Sociedad

ENERGÍAS RENOVABLES

Energía, salud pública y las alternativas ante la megaminería y el fracking

Un recorrido por las luchas del pueblo trabajador contra la contaminación causada por la energía fósil y la nuclear y cuáles son las tecnologías existentes para reemplazarlas.

Andrés Arnone

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA)

Sábado 22 de octubre de 2016 | Edición del día

Intentamos aquí responder algunas preguntas abiertas en entorno al debate que plantean Nicolás Daneri y Mariano Saleh en su nota El desafío es generar electricidad sin gases de efecto invernadero, ya que en la nota en cuestión afirmaban que la única alternativa real frente la contaminación generada por las energías fósiles es la contaminación generada por la energía nuclear:

“Hoy por hoy solo los combustibles fósiles y los nucleares son tecnológicamente viables. La prioridad y el desafío es reemplazar los combustibles fósiles con otra forma de generación que permita reducir a la mínima expresión el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero”.

Vamos a hacer un repaso de algunas de las energías alternativas existentes para hacer frente a la degradación para el medioambiente y la salud que producen tanto las energías fósiles como la nuclear.

Aclaramos desde el principio que estar en contra de la energía nuclear “realmente existente”, no implica que censuremos las investigaciones para llegar a hipotéticas tecnologías del futuro que nos permitirían tener energía en abundancia, pero sin poner en riesgo el medio ambiente ni la salud pública, como sucede en la actualidad.

Salud pública y el ambiente

Al igual que el activismo en contra del fracking contaminante, en las ciudades cercanas a los yacimientos mineros de uranio vienen hace años luchando evitar su explotación y reclamando al Estado la remediación de las mismas. El incidente más reciente en minería el de Veladero, donde la Barrick gold derramó miles de litros de cianuro.

La minería de uranio se basa en los mismos métodos que toda minería a cielo abierto, dinamitando y excavando grandes masas de tierra, liberando polvo toxico a la atmosfera y usando químicos altamente tóxicos que se filtran a los ríos.

La Barrick Gold además de extraer oro en todo el mundo, también se dedica al uranio, el mismo que se utiliza en las centrales nucleares para hacer hervir el agua y mover las turbinas de vapor, generando electricidad.

La energía nuclear empieza en la megaminería

La energía nuclear actual (no la hipotética, la experimental o los prototipos futuros) se alimenta de uranio, un metal altamente tóxico aun en dosis pequeñas. En el caso de la central Atucha II, ubicada en Campana, Buenos Aires, se “quema” alrededor de 180kg de uranio por día.

Las cientos de miles de toneladas de residuos radioactivos generadas por las plantas nucleares de todo el mundo se los deposita en las centrales, se esconde en minas abandonadas o simplemente se los arroja al océano.

Este combustible nuclear se extrae de la tierra usando los mismos métodos contaminantes que toda megaminería. La reservas mundiales de este mineral alcanzarían sólo para 50 a 70 años más, usando la tecnología actual.

En Argentina tenemos la mina de uranio Los Gigantes, Córdoba, que en el año 1985 el ex titular de la CNEA(Comisión Nacional de Energía Atómica), Alberto Costantini, admitió la contaminación química de los arroyos de la zona.

Para obtener el unos pocos kilos de uranio se deben remover cientos de toneladas de tierra, liberando al aire radón, un gas radioactivo que provoca cáncer, y utilizando para su lixiviación cientos de miles de litros de agua mezclada con acido sulfúrico, que terminan filtrándose en las napas y ríos.

En 1986, las poblaciones cercanas empezaron a denunciar el impacto ambiental, evidenciándose ciertos síntomas colaterales como el color verdoso y grisáceo del Río San Antonio y la mortandad de cardúmenes completos de pejerrey y otras especies en las costas del Lago San Roque. De este lago toma sus aguas la ciudad de Córdoba Capital.

