Política

DESAPARICIÓN Y ENCUBRIMIENTO

Encubrimiento probado: Berni banca a la “testigo” plantada por la Bonaerense contra Facundo

Cada vez que le preguntan por la desaparición de Castro, el ministro asegura creerle a una mujer que afirmó haber llevado al joven a Bahía Blanca y que confía en la “justicia”. ¿qué dice el expediente sobre la testigo E.R.?

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 28 de julio | 15:44

El combo “pandemia-inseguridad” es poco menos que un festín para Sergio Berni, más que solicitado por canales, radios y portales para brindar sus opiniones, siempre recargadas de sentido común reaccionario.

Y como para muchas empresas periodísticas la campaña securitaria y los picos de contagios mandan, son contados los casos de periodistas que le preguntan al ministro de Seguridad bonaerense sobre la desaparición de Facundo Astudillo Castro.

Una de esas ocasiones se dio en la noche de este lunes, cuando en C5N el periodista Juan Amorin le preguntó a Berni sobre el caso. Fue en los últimos minutos de una extensa entrevista de casi un cuarto de hora.

“¿Qué opinión tiene respecto del accionar de la Policía Bonaerense en el caso?”, preguntó Amorin. “Lo importante no es cómo lo veo yo, sino cómo lo ve la Justicia”, lanzó Berni sin dejar ni un milisegundo de silencio entre pregunta y respuesta. Enseguida, como dándole play a una grabación, comenzó a contar una especie de “cuentito”, con pocos datos ciertos.

Primero “rebajó” un tercio el tiempo que el joven de Pedro Luro lleva desaparecido (“usted sabe que Facundo desapareció hace más de 60 días”, le dijo a Amorin). Después chicaneó a la familia al recordar que “a los 40 días de desaparecido se hizo una denuncia por búsqueda de paradero”. Y siguió relatando los devenires de la causa judicial en su paso del fuero ordinario al federal.

Su larga respuesta finalizó con una definición calculada: “la Justicia federal hace tres o cuatro semanas que está trabajando, creo que ha avanzado mucho. Ha encontrado inclusive un testigo muy importante, que es la persona que levantó a Facundo desde el último control…”.

En ese momento el periodista lo interrumpió para recordarle que “la familia de Facundo desacredita bastante ese testimonio”. Berni cambió el tono de su rictus y, nervioso, ensayó: “bueno, esteee, eso lo deberá determinar la Justicia. A partir de allí se determanarán (sic) si hay o no responsabilidades de la Policía y si responsabilidad (sic) de la Policía se tomarán las medidas que se tengan que tomar”.

Seguí toda la cobertura del caso de la desaparición de Facundo Astudillo Castro

La aparición de la testigo E.R.

Como informó La Izquierda Diario, el martes 21 de julio la familia de Facundo presentó ante el Juzgado Federal 2 de Bahía Blanca, a cargo de María Gabriela Marrón, el pedido de recusación del fiscal Santiago Ulpiano Martínez, quien está al frente del expediente. Cristina Castro y sus abogados están convencidos de que Martínez no está investigando como se debe y estaría incurriendo en “parcialidad”.

Para la querella, el testimonio que Berni reivindica públicamente cada vez que le preguntan, en verdad configura “la mayor obscenidad procesal” por la que amerita correr inmediatamente al fiscal federal de la causa. Y vale detallar cómo, cuándo, dónde y en beneficio de quién surgió ese testimonio que consta en el expediente.

La primera información sobre la testigo “clave” apareció el martes 14 de julio a través de tuits y artículos de Germán Sasso, referente “periodístico” de La Brújula de Bahía Blanca y quien, según la propia familia de Facundo, tiene “conexiones estrechas con la Justicia Provincial, Federal y la Policía de la provincia de Buenos Aires”.

Lo que decía Sasso, casi irónicamente, en sus mensajes no lo sabía prácticamente nadie, menos aún la familia de Facundo: que ese mismo día se presentaría en la causa la declaración de “una mujer que el 30 de abril por la tarde tránsito por la ruta 3. ¿Habrá visto algo?”.

