Internacional

TRANSICIÓN ESPAÑOLA

Entrevista a Manuel Blanco Chivite, integrante de La Comuna presxs del Franquismo

Manuel Blanco Chivite es integrante de La Comuna, asociación de ex presos y represaliados por el franquismo.

Josefina L. Martínez

Historiadora | Madrid

Sábado 25 de octubre de 2014 | Edición del día

Entre agosto y septiembre de 1975, 11 personas fueron condenadas a muerte por consejos de guerra del franquismo. Eran militantes antifranquistas y de izquierdas. Seis de ellos fueron indultados a último momento, pero cinco fueron ejecutados. Fueron los últimos condenados a muerte por el franquismo. Manuel Blanco Chivite era uno de ellos, acusado por su militancia en el FRAP y en el PCE (m-l).

Me acerco hasta el metro de Villaverde, en el sur de Madrid, para conversar sobre la actividad de La Comuna. Manuel me espera en El Garage, una editorial de literatura, arte y política, que comparte espacio con un taller de artistas. Rodeados de libros que llenan varias estanterías comenzamos nuestra charla.

Me interesa conocer la opinión de Manuel sobre los últimos años del franquismo y el período de la Transición española. La visión de un militante que fue protagonista de aquellos años y que sigue participando en las luchas actuales.

La crisis actual del régimen del 78 nos induce a preguntarnos por el momento histórico en que fue fraguado, y Manuel Blanco Chivite nos aporta su mirada crítica.

JM: Manuel, cuéntame ¿cómo y por qué se formó La Comuna?

MBC: La Comuna Es una asociación de represaliados y de presos y presas de la última época del franquismo, lo que se suele llamar el tardofranquismo, que se suele considerar desde mediados de los años ‘60 hasta mediados de los ‘70, hasta la muerte de Franco. Se forma en la primavera del 2010.

Por lo tanto un buen número de esas personas seguimos vivas y en actividad. Es una asociación que agrupa a estas personas que estuvieron en la cárcel o que fueron represaliadas en esa época.

La otra característica es que agrupa a personas que hemos estado en muy diferentes organizaciones. Hay gente que estuvo en el PC(ML), La Liga Comunista Revolucionaria, en las Juventudes Comunistas, en el PCE, en grupos nacionalistas de Euskadi, de grupos catalanes, etc.

Hay otras organizaciones de antiguos presos y demás que solo se circunscriben a un grupo específico, sobre todo el PC. Aquí ya desde el principio ha sido más variado, con la participación de compañeras y compañeros en Madrid, Castilla-León, Aragón, Cataluña.

Un tema que animó mucho el funcionamiento de La Comuna es la Querella Argentina contra los crímenes del franquismo.

En el manifiesto de presentación de La Comuna se define un tiempo histórico del que han sido protagonistas: “Ese fue nuestro tiempo: el franquismo tardío.” Le pregunto a Manuel su visión sobre esos años convulsivos.

MBC: En los últimos años del franquismo, en los años ‘70, aparece una izquierda a la izquierda del partido comunista, con gente joven muy activa y muy radicalizada en algunos casos. Ante esto la represión del régimen se recrudece. Es decir, después de haber estado ahí, aparentemente, un poco aplacada, la represión se recrudece.

Están las cifras de las personas procesadas por el Tribunal de Orden Público, las cifras de asesinatos en plena calle, por hacer una pintada, en un control de carreteras. Nosotros hemos hecho una recopilación de unas 55 o 60 personas asesinadas en los tres o cuatro últimos años del franquismo. Asesinadas simplemente porque si, por ir a una manifestación por ejemplo, porque estaban todas prohibidas las manifestaciones y habitualmente eran disueltas a tiros. No existían ni siquiera las balas de goma ni los gases lacrimógenos. No había más que tiros de pistola y ráfagas de ametralladora para disolver las manifestaciones. Y se encargaban de eso la Brigada Político Social y, de manera muy destacada, la Guardia Civil.

Al mismo tiempo que ocurre esto, ya hay determinados contactos entre sectores del antifranquismo y sectores del franquismo, determinadas exploraciones mutuas de cara a ver qué va a pasar después de la muerte de Franco.

Los inicios de la “Transición pactada”, como se la llama, no empiezan después de la muerte de Franco: hay indicios claros de que empieza antes.

De hecho cuando se celebra en Suresnes el famoso congreso del Partido Socialista, donde sale elegido secretario general Felipe González, éste viaja a Suresnes bajo la protección de dos miembros de los servicios secretos españoles.

JM: Claro, y ahí la CIA también juega un importante papel, ¿no?

