Mundo Obrero

BUROCRACIAS SINDICALES

En medio de despidos y suspensiones, la CGT le garantiza “paz” a Macri y los empresarios

Todos los días algún empresario deja en la calle a todo o parte de su personal, mientras la burocracia sindical no hace nada. O, mejor dicho, solo propone una marcha por “trabajo”.

Lunes 1ro de abril | 23:32

Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en 2018 hubo un total de 69.696 despidos (16.303 en el sector público y 53.393 en el privado). Entre enero y febrero de 2019, siempre según CEPA, los despidos y las suspensiones superaron los doce mil casos, el 20 % correspondiente a empresas que cerraron sus puertas (en el caso de fábricas, ese porcentaje sube al 25 %).

En marzo, si bien aún no hay datos precisos, la cosa no mejoró. Alcanza con abrir cualquier portal de noticias para enterarse que en tal o cual ciudad del país, tal o cual empresa dejó un tendal de personas en la calle.

Desde los 550 despidos por el cierre de la fábrica de carrocerías Metalpar de Loma Hermosa (norte del Gran Buenos Aires) hasta las seis familias en calle que dejó el cierre de la fábrica de bolsas Chamago de Río Cuarto (Córdoba), la lista es tan larga como variada.

Coca-Cola, Terniun-Siderar (Techint), Editorial Atlántida, Kraft-Mondelez, Aceros Zapla, Fiat Chrysler, Lear. Son solo algunos ejemplos de grandes empresas (casi todas multinacionales) que despiden o suspenden con la excusa de “la crisis”, aunque en algunos casos los despidos son selectivos y desnudan una lisa y llana persecución contra delegados combativos, buscando “conjurar” futuros conflictos frente a nuevos planes de ajuste patronal.

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Este lunes, sin ir más lejos, la información periodística dijo que en Santa Fe la metalúrgica Aruba cerró y despidió a doce personas, que en La Rioja la papelera Convenor despidió a cincuenta trabajadores, que en La Matanza la mayorista Medamax despidió a diez empleados y que el laboratorio Craveri del barrio porteño de Villa del Parque hizo lo propio con cuarenta. Y la lista sigue.

En muchos de los casos, sobre todo cuando se trata de medianas empresas, las trabajadoras y los trabajadores despedidos tienen que lidiar con las excusas patronales que buscan limitar hasta el elemental pago de las indemnizaciones. La superexplotación alcanza muy altos niveles en esos lugares donde el patrón se llena la boca hablando de su empresa como “una familia” pero a la primera de cambio te deja en Pampa y la vía.

¿Y qué hacen frente a esta situación las conducciones sindicales y las centrales obreras? Nada. O, mejor dicho, hacen lo que les ordena su esencia burocrática: negocian con la patronal a espaldas de sus “representados”. ¿Y los puestos que se perdieron? Bien, gracias.

La cosa es peor aún cuando esas mismas direcciones sindicales, que dejan día a día a decenas, cientos, miles de laburantes a su suerte, organizan con sectores de esas misma patronales una marcha para este 4 de abril por “la producción y el trabajo”, desde Once hasta Plaza de Mayo. Una marcha que poco y nada podrá hacer para que haya un cambio profundo en las políticas económicas en curso contra el pueblo trabajador.

Muchas de las firmas que integran el mundo de las llamadas Pyme despiden como perros a sus trabajadores para no perder ganancias, mientras a quienes les dan el “privilegio” de mantener sus puestos terminan flexibilizándolos aún más.

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Al mismo tiempo, como se informó recientemente, las mismas conducciones gremiales pactaron con el Gobierno de Macri el ingreso a las arcas de las obras sociales sindicales de $ 32 mil millones (un dinero que les pertenece las trabajadoras y los trabajadores) pero a cambio de garantizar una “conflictividad administrada y de baja intensidad” durante todo el año electoral.

Mientras las burocracias sindicales se reúnen, negocian y pactan con empresarios y funcionarios, miles de laburantes pierden sus trabajos y no hay índice económico que arroje resultados más o menos tranquilizadores. Desocupación, inflación, tarifazos, hambre, pobreza, miseria, precarización, accidentes laborales y hasta muertes en lugares de trabajo tienen altos índices que, combinados, muestran un panorama más que preocupante. Pero a ellos esa realidad les pasa por el costado.

Hasta Roberto Baradel, el “progresista” dirigente del Suteba de tan estrechos lazos con el kirchnerismo, por estas horas buscó pactar con María Eugenia Vidal un aumento insuficiente pero disfrazado de “bueno” para las maestras y maestros bonaerenses. Solo por presión de las propias bases y de la oposición antiburocrática agrupada en La Multicolor, que demuestran una vez más que ganas y fuerzas para luchar hay de sobra, terminó anunciando que pondría “condiciones” a la Gobernadora.

Si de ganas y fuerzas para luchar se trata, vale recordarles a los burócratas sindicales que en Salta las y los docentes acaban de dar una lucha ejemplar, sobrepasando a las propias conducciones y torciéndole el brazo a Juan Manuel Urtubey tras muchos días de paro con asambleas, movilizaciones, acampes y cortes de ruta. Un triunfo que ningún “gordo” se anima siquiera a mencionar para que no contagie.

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En las fábricas y empresas crecen la bronca y el descontento frente a un panorama sombrío para la clase trabajadora. Esa realidad queda demostrada en el hecho de que las propias conducciones deban llamar a movilizarse y hasta “denuncien” el crecimiento de la pobreza. Pero lo hacen proponiendo medidas meramente testimoniales, que solo buscan contener los reclamos sin cambiar la situación.

Nada más alejado de lo que propone la izquierda junto a delegadas, delegados y activistas en todo el país, para quienes es urgente abandonar toda tregua con Macri, los gobernadores y las patronales, encarando una lucha a fondo contra los planes del FMI. Transformar la extendida bronca de la clase obrera en fuerza para luchar en las calles es una tarea de primer orden.

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