Política

OPINIÓN

Entre el tsunami verde y el paro nacional: la potencia de las calles para frenar el ajuste

Macri y el relato de la “economía emergente”. El peronismo, la deuda y el FMI. Moyano y el paro nacional del 25J. La pelea por el derecho al aborto y los caminos para enfrentar el ajuste.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Viernes 22 de junio | Edición del día

En el mediodía de este jueves, horas antes de que Argentina fuera derrotada por Croacia, el presidente Macri “agradeció profundamente” su labor a Juan José Aranguren.

Para millones de personas, el ex gerente de Shell es el rostro de un brutal tarifazo que golpea sus condiciones de vida. Para Macri y un sector del gran empresariado fue el garante de sus fabulosas ganancias.

Apenas un día antes, el ex ministro Luis Caputo había celebrado la corrida cambiaria y acuerdo con el Fondo, como “lo mejor que nos podía pasar”.

Anotemos que no hay aquí un problema de “tacto” o un “error comunicacional”, como suele argumentarse. Las frases reflejan el verdadero carácter del ajuste en curso. La “alegría” del presidente y sus funcionarios conlleva un horizonte de pobreza y desocupación para millones de personas.

Recientemente el diputado del FIT Nicolás del Caño lo definió como “un plan de guerra contra el pueblo pobre”. El dirigente de izquierda no exagera.

Celebración de las cadenas

El gobierno festejó la elevación de Argentina a “mercado emergente”. Lo hizo con la falsa grandilocuencia que es propia del macrismo.

Sin embargo, los números que suenan como eventuales “nuevas inversiones” rondan apenas los U$s 4.000 millones en el plazo de un año. La cifra empalidece si se tiene en cuenta que el monto es similar a lo que liquidarían las grandes cerealeras y patronales agrarias…solo en el mes de julio.

La decisión de Morgan Stanley semeja más un guiño a la gestión Macri, que un cambio real.

La misma está fundada en la falta de trabas o restricciones para el ingreso o salida de fondos de la economía. Esas medidas, presentadas en su momento como la danza que haría llover inversiones, fueron parte de las que condujeron a la crisis actual.

Es, también, un fuerte condicionamiento. Limita cualquier medida, por mínima que sea, que pudiera cuestionar ese libre movimiento de capitales.

El acuerdo con el FMI, y el correspondiente plan de ajuste, no hacen más que profundizar la dependencia en relación al capital imperialista. Se trata de ataduras que no nacieron durante el ciclo macrista. Por el contrario, los problemas que afloran en la crisis cambiaria se alimentan de una dependencia estructural que se consolidó en las últimas décadas.

Sirve a modo de ilustración el peso del capital imperialista entre las 500 grandes empresas del país. Allí los “locales” son clara minoría hace tiempo. Durante el ciclo kirchnerista, a pesar del discurso “soberantista”, ese panorama no se alteró en lo sustancial.

Los números hablan por sí solos. En 1993, 281 empresas eran de capital de origen nacional entre las primeras 500. En 2004 se redujeron a 165. El dato de 2016 cifraba en 192 las corporaciones nativas. El dato ilustra las continuidades en una estructura nacional con enorme peso del capital imperialista.

Añadamos una pincelada más al cuadro. La del carácter de “pagadores seriales” reivindicado por la expresidenta. Esa decisión le costó al país más de U$S 200.000 millones. Una cifra sideral que fue a parar al bolsillo del gran capital financiero y de los grandes especuladores.

Los números también ponen al desnudo que el masivo drenaje de recursos nacionales solo puede detenerse con medidas que ataquen al gran capital.

Dejar de pagar la ilegitima deuda pública a los especuladores constituye una medida elemental en ese sentido. Junto a la nacionalización de la banca, bajo control de los trabajadores, y al monopolio estatal del comercio exterior pueden permitir frenar el saqueo en curso.

Vale señalar que un programa de este tipo solo es levantado desde el Frente de Izquierda. En el peronismo abundan “pagadores seriales” y amigos de acordar con el FMI, como se vio en la frustrada sesión del pasado martes en Diputados.