MBC: Así es. La situación estratégica de España en Europa, la geopolítica, manda en muchas cosas. La socialdemocracia alemana y los norteamericanos, desde Eisenhower y aun antes, habían prestado mucha atención a España, como “protectores” y “avaladores” de la dictadura de Franco. Las bases norteamericanas en España, las inversiones norteamericanas, las multinacionales que se colocan aquí.

Incluso los viajes de ministros españoles a Estados Unidos, visitas al FBI, etc. En el año 1972 el Ministro de Gobernación, Tomas Garicano Goñi, viaja a Estados Unidos acompañado de destacados miembros de la Brigada Político Social a visitar y a ser aconsejados por el FBI, un viaje que sale en toda la prensa aquí.

Entonces, ante la previsible muerte de Franco, todos estos hilos se ponen en marcha. Los servicios secretos norteamericanos, el dinero de la socialdemocracia. Pero el PSOE entonces no existe, cuando era absolutamente necesario para contemplar un régimen estable después de la muerte de Franco.

El instrumento que podía tener aceptación popular era el PSOE, pero nos encontrábamos con que el PSOE no existía, eran unos grupos dispersos y lo que se llama PSOE no tenía una presencia para nada importante, no se puede considerar que tuviese una presencia seria. Por lo tanto, los medios de comunicación se vuelcan a destacar a sus escasos dirigentes.

A mí me recuerda una anécdota histórica. Cuando se forma la OTAN, estando en Nueva York el socialista Indalecio Prieto, la prensa norteamericana le pregunta que es lo que opina sobre la OTAN. Y el responde diciendo que lo primero que hará España cuando se reestablezca la democracia es incorporarse a la OTAN.

Por lo tanto, cuando aquí Felipe González y el PSOE dijeron sobre la OTAN “de entrada NO”, los que nos habíamos molestado en leer cuatro páginas de historia, evidentemente no nos lo creímos ni poco ni mucho.

JM: ¿Este proceso de renovación por arriba es lo que se llama la “Transición pactada”?

MBC: Si. En este caso el Partido Comunista dirigido por [Santiago] Carrillo, que era fuerte, no lo suficiente, pero si era fuerte, lo que piensa es que es “su momento”. Porque de alguien había que echar mano. Si el PSOE no estaba estructurado, hacía falta un ínterin, una transición dentro de la transición, que de un respiro a la formalización organizativa y orgánica del PSOE.

El PSOE necesitaba unos pocos años para lograr tener su militancia, sus estructuras organizativas, sus aparatos propagandísticos, para conformarse como partido con aspiraciones a gestionar el Estado.

Y entremedias, ¿quién puede hacer de puente? Evidentemente el Partido Comunista. Sobre todo un puente que haga cruzar por encima de las espaldas del pueblo. Que se pueda pisar por encima de las espaldas del pueblo.

Esa es la lectura real que tiene ese franquismo en trance de renovarse. Porque todo el franquismo intenta esa renovación, por fuera de algún fleco secundario, porque no hay ningún sector del franquismo que quiera suicidarse. El franquismo quiere renovarse y necesita nuevos gestores, porque ha quemado sus propios gestores, primero los de Falange, luego los del Opus Dei, los tecnócratas, etc. Además están en plena crisis económica desde 1970 o 1971, que luego con la crisis del petróleo del ‘73 se agudiza.

La cuestión para ellos era como aprovechaban esa crisis económica, es decir, como pasaban de 100.000 parados que había con la muerte de Franco, a 2.000.000 con Felipe González. ¿Cómo hacer la reestructuración industrial, la reestructuración económica, que exigía millón y medio más de parados, en condiciones de dictadura? Imposible. Sobre todo cuando en España el activismo de las organizaciones más jóvenes estaba en alza. Tanto su activismo como el número de sus seguidores y militantes estaban en alza. Estaban teniendo una aceptación mayor, sobre todo en el sector obrero, en el sector trabajador joven y el sector estudiantil joven.

JM: Había un ascenso de luchas obreras y sociales…

MBC: Claro, estaban teniendo más aceptación estas organizaciones jóvenes que habían nacido a finales de los años ‘60. Entonces era una situación un poco peligrosa. Hasta el extremo que una organización como ETA se había cargado al número dos del régimen [en referencia a Luis Carrero Blanco muerto en un atentado de ETA cuando era Presidente del Gobierno]. No era ninguna broma.

Por lo tanto necesitaban alguien, hasta que el PSOE estuviese dispuesto con capacidad para ejercer, necesitaban que alguien sujetase todo eso. Y Carrillo piensa que es su momento. Realmente lo era, lo que pasa que el papel que le asignaron no era el papel que él querría haber desarrollado. Una cosa era el guion que él se había preparado, es decir, que el Partido Comunista fuese una pieza básica, no solo en la calle sino en el gobierno. Mientras que para el franquismo el papel que le estaba adjudicando era clave en la calle… ¡pero no en el gobierno! En el gobierno esperarían, esperarían al PSOE.

