feminismo de las décadas del ’60 y ’70. Y que en las décadas del ’80 y ’90 sólo planteábamos algunas corrientes de mujeres y feministas de la izquierda anticapitalista, contra una marea que sólo critica la desigualdad de géneros sin cuestionar la desigualdad basada en la sociedad de clases. Es decir, contra las estrategias alejadas de las perspectivas de transformación de la sociedad, conformándose en los años ’90 como un movimiento feminista "institucional" con un alto grado de despolitización y cooptado a las instituciones, universidades y partidos burgueses.

Al respecto, un interesante artículo de Celeste Murillo, "Feminismo cool, victorias que son de otras", hablaba del "fracaso" de este feminismo, "Al borrar toda perspectiva colectiva de transformación reserva solo para una minoría la posibilidad de elegir, mientras la mayoría sobrevive en largas jornadas laborales y empleos precarios (donde las mujeres siempre están sobrerrepresentadas). Las que pueden pagar por elecciones individuales creen que el feminismo ya no tiene nada para ofrecerles y las que no pueden pagar por la libertad creen que el feminismo no tiene nada que ver con sus vidas".

Una gran paradoja en el contexto de que, las conquistas obtenidas y la ampliación de derechos civiles —aunque limitados para la mayoría de las mujeres trabajadoras— tras la construcción del Estado de Bienestar de los países imperialistas, hoy se tornan degradados, recortados y prohibidos frente a una crisis económica arrolladora contra la clase trabajadora y los sectores populares.

En el Estado español comienzan a emerger los sectores más oprimidos de la sociedad y las mujeres tienen un gran protagonismo. Este hecho cuestiona la idea de emancipación como conquista progresiva y acumulativa de derechos (Andrea D’Atri y Laura Lift, 2013). Y a la vez pone en jaque la estrategia de “democratizar radicalmente la democracia” que viene planteando el post-feminismo y las corrientes neo-reformistas como Podemos y los nuevos "gobiernos del cambio". Una perspectiva que se demuestra utópica y poco viable en momentos en que la crisis económica, social y política ataca a las mujeres de forma cada vez más violenta.

Lo que está planteado para el movimiento feminista y de mujeres es reconstruir sus alianzas estratégicas con los sectores más oprimidos y explotados de la sociedad, para de este modo recuperar las banderas de la transformación social y así conquistar su emancipación y el fin de toda opresión.






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