En Mendoza la Suprema Corte de Justicia falló en 2012 contra el Gobierno Nacional por la contaminación que dejó en la mina uranífera cercana a la ciudad de Malargüe. Se trata de una sanción aplicada luego de detectar altos niveles de uranio en los cauces de agua. Por ese crimen la CNEA fue condenada solamente a pagar $1 millón al Departamento General de Irrigación. Las filtraciones continúan al día de hoy.

En la misma provincia, en la mina de Sierra Pintada de San Rafael, se multa en el 2013 nuevamente a CNEA por $ 300.000, por contaminar con uranio, radio, y otras
sustancias toxicas el arroyo El Tigre y el Río Diamante.

También hay otras minas de uranio abandonadas que siguen contaminando las aguas de Salta, San Luis, La Rioja, en Chubut, además de proyectos de explotar nuevos yacimientos en Jujuy y Catamarca. En alguna de estas minas la CNEA quiere depositar también las miles de toneladas de residuos nucleares que vienen acumulando en sus instalaciones.

Al existir gran resistencia y movilización popular ante la apertura de estas minas se conquistaron leyes en algunas provincias que las prohíben.

En este sentido el Frente de Izquierda impulsa la lucha por una Ley Nacional para prohibir la megaminería contaminante en todo el país:

“A los efectos de garantizar debidamente los recursos naturales con especial énfasis en la tutela del recurso hídrico, se prohíbe en el territorio nacional, el uso de sustancias químicas como cianuro, mercurio, ácido sulfúrico, y otras sustancias similares en los procesos mineros metalíferos de cateo, prospección, exploración, explotación y/o industrialización (en el área de extracción) de minerales metalíferos obtenidos a través de cualquier método extractivo”.

Es por estas luchas sociales contra la minería de uranio, se lo importa para el funcionamiento de las centrales nucleares Embalse, Atucha I y Atucha II se importa en su mayoría de Canadá. En ese país, cuna de la Barrick Gold y de las principales mineras, se modificó la ley especialmente para que en el caso la minería de uranio, los lagos y cursos de agua dulces no caigan en la prohibición de verterles desperdicios tóxicos.

O sea, que el pueblo trabajador de otros países con menos organización y tradición de lucha, está pagando con su salud y deterioro del ambiente, nuestra energía nuclear consumida. La solidaridad internacional, además de una cuestión de principios, es una necesidad, como lo planteo Marx.

Un baño de realidad en las costas de Fukushima

¿Cuál es la probabilidad de un accidente nuclear? A Cuantas personas afectaría un accidente en las plantas nucleares de Córdoba o Buenos Aires. Cuando los accidentes finalmente ocurren poco le importan las probabilidades y estadísticas a los muertos y enfermos.

Según un estudio dirigido por el Dr. Lelieveld, profesor del Instituto Max Planck de Química (Alemania), un accidente nuclear catastrófico como los de Fukushima o Chernóbil puede producirse en alguna de las 450 centrales existentes en el mundo, una vez cada 10 o 20 años.

Luego de 5 años del terremoto y tsunami que destruyó gran parte de Japón en 2011, incluyendo la central nuclear de Fukushima, los efectos de la radiación siguen expandiéndose en la región. En declaraciones recientes al diario El Mundo los habitantes de la zona declararon:

“Cuando sucedió el accidente, mi hijo formaba parte de una banda de música después del colegio. Sufrió una hemorragia nasal tan terrible que gastó una caja entera de pañuelos de papel. Ahora, cuando se va al colegio andando, le sangra la nariz. Las hemorragias nasales son tan intensas que le he pedido que abandone la banda de música”, se lamenta Makiko, madre de un niño de 13 años. “Desde 2012, mi hija mayor empezó a sufrir una extraña enfermedad de la piel, se le vuelve de color rojo y morado. Le duele y le escuece al mismo tiempo. Aparece y desaparece”, relata por su parte Yukie, madre de otra niña de seis años.