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Techos, pisos y roscas

Este jueves, el gobierno nacional anunció que “intimaría” a Camioneros para que rectifique lo anunciado sobre su acuerdo paritario. La amenaza suena cómica. Y desnuda la debilidad del oficialismo, obligado a aceptar el fin del fantasmal techo del 15 % en negociaciones salariales.

En esa tensión constante que moldea la relación entre gobierno nacional y moyanismo, hay también una ganancia para el Ejecutivo y el gran empresariado. El 25 % firmado por Camioneros fija otro techo salarial. Uno que, claramente, es inferior a la inflación ya pronosticada.

Vale la pena preguntarse que hará Moyano con el triunfo conquistado. ¿Se convertirá, nuevamente, en un baluarte de la tregua sindical aunque lo haga con un discurso combativo? ¿Seguirá actuando como pivote del armado político que utiliza cierta movilización controlada para empujar el rearmado peronista hacia el 2019?

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La trayectoria del “hombre del camión” abre ambas posibilidades, que no resultan excluyentes entre sí. Ese historial confirma, además, que más allá de los vaivenes su lugar es el de amortiguador de las tensiones sociales, sea encabezando la protesta social, sea congelándola.

Después, de todo, para el vandorismo el golpe es solo el momento táctico. Lo estratégico está en la mesa de negociaciones.

Este lunes el conjunto de la dirigencia sindical burocrática irá a un paro culposo, casi a disgusto. La vida de magnate millonario de los Cavallieri, Daer, Caló o Pignanelli los aleja de la realidad de millones de trabajadores y trabajadoras que expresarán su bronca. Lo harán a pesar del chaleco de fuerza de esa burocracia sindical peronista.

Ese enorme descontento podría haberse transformado en fuerza y organización consciente del paro. Si como proponen el sindicalismo combativo y la izquierda, hubieran existido asambleas para debatir la medida de lucha y su continuidad, ese malestar se expresaría aún más potente.

Pero, ya se sabe, para la burocracia sindical peronista, la discusión democrática entre los trabajadores es un "crimen de leso trotskismo”. Una razón más para luchar por reconquistar los sindicatos de manos de esos dirigentes traidores.

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Los palacios y las calles

La multitud que rodeó el Congreso Nacional hace poco más de una semana ratificó un axioma. En la Argentina los derechos se conquistan en las calles.

La media sanción del derecho al aborto constituyó un importante paso. La Cámara de Diputados se limitó a sancionar lo que era un reclamo de multitudes. Un reclamo desarrollado por un fuerte movimiento de mujeres que crece hace años en Argentina y en el mundo

El acuerdo trasversal que terminó ganando la votación tuvo y tiene su “lado B”. La transversalidad también cruzó a peronistas y macristas en contra del derecho al aborto. Los argumentos retrógrados no vinieron solo del oficialismo. Fue “en nombre de Evita” que una diputada pidió votar en contra de lo que reclamaban miles de gargantas fuera del Congreso.

El escenario se repetirá, todo indica, en el Senado. Ya algunos integrantes de esa aristocrática cámara –que representa lo más conservador de las oligarquías provinciales- han anunciado negativas, dudas y reparos.

La pelea por el derecho al aborto tendrá una nueva batalla en el Senado. Una batalla que se debe preparar, desde ahora mismo, en cada lugar de trabajo y de estudio. Una batalla que requerirá, nuevamente, una multitud en las calles.

Pero el poderoso movimiento social y político que se ha desatado está para más. Su enorme potencia puede y debe ir más allá de la conquista del derecho al aborto en el Congreso.

El enorme tsunami verde se desata en las calles, en los lugares de estudio y en muchos lugares de trabajo al tiempo que se desarrolla un nuevo saqueo sobre el conjunto de la nación. Un saqueo que ya empuja hacia abajo las condiciones de vida del conjunto de trabajadores y trabajadoras.

Esa situación impone unir el poderoso movimiento de mujeres que lucha por el derecho al aborto con el conjunto de la clase trabajadora y el pueblo pobre que denuncian y enfrentan el ajuste en curso. Se trata de una tarea urgente y de carácter estratégico.







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