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OPINIÓN

En la Carrera de Trabajo Social nos enseñan a pensar la realidad a medias

La sobreocupación de la clase trabajadora argentina no es una realidad que se tenga en cuenta en la carrera de Trabajo Social. Sin embargo, un 29% de los trabajadores activos están sobreocupados.

Luján Calderaro

Consejera estudiantil de Trabajo Social UBA

Martes 30 de mayo | Edición del día

En la materia “Estudios sociodemográficos” de la Carrera de Trabajo Social surgió un debate acerca de la importancia de analizar la sobreocupación: trabajadores ocupados por más de 45 horas semanales. Esta problemática ni siquiera se menciona en el programa de la materia, a pesar de que una unidad entera está dedicada al mercado de trabajo. Solo se tienen en cuenta la subocupación (trabajar menos de 35 horas semanales) y el desempleo.

Mi interés por estas cuestiones se despertó, durante la cursada, por cuestiones personales: mi pareja trabaja 10 horas por día en comercio (de Lunes a Viernes, y 5hs los Sábados). También hay pibes que laburan 12 horas en una fábrica. O el guardia de mi edificio que trabaja en horario nocturno, de 19.00 a 7.00. A ellos les falta tiempo o dinero, o ambas cosas, para el ocio, para estudiar, para darse un gusto, viajar, salir a comer afuera, estudiar fotografia, jugar al fútbol, descansar, y decenas de cosas más.

La página del Indec muestra que en el segundo trimestre del 2016, los sobreocupados ocupan el 29, 3% del total de ocupados, más del doble que la cantidad de subocupados (12,3%). Las estadísticas expresan que la sobreocupación es una realidad compartida por alrededor de 5 millones de trabajadores, y no solo por las personas que conocía yo.

Tanto los trabajadores que perciben mejores salarios, como los que no llegan a la Canasta Básica Familiar (la mitad de los asalariados gana menos que el salario mínimo vital y móvil, hoy en $ 8.060), viven esta realidad. En muchos casos, incluso "ganar más" con horas extras es una trampa para que los trabajadores acepten "voluntariamente" trabajar más; pero muchas veces si no lo hacen, sus ingresos quedan muy cercanos al ingreso básico. Si trabajando menos pudieran tener el ingreso que logran con horas extras, ¿quién aceptaría las largas jornadas que exigen muchas industrias (y también servicios)?

Las posibilidades creadas por los avances tecnológicos

Los avances en tecnología aumentan la productividad, pero no se utilizan para alivianar la jornada laboral de los trabajadores sino que se ponen al servicio de aumentar las ganancias capitalistas para aquellos que poseen los medios de producción, para los que viven a costa de que las grandes mayorías dejen miles de horas por año adentro de oficinas, fábricas o comercios. También en el campo, donde la renta aumentó muchísimo por los avances en tecnología de las últimas décadas, pero nunca aumentó el salario, no aumentó la demanda de trabajadores, ni cambiaron las condiciones de trabajo en el sector agropecuario.

Existe un debate a nivel mundial a partir del desarrollo de la técnica aplicada al trabajo (robotización). Su organización racional permitiría la rebaja progresiva de la jornada de trabajo hasta un mínimo social, pero en manos de los capitalistas está al servicio de sobreexplotar a un sector de la clase trabajadora mientras envía a la miseria a otro. La aparente incapacidad crónica del sistema de absorber la mano de obra disponible se relaciona mucho con la sobre-ocupación: si partimos de que el interés de los capitalistas es ir aumentando su porción de ganancias, entonces ajustará lo que más pueda en salarios. Y si es necesario hacer trabajar más a unos para no contratar a otros, lo van a hacer. La sobreocupación que se genera por un lado, refleja desocupación por el otro.

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Las posibilidades creadas por el desarrollo de las fuerzas productivas podrían transformarse en liberación de la carga del trabajo; no solo en lo inmediato para combatir la desocupación y la existencia del ejército de reserva, sino para que realmente pensemos en una sociedad organizada sobre otras bases sociales, donde manden las necesidades y deseos de las mayorías, donde el trabajo sea una parte más de nuestras vidas en las que también haya tiempo para el ocio, el estudio, el arte, para desarrollar todas nuestras capacidades.