Y esos gobiernos de transición, de reformulación de la derecha, esa transición fue un gobierno de apaño, pero muy apañado, el de la UCD [Unión de Centro Democrático], con diversas corrientes del franquismo.

Y durante esos años el PC aguantó, aguantó a la gente y le dieron una varita mágica para ayudarle a que sostuviese, apaciguase al personal [la militancia]. Esa varita mágica era “el miedo al ejército”, el “miedo al golpe de estado”.

Y como no era muy eficaz esa varita, porque las movilizaciones y el movimiento asambleario eran muy fuertes, se montaron un “amago”, que fue el intento de golpe de estado del 23F.

Se ríe bastante cuando menciona lo del “amago”, y dice que esa es su lectura y la de bastantes personas sobre estos hechos. Una lectura que desafía uno de los grandes “relatos” de la Transición, que fue clave para convertir al Rey Juan Carlos en un “demócrata” de la primera hora, tratando de esconder que era el heredero de Franco.
MBC: El 23F se montó con la complicidad del rey, con la complicidad incluso del PSOE. Y lanzaron ahí a cuatro matones de la Guardia Civil, con Tejero y compañía. Seguro que varios de ellos tenían intenciones golpistas, pero su significación social en España en ese momento, para los grandes grupos de poder…era otra, claro.

Pero aquello resultó, porque tres días después se hizo la famosa manifestación con Fraga Iribarne, Carrillo, Felipe, todos unidos “en defensa de la democracia”. Y sirvió para frenar una serie de cosas y para endurecer una serie de leyes.

Este fue un poco el “arreglo por arriba”, que llevó al pacto de la Transición y que llevó a algo que a nosotros nos interesa especialmente en este momento, que es la amnistía.

Había en ese entonces un movimiento por la amnistía, por la libertad de los presos, fuertísimo. Y después de varios vaivenes, de varios indultos, llegó la amnistía total de octubre de 1977, después de las primeras elecciones.

Esta amnistía tenía una característica antijurídica que llama poderosamente la atención. La amnistía tenía dos artículos. El primero estaba dedicado a los que lucharon contra el franquismo, que se nos amnistiaba y salíamos de la cárcel. Pero se nos amnistiaba, ¿de qué delitos? ¡De los “delitos” de haber luchado contra Franco! Pero yo no necesitaba ninguna amnistía. Al revés… ¿O acaso se ha visto que se amnistiase a los miembros de la resistencia francesa que lucharon contra el gobierno de Vichi o contra los nazis? ¿O a los alemanes de la resistencia clandestina que lucharon contra Hitler? No necesitábamos una amnistía, lo que necesitábamos era salir de la cárcel y que se anulasen nuestros juicios y consejos de guerra. Porque eran juicios y consejos de guerra de un Estado fascista, de una dictadura fascista.
Pero, en cambio, se nos aplicó la amnistía como si hubiésemos delinquido.

Y el artículo segundo, amnistiaba a los propios fascistas. Un contrasentido, porque una amnistía solo es aplicable a aquel que ha sido juzgado por un delito y condenado por un delito. No puedes amnistiar a alguien que está en su casa disfrutando de privilegios económicos por haber servido a una dictadura fascista. Alguien a quien nadie ha investigado, nadie ha juzgado, nadie ha condenado. ¿De qué le amnistiaban?
Un contrasentido jurídico absoluto, pero que correspondía a un pacto político entre un sector de la oposición antifranquista, circunscripto fundamentalmente al Partido Socialista, al Partido Comunista, y a las burguesías democráticas del País Vasco y Cataluña. Esas eran las cuatro patas de una de las partes del pacto, y del otro lado, el conjunto del franquismo.

JM: Este pacto se mantuvo 35 años, se garantizó la impunidad.

MBC: Así es, se ha mantenido hasta hoy, se sigue manteniendo. Pero hoy muchos grupos y manifestantes protestan y empiezan a poner en cuestión el régimen del 78, el régimen monárquico del 78 (algo que todos aceptaron porque todos se hicieron monárquicos, todos los del pacto).

Cuando los manifestantes cuestionan el régimen, están planteando la ruptura de ese consenso de la transición. El régimen del 78 se basa sobre estos pactos de Transición, pactos de impunidad de la dictadura. Hoy todo eso se está poniendo en cuestión.

Y en esto, desde La Comuna, desde la mayor parte de las asociaciones de la Memoria y todos los colectivos que integran la Querella Argentina, estamos aportando a esa crisis del régimen del 78, colaborando en su resquebrajamiento.






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