Cultura

ANIVERSARIO: REVOLUCION RUSA

Entre el mundo de la sensibilidad y la construcción del futuro

Miércoles 26 de noviembre de 2014 | Edición del día

Imagen: Fragmento de "Tatlin trabajando" de El Lissitzky.

A principios del siglo XX surgen los movimientos artísticos organizados en Rusia, que discutieron centralmente qué debía ser el arte. En el terreno de las artes plásticas, una de las tendencias más importantes fue el suprematismo, elaborado teóricamente por Kassimir Malevich, que abrió el mundo de la no-representación. Hasta ese entonces, la pintura simplemente representaba la realidad. El suprematismo implicó una abstracción geométrica elemental, cuadros con colores planos y figuras geométricas, rechazando la función utilitaria y la representación gráfica.

En 1915 publicaron un manifiesto, redactado con la colaboración de Maiakovski. El mismo declamaba: “(...) para el suprematista siempre será válido aquel medio expresivo que permita que la sensibilidad se exprese de modo posiblemente pleno como tal y que sea extraño a la objetividad habitual. Lo objetivo en sí mismo no tiene significado para el suprematismo, y las representaciones de la consciencia no tienen valor para él. Decisiva es, en cambio, la sensibilidad; a través de ella el arte llega a la representación sin objetos, al suprematismo. (...) El arte ya no quiere estar al servicio de la religión ni del Estado; no quiere seguir ilustrando la historia de las costumbres; no quiere saber nada del objeto como tal, y cree poder afirmarse sin la ‘cosa’ (por tanto, sin la ‘fuente válida y experimentada de la vida’), sino en sí y por sí”.

Es decir, apuntaba a valorizar los elementos propios de la pintura, fenomenizando el espacio en símbolos geométricos. Proclamaba la supremacía absoluta de esa sensibilidad. La primera obra abstracta de Malevich data de 1913, el famoso “Cuadrado negro sobre fondo blanco”. Él mismo subdivide al suprematismo, en tres fases: el período negro, el período de color, y el período blanco. Es a partir de 1918, que empieza a pintar formas blancas sobre fondos blancos, expresando “la esencia misma del arte” donde ha sido extraída de todo lo posiblemente representable.

Entre los artistas más destacados que adhirieron a esta tendencia, se encuentran Chagall, Pevsner, Gabo y Kandinsky; quienes consideraban que la función del artista era centralmente espiritual y educativa. Aunque después de la revolución varios suprematistas, participaron activamente de las campañas y eventos políticos.

Siguiendo las principales premisas del suprematismo, se desarrolló el constructivismo. Vladimir Tatlin fue su mayor referente. Trabajaban de manera similar a los suprematistas, jerarquizando los elementos formales de las distintas disciplinas, y el objetivo común fue la búsqueda en la innovación del arte.

Pese a que señalan nuevos caminos, después de la Revolución rusa las divergencias entre los grupos se manifestaron con mayor fuerza y en el constructivismo se desarrollaron diferentes tendencias.

Gabo y Pesvner, en agosto de 1920, publicaron el “Manifiesto del Realismo” para diferenciarse. Dicen allí: "Todo es ficción, solo la vida y sus leyes son auténticas, y en la vida solo lo que es activo es maravilloso y capaz, fuerte y justo, porque la vida no conoce belleza en cuanto medida estética. (...) Perecen los Estados y los sistemas políticos y económicos; las ideas se derrumban bajo la fuerza de los siglos, pero la vida es fuerte y crece y el tiempo prosigue en su continuidad real”.

En su respuesta, la tendencia productivista publicó su programa, escrito por Rodchenko y Barbara Stepanova, reflejando las ideas políticas de Tatlin, y que se oponía al neutralismo propugnado por Pevsner. Allí dicen: la “Misión del grupo productivista es la expresión comunista del trabajo constructivo materialista”. Una de las obras más relevantes de Tatlin, fue “El monumento a la III Internacional”, un proyecto arquitectónico, donde utilizando innovaciones plásticas se proponían aportar en concreto a la construcción de la nueva sociedad, es decir mostraban abiertamente sus posiciones políticas.

Más allá de las diferencias entre tendencias, muchos de los artistas trabajaron juntos desarrollando exposiciones, festivales públicos, y emprendiendo diferentes proyectos, como la campaña de afiches de la Rosta, además de dirigir la escuela oficial de educación artística y técnica creada por el gobierno soviético. Varios participaron de actividades del “Proletkult”, que era un frente que reunía distintas disciplinas artísticas promoviendo lo que consideraban un nuevo arte ligado a la clase que había hecho la revolución, y proponían elaborar una cultura proletaria.

También reunió a muchos de ellos, hacia 1924 la salida del Nº 1 de la revista del “Frente de Izquierdas de las artes - LEF”, un agrupamiento en donde se encontraban futuristas, constructivistas y todo intelectual comprometido en sostener la construcción del naciente estado obrero. Rodchenko realizo muchas sus tapas, utilizando la técnica del fotomontaje. Maiakosvki escribía: “El LEF, debe pasar revista a sus filas repudiando el pasado. El LEF debe unificar el frente para minar lo viejo, para marchar a la conquista de una nueva cultura”.

Fin de las vanguardias y burocratización

En la primera etapa de la revolución, desde el Estado se favoreció al desarrollo de todas las tendencias artísticas, entre ellas las vanguardias, que fueron parte de la construcción de las nuevas instituciones. Malevich fue profesor de la Academia en Moscú, Marc Chagall en Vitebsk. Tatlin, Kandinsky y Lissitsky también tuvieron puestos, como tantos otros.

Las escuelas eran un hervidero de ideas. Tanta relevancia tuvieron estas discusiones que llegaron a involucrar a dirigentes del Partido Bolchevique; por ejemplo, Trotsky en Literatura y Revolución discutió con algunas posiciones de estas tendencias y resaltó la unión entre el arte y la vida al que apostaban las vanguardias.

Pero luego de la muerte de Lenin, con la burocratización del joven Estado obrero, la línea de la cultura oficial en las artes se cristalizó en un culto a la personalidad. Se unificaron las organizaciones en que participaban y se disolvieron los agrupamientos e instituciones de los que muchos de ellos formaban parte. Quedaron atrás los días de debates abiertos, y la crítica estética pasó a ser un juicio de fidelidad a Stalin. Muchos artistas se fugaron hacia Occidente, mientras que los pocos que se quedaron fueron censurados o impedidos de difundir sus obras; y luego de 1934, cuando se impuso el “realismo socialista”, se implementaron medidas policiales y de persecución: muchos pagaron con su vida o fueron enviados a la cárcel.

Sin embargo, entre los manifiestos y las disputas, las innovaciones de las distintas escuelas y los nuevos elementos técnicos, pictóricos y conceptuales, estos agrupamientos reformularon las artes plásticas. Hoy, estas vanguardias siguen teniendo vigencia e influencia, por ejemplo hicieron aportes a los métodos de enseñanza que más tarde fueron tomados por la Bauhaus, incluso luego de ser diezmadas.






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