El debate que se armó en la cátedra lleva a pensar que tanto la superpoblación relativa -el ejército de reserva-, la sobreocupación y la subocupación, son fenómenos del capitalismo que no se pueden analizar por separado. Se trata de diferentes manifestaciones de la contradicción entre el capital y el trabajo, y hay que ponerlas en diálogo permanente, para llegar a una mejor comprensión de cómo funciona este mundo totalmente desigual, en el que vivimos.

¿Por qué en Trabajo Social no se incluye a la sobreocupación como un problema?

Según docentes de la cátedra, la sobreocupación no se prioriza “por restricciones de tiempo”. En realidad, no es casualidad que en la Carrera de Trabajo Social no se debatan estos temas profundamente. La mayoría de las Cátedras están alineadas con el kirchnerismo, y comparten junto con esta fuerza política la idea de que el sistema se puede “reformar”, entregando algunas concesiones a las grandes mayorías y manteniendo las ganancias de los capitalistas.

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Por eso, no podemos esperar que una cátedra kirchnerista plantee cambios estructurales. El peronismo, que históricamente se presentó a sí mismo como "tercera posición", como un supuesto árbitro entre las clases sociales, solo tiene para ofrecerle a los trabajadores algunos beneficios parciales en tiempos de bonanza económica, cuando ganan los empresarios (Cristina Fernández afirmó que “se la llevan en pala” cuando fue presidenta de la Nación) y, supuestamente, también "ganan" los trabajadores. Sin embargo, durante los gobiernos kirchneristas no se revirtieron los principales cambios generados en los ’90 a favor del capital en cuanto a las condiciones de trabajo: flexibilización, tercerización, precariedad, informalidad y contratos basura.

El peronismo no tuvo ni tiene el interés de implementar una transformación radical; solo aspiran a embellecer al sistema capitalista. Por eso en el final de la que ellos llamaron “década ganada”, -a fines del 2014- el empleo en negro se ubicaba en un 34,3%. Por eso se realizaron negocios millonarios a favor de multinacionales como Monsanto, Chevrón y la Barrick Gold. Por eso Cristina y Berni pusieron a la gendarmería en la autopartista Lear en el 2014, para proteger las ganancias de los empresarios buitres, tan despreciados discursivamente.

La lucha por transformar al sistema de raíz

La aprobación de la reforma de las ART en el 2016 –votada por Cambiemos y el Frente para la Victoria- es una de las tantas muestras de cómo quieren avanzar, en un contexto de crisis, sobre las condiciones de trabajo existentes. Por eso, plantear el reparto de las horas de trabajo, cuando hoy pasa todo lo contrario -hacen trabajar más a algunos, mientras otros quedan desempleados-, es cuestionar las bases mismas del sistema capitalista, con la perspectiva de pelear por una transformación radical. Pero eso no se puede lograr junto a fuerzas políticas como el kirchnerismo o el macrismo que se alían con distintas fracciones del capital para dejar todo como está. Es necesario fortalecer una alternativa política propia de la clase trabajadora, independiente de esas fuerzas políticas que no tienen ningún interés por transformar de raíz este sistema completamente desigual.

En Trabajo Social tenemos que problematizar el plan de estudios. No queremos que nos muestren la realidad a medias “por cuestiones de tiempo”: queremos pensarla en su totalidad, para poder transformarla también profundamente.

Las preguntas que me hacía el año pasado con respecto a la sobre-ocupación, hoy se traducen en la práctica: militando todos los días junto a mis compañeros de la agrupación estudiantil En Clave Roja, con la propuesta por las 6 horas, 5 días a la semana, con salario igual a la canasta familiar, con reparto de las horas de trabajo, para que nadie se quede desempleado. Para que la campaña que impulsamos desde el Frente de Izquierda junto a Nicolás Del Caño y Myriam Bregman, “Nuestras vidas valen más que sus ganancias”, llegue a millones de trabajadores, trabajadoras y estudiantes.








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