La ciudad de Koriyama alberga la mayor población de niños con cáncer de tiroides confirmado y de casos sospechosos. Según datos aportados por el Gobierno japonés, se han registrado en Japón 13 casos de empleados que han contraído algún tipo de cáncer a raíz de los trabajos de limpieza en centrales nucleares, y por la primera se reconoció una compensación por un caso relacionado con el accidente de Fukushima.

¿Cuántos trabajadores aceptan seguir jugando a esta ruleta rusa solo para obtener electricidad? A raíz de esto está resurgiendo un activismo que no le interesa debatir cuantas balas entran en el revólver, y hace carne la lucha por eliminar la energía nuclear de los riesgos que eligen para sus vidas.

Mientras tanto cada día las ruinas de la planta nuclear de Fukushima siguen derramando miles de litros de agua radioactiva al océano, afectando la vida marina y llegando a toda la población de sus costas.

Los sectores pro nucleares aceptan los costos sociales, ambientales y el riesgo latente como un “mal menor”, afirmando que para dejar de producir gases de invernadero y terminar con la contaminación propia del petróleo y el gas, no existen ninguna otra opción tecnológica en el presente que no la energía nuclear.

Y sin embargo… se mueve

Sin embargo, desde hace décadas que los ingenieros vienen aplicando las leyes básicas de la física para almacenar la energía usando lo que se llama “represas de bombeo o reversibles”. Esto le viene permitiendo a las centrales térmicas y nucleares funcionar a pleno rendimiento durante la noche aunque haya menor consumo, sin apagarlas, y acumular esa “electricidad sobrante” nocturna para usarla de día, cuando hay mayor consumo.

Estas se basan en bombear agua hacia una laguna elevada o embalse y cuando se la necesita se la deja caer para mover una turbina. Aunque en este proceso de subir, acumular y dejar caer agua se pierda una parte de la energía, esto no es problema ya que la energía renovable, la que defendemos en esta nota, es infinita.

Al no depender de grandes embalses al estilo de Yaciretá, y hasta pudiéndose instalar fuera del cauce de los ríos, tienen mucho menos impacto negativo. Este es el sistema más sustentable en el presente para respaldar la energías renovables y así evitar apagones cuando hay no hay viento o luz solar, sin tener que recurrir a combustibles fósiles o nucleares.

En Argentina se inauguró en Córdoba en el año 1986 el complejo hidroeléctrico Río Grande. Puede bombear millones de litros hacia el embalse superior y liberar esa energía cuando se la necesite. Fue construida por la empresa estatal Agua y Energía, tiene 750 MW de potencia y una generación anual de 980 GWH.

El otro ejemplo es el de La Muela I y II en España, con 1700 MW instalados. Este embalse y su “piletón gigante” del tamaño del barrio de San Telmo, funciona desde 1989 y genera unos 1.600 GWH por año. En EEUU se inauguró en 1985 la reserva de energía de Bath County, sus embalses ocupan una superficie como la del autódromo de Buenos Aires, tienen una potencia de 3.000 MW y produce energía durante 10 horas antes de tener que recargarse.

Si comparamos esto con la producción anual de las 3 centrales nucleares de Argentina de unos 7.500 GWH, y con los 90.000 GWH de lo producido por petróleo y gas en 2015, la instalación de turbinas eólicas, junto a métodos de acumulación de energía para cubrir esa demanda es algo totalmente dentro de lo posible. En la actualidad la energía renovable (actualmente compuesta casi totalmente por hidráulica tradicional) provee 42.000 GWH por año.

Otros de los ejemplos existentes, es el de Uruguay, un país casi 10 veces mas chico que Argentina, tanto en cantidad de habitantes y consumo eléctrico, como en recursos eólicos, solares e hídricos. Allí la energía eólica es de alrededor del 30 %, y se respaldan actualmente en las presas construidas hace décadas. Junto con las represas, biomasa y solar, llegaron a puntos de cubrir más del 90% del consumo eléctrico. A la par de ampliar la instalación de turbinas eólicas, proyectan la construcción de lagunas de acumulación de energía por un precio de unos U$S 2.000 millones los 1.000 MW.