Horas después de los tuits de Sasso, la usuaria de Facebook “Erica Benitez” posteó “vuelco en la investigación por la desaparición de Facundo José Astudillo Castro. Declaró una mujer que el 30 de abril transitó por la ruta 3 y llevó a Facundo hasta la rotonda que confluye con la ruta 22. Se confirman así los dichos del último policía que lo vio, quien manifestó que lo levantó una camioneta. Es el mismo vehículo que pasó por el puesto fitosanitario a las 16:06 hs y lo dejó ahí. Luego habría sido levantado por otro conductor. La mujer que dice haberlo llevado también dijo que pasó por el fitosanitario”.

Tras recibir esos mensajes, ante semejante “revelación” y visto lo sospechoso de que se incorporara un nuevo testimonio a espaldas de la querella, a las 8 de la mañana del día siguiente el abogado de la familia Leandro Aparicio fue a la Fiscalía para conocer la declaración. Pero le negaron cualquier dato. Se fue enojado.

A las 11 llamó para reiterar el pedido y lo amenazaron con que, si seguía insistiendo, “analizarían su conducta”. Volvió a las 13:30, más enojado aún, y le confirmaron que efectivamente prestó declaración una persona pero que había pedido “reserva de identidad” y no podían darle más datos.

Con esa escueta información obtenida en mesa de entradas, Aparicio fue a hablar directamente con el fiscal Martínez. Cara a cara, sabiendo que ignoraba el contenido de la testimonial, el funcionario le relató al abogado una versión de los dichos de la mujer que (luego sabría) era contrapuesta a la real. La versión que, precisamente, difundieron los medios amigos del poder.

Además el fiscal Martínez le dijo a Aparicio que la mujer había “concurrido voluntariamente” a declarar, cosa que luego se comprobaría que no fue así. Y encima no pudo justificar sólidamente por qué le otorgó a E.R. el beneficio de la “identidad reservada”.

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La construcción de una falacia

Cuando dos días después, el viernes 17, Aparicio y su colega Luciano Peretto recibieron por Wetransfer el expediente, vieron el real contenido de la declaración testimonial de E.R. y la mentira empezó a caer como castillo de naipes (mal que le pese a Berni).

Allí (como escribieron en el pedido de recusación del fiscal) comprendieron cabalmente “la maniobra de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, para meter ‘por la ventana’ a ese testigo” en un ardid que calificaron de “burdo, repugnante, premeditado pero con acotado uso cerebral”.

Con el expediente en la mano, la familia de Facundo pudo desgajar la maniobra y comprobar cuán interesada está la Bonaerense en desviar la investigación. La secuencia no tiene desperdicios y es muy poco probable que Sergio Berni no la conozca.

  •  La noche del lunes 13 llegó un correo electrónico a la delegación Bahía Blanca de la Policía Federal (a cargo de las diligencias procesales) proveniente de la Comisaría de la Policía Bonaerense de Villarino. Allí se informaba que a las 18.40 de ese día la sargento Siomara Flores y el oficial Mario Sosa, ambos de la Bonaerense, fueron a la subestación policial de Mayor Buratovich (localidad de ese partido) y avisaron que había una nueva “testigo” de interés en la causa de Facundo.
  •  En ese mail se decía que, horas antes, un hombre (“no identificado ni conocido por él”) fue a la casa del oficial Sosa a decirle que, por intermedio de un albañil de apellido Villegas, “tomó conocimiento” de que una vecina de Buratovich “habría sido la persona que habría llevado a Facundo a Bahía Blanca y quien no se habría presentado a brindar testimonio en sede judicial y/o policial por temor”.
  •  Oh, casualidad, Sosa es uno de los oficiales que detuvieron a Facundo a las 10 de la mañana del 30 de abril en Mayor Buratovich y le labraron un acta por violar la cuarentena. De ese “encuentro” es la foto en la que se ve a Facundo junto a un patrullero y que circuló (facilitada por la misma Bonaerense) entre medios bahienses antes de viralizarse a nivel nacional.

