La Caja Roja

LA CAJA ROJA // EDITORIAL GRAFICA

Encendamos la mecha

AK

Domingo 17 de abril de 2016 | 11:04

Ilustracción Alan Korell / Texto Chiqui Nardone

Mauricio en el aeropuerto

Mauricio en el aeropuerto. En la sala de espera, entre miles de asientos vacíos ve despegar algunos aviones. El lugar, o el no-lugar como lo llamaría algún filósofo contemporáneo, está deshabitado. Sentado con su pierna derecha cruzada sobre la izquierda, vestido con su tradicional camisa celeste llena de perfumina, los ojos celestes parece que iluminan la pista que se despliega en toda en su inmensidad allá afuera y las señales de los trabajadores que orientan a los aviones que van y vienen.

Mauricio quiere ser uno más, nunca viajó en colectivo, no conoce las mieles del subterráneo, el crujir de las vías del tren , no sabe qué sentimientos suceden al poner la tarjeta SUBE en el marcador del transporte público, quizás nunca haya comprado un alimento, Franco se los compraba. Es decir, Franco no, alguien de su entorno. Pero Franco ahora está sentado más allá, a 4 sillas de él revisando los datos del pasaje que sale en un par de horas. Destino Panamá. En Panamá, recuerda nostalgiosamente Mauricio, el padre le enseñó a andar en Bici, o alguien que no era el padre o quizás Nicky Caputo. Mauricio viajará en Clase Turista, humildad pura. Mauricio quiere recorrer el país del incordio, no tiene nada que ocultar, solamente lleva con él un libro que Durán Barba le recomendó leer: Mauri leelo , es necesario que la gente te vea como un tipo común, diferente, leyendo un libro, amando el arte, un cambio en la percepción de la gente. Franco lo nota distraído.

  •  Hijo, qué es lo que pasa por tu cabeza.
  •  Nada padre, nada.
  •  Decime, te preocupa la gente acaso.
  •  Sí, el ajuste, las cuentas en Panamá, quiero ser uno más, sentir el ascensor de los precios, la escalera de los salarios, quiero que el cinturón me apriete bien hondo cuando suba al avión. En definitiva, quiero ser uno más. Ya me lo dijo Jaime y es palabra santa.
  •  Ja ja – Franco Macri ríe, sinceramente.
  •  Luego de cerrar nuestras cuentas allá quiero tomar un colectivo en Panamá, un subte, andar en bici, pagar una factura de gas, de luz, de agua. Comprar carne, mucha carne. Demostrar que los paraísos fiscales son asuntos del pasado. Y si ha quedado un solo peso en esas cuentas, sacarlos y llevarlos a Argentina. Se acabó la impunidad, papá. Volvemos al mundo, volvemos a Argentina con una lluvia de inversiones, y con una foto mía en bermudas, una camisa celeste caribeña estrechando las manos limpias de los evasores amigos mientras cierro mis cuentas pasadas.- Macri feliz y autoconvencido de sus próximos pasos sigue leyendo el libro de Durán Barba mientras alguien en el altavoz anuncia en una voz más bien baja el vuelo que los llevará a la ex-tierra de su fortuna familiar.
  •  No escuché bien a dónde se anunció el próximo vuelo- dice Franco.
  •  Ñoqui, si esto fuera el Ministerio de Cultura, alguna Secretaría de Derechos Humanos, algún ministerio, alguna automotriz, una escuela, lo echaría. Ibarra ya tendría firmado mi decreto. Y Pato, la conocés a Pato, no? viejito. Excelente Protocolo, la llamaría para que lo reprima y le daría el puesto a algún CEO que me quede dando vueltas- Mauri se retuerce de la risa, el libro se cierra en sus piernas y esto lo asusta, lo hace volver a la realidad, a la proximidad del vuelo.
  •  Qué estás leyendo Hijo, nos vamos, saludá a los compatriotas.
    Macri extiende sus manos, la escalera mecánica asciende en esa búsqueda frenética y rutinaria de llegar al mismo lugar. Lleva el libro en sus manos y lo único que se distingue no es ni el título ni el autor, es el separador el que brilla, es una SUBE dorada. El próximo proyecto que enviará al congreso para que todos los ciudadanos, despedidos, hambrientos, sin luz, sin agua, sin gas, de a pie, tengan una pizca de oro, simbólico, de plástico, pero oro al fin.

    Chiqui Nardone






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