Lejos de ser casos aislados, o ser una “tecnología inmadura” existen en todo el mundo más de 160 GW de potencia instalada en 350 centrales, y planes continuos de construcción para respaldar y acumular físicamente la energía eólica y solar. El tiempo de duración de estas “baterías gigantes” dependerá del volumen de agua en cada laguna.

Quemar plata o asegurar el futuro

Cada año las importaciones de petróleo representan unos U$S 7.000 millones, en gas U$S 6.000 millones y la de uranio unos U$S 20 millones. Todo esos recursos gastados en importaciones, o lo que se gastaría en extraerlos localmente, es plata quemada, literalmente.

Si analizamos el reciente acuerdo que firmó Macri con China por 2 nuevas plantas nucleares en Argentina (US$ 15.000 millones), la instalación de energías renovables y su respaldo mediante centrales hidráulicas de bombeo, produciría la misma energía por casi la mitad del costo.

Para reemplazar por energía renovables los 97.500 GWH generados por combustibles nucleares y fósiles, la superficie que ocuparía la “pisada” 46.000 molinos eólicos y su respaldo mediante 100 lagunas de acumulación, sería como la de Capital Federal (pero distribuida a lo largo del país). Tomando de referencia los precios de las últimas licitaciones presentadas en Argentina y Uruguay, producir ese caudal eléctrico y respaldarlo, tendría un costo de U$S 480.000 millones.

¿Parece mucho? Esa cifra podría bajar más si las obras las ejecutarían empresas estatales, bajo administración de obreros y consumidores.

Hay recursos suficientes para la reconversión energética. Recientemente Macri, realizó un descuento a las retenciones al campo, una verdadera “donación de ingresos” hacia los grandes terratenientes que significan U$S 4.000 millones cada año.

También vemos que bajo la estafa de la deuda externa, se deben U$S 220.000 millones No pagar los intereses anuales de la deuda liberaría más de U$S 10.000 millones por año, además los “empresarios nacionales” tiene depositados en el exterior ganancias de unos U$S 400.000 millones, ganancias producidas con el trabajo cotidiano de los trabajadores.

Energía para qué

Además del debate tecnológico en si mismo, las tecnologías del futuro y si el pueblo trabajador acepta poner su vida en la “ruleta rusa” nuclear, está la cuestión de fondo de saber porque se necesita producir tanta electricidad.

A nivel industrial el capitalismo esta cruzado la obsolescencia programada, desperdiciando materia prima, energía y mano de obra para fabricar a propósito productos de mala calida, casi descartables. En la megaminería se consumen cantidades exorbitantes de agua y energía para extraer cosas que tienen poca “utilidad real” como el oro, más relacionado con las finanzas. En la agricultura también se utilizan gran cantidad de energía para sembrar no para dar comida a las personas, sino a para alimentar el mercado especulativo de granos o de biocombustibles. En la industria del la construcción se diseñan ciudades que albergarían a millones que permanecen vacías, y así con un montón de aspectos productivos, transporte, etc. que consumen recursos sin sentido ni planificación alguna.

El derecho a decidir sobre nuestras propias vidas

Como vimos, hace décadas que los ingenieros utilizan conceptos básicos de la física para almacenar energía y complementar las energías renovables, existiendo también muchos otros métodos y tantos más en desarrollo que no analizamos en esta nota.

Es absolutamente posible reemplazar la energía fósil y nuclear, las cuestiones de porque no se aplican masivamente pertenecen ya a la esfera política, a la búsqueda de ganancias del capital, el lobby minero y petrolero, la convivencia entre el Estado y contratistas privados, etc.

Esto muestra la necesidad de que el pueblo trabajador debata estos temas y se organice políticamente para decidir democráticamente que paradigma de sociedad quiere construir desde abajo, liberándolo de la explotación y del capital, dando un uso racional a los recursos, la energía, decidiendo como y que cosas producir, respetando el medio ambiente y su propia vida.







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