  •  Oh casualidad 2, Flores es quien se presentó a declarar a mediados de junio y, con “inconstancias, incongruencias y contradicciones” (según la querella) dijo que el 30 de abril trasladó a Facundo unos 30 kilómetros desde Mayor Buratovich a Teniente Origone.
  •  En el mail enviado por la Bonaerense a la Federal figuraban el nombre de la testigo (como tiene “identidad reservada” evitemos problemas), su DNI y su teléfono. Al ver el correo electrónico, el oficial federal Cristian Arias García llamó a la mujer y le hizo algunas preguntas.
  •  La mujer confirmó tener un Renault Duster Oroch y que a bordo de ese vehículo “con frecuencia suele levantar a personas que ‘hacen dedo’ en la ruta”. Pero el resto de los datos que había dado el oficial Sosa son más vidriosos. De hecho la mujer le dijo varias veces al oficial Arias García que “no podía precisar que haya levantado a ese chico”, en referencia a Facundo.
  •  La mujer sí dijo que recordaba haber levantado el lunes 27 de abril (cuando Facundo aún estaba en Pedro Luro), en la “garita” de Mayor Buratovich, a un muchacho morocho, flaco, de más de 30 años, de aproximadamente 1,70 metros de altura y que, según refiere la testigo que le dijo el mismo hombre, “trabajaba en el campo”. Facundo tiene 22 años, es bastante más bajo que esa estatura y no trabaja en el campo.
  •  Aseguró que fue el 27 de abril (no el 30) ya que ese día viajó “de Buratovich a Bahía Blanca, porque tenía un turno médico en el centro de rehabilitación IREL. Y que al muchacho lo dejó “en un parador al costado de la ruta 3”. Esa declaración (junto al mail de la Comisaría de Villarino) fueron ingresadas por el oficial Arias García a la Fiscalía Federal de Bahía Blanca el martes 14 a las 9.37.
  •  Horas después la familia de Facundo se enteraría por La Brújula y las redes sociales del hallazgo de una “testimonio clave” que ponía en cuestión todas sus sospechas, que prácticamente liberaba de culpa y cargo a la Bonaerense y que desmentía lo dicho por, al menos, otros tres testigos.
  •  Recién tres días después de que muchos medios nacionales replicaran la versión amañada de la Bonaerense, del fiscal Martínez, de La Brújula, del comunicador Sasso y de una ignota usuaria de Facebook, la querella pudo salir a desmentir lo que se había instalado. Pero el daño estaba hecho.

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    Sin embargo, pese a todas estas evidencias, el ministro de Seguridad Sergio Berni insiste en dar por cierto y defender un “testimonio” a todas luces planificado o, como se dice en la jerga, “plantado” para desviar la atención en una causa más que sensible para la maldita policía que él comanda.

    La pregunta no es tanto por qué Berni se sumó con armas y bagajes al operativo de encubrimiento. Sus pergaminos (o su prontuario) responden por sí mismos. En todo caso la pregunta que urge es por qué, quedando demostrado que desde la cabeza misma del Ministerio de Seguridad bonaerense se instrumentan maniobras radicalmente contrarias a la búsqueda de la verdad y la justicia, Axel Kicillof mira para otro lado y sigue reivindicando minuto a minuto el accionar de su ministro.

    Y por qué, también, pareciera que las secretarías de Derechos Humanos de la provincia y de la Nación están mirando para otro lado, toda vez que no le están exigiendo al funcionario de su propio gobierno que rinda cuentas ante tanta evidencia.

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    Rambo planta relatos

    En la entrevista por C5N Juan Amorin le preguntó a Berni si “le preocupan los casos de gatillo fácil en la provincia de Buenos Aires”. No es para cuestionar al colega, pero va de suyo que el ministro iba a responder “siempre me preocupan, por supuesto, ¿cómo no me van a preocupar?”.

    También le preguntó si, “como salida, apoyaría una ley de violencia institucional”. Ahí la respuesta fue menos obvia: “me parece que eso no se resuelve con una ley, eso se resuelve con la profesionalización de las fuerzas de seguridad”. Y terminó cuestionando que “hace muchos años que la Policía no tiene una capacitación profunda” e incluso que hoy “no solamente está quebrada la cadena de mando sino también la cadena de control”.

    Otra falacia más de Sergio “Rambo” Berni. Lejos de padecer un problema de profesionalización, la Policía Bonaerense se ha transformado en una especialista (como pocas en el mundo) en perpetrar los más diversos crímenes complejos, con tanto “profesionalismo” que la impunidad de esos crímenes es uno de los deportes más aprendidos en la Escuela Juan Vucetich.

    El problema no es que son pocos “profesionales”. El problema es que la policial es una profesión capitalista, formada y engordada al servicio de los intereses de las minorías poderosas contra las mayorías trabajadoras, pobres, originarias e inmigrantes.

    Leé la entrevista al perito Marcos Herrero: “El perro lo marcó con precisión, Facundo Castro estuvo en el patrullero de la Bonaerense”







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