Economía

TRIBUNA ABIERTA

En eso tiene razón Trump, “America” ya no es (tan) grande

Es muy posible que los EUA sean el último imperio del capitalismo capaz de imponer por la fuerza de las armas o de las ideas el interés de los capitalistas de ese país al resto del mundo.

Lunes 7 de noviembre | 14:35

Los Estados Unidos de América son una potencia en declive pero siguen siendo la primera potencia económica y militar del planeta. Es muy posible que los EUA sean el último imperio del capitalismo capaz de imponer por la fuerza de las armas o de las ideas el interés de los capitalistas de ese país al resto del mundo. Por eso los estadounidenses tienen la arrogancia de decirle a su país América, como si ellos fueran el continente, e incluso muchos latinoamericanos dicen “americanos” en vez de estadounidenses. Hoy el producto interno bruto de los EUA es cerca del 20 por ciento del PIB mundial pero esa proporción fue mucho mayor al final de la Segunda Guerra Mundial.

El menor peso de los EUA en la economía mundial no sólo se debe a que otros han crecido más que los EUA sino además a que ciertas industrias estadounidenses han declinado. Cuando el fascista Trump entusiasma a sus seguidores ofreciendo que hará a “América” grande otra vez dice, además de una mentira, que ese país ya no es la potencia que fue. Dos ejemplos: la producción de automóviles y computadoras alguna vez fueron “americanas” casi íntegramente, hoy no.

La producción de automóviles que se venden dentro de los EUA es casi en partes iguales norteamericana y de origen extranjero. Norteamericana porque las dos empresas estadounidenses, General Motors y Ford, producen en su país, en México y en Canadá para el mercado estadounidense. Obreros de los tres países trabajan para los capitalistas “americanos”. Obreros de los mismos tres países trabajan para los capitalistas japoneses y alemanes y elaboran, junto con trabajadores asiáticos, la otra mitad de los autos y camiones que circulan en EUA. La producción automotriz es una muestra clara de que el capital, como dijo Marx, no tiene patria. Trump ha dicho que obligará a las empresas estadounidenses a regresar; difícilmente veremos si trata de cumplir ese ofrecimiento porque los grandes capitalistas como los de General Motors y Ford ya han votado por Clinton.

La producción “mexicana” de vehículos ligeros representaba el 10% de la producción norteamericana en 2005 para 2015 ese porcentaje había crecido alcanzando el 19.4%; la estadounidense decayó del 73% al 68% durante el mismo lapso [1].

“El contenido de productos estadounidenses en autos como el Focus también ha disminuido. Más de la mitad de las piezas necesarias para construir ese modelo en Estados Unidos provienen de fuera de los EE.UU. o Canadá, en comparación con el 10% en 2010, según el National Highway Traffic Safety Administration’s U.S. automobile report [2].

"El viernes -23-IX-2016-, el presidente del sindicato automotriz (United Auto Workers UAW), Dennis Williams dijo que estaba de acuerdo con la propuesta del sr. Trump para gravar a empresas como Ford con un arancel de 35% para los autos construidos en México, pero cuestionó si él tendría autoridad para hacerlo y dijo que podría dañar la economía de EE.UU. El sr. Williams dijo que la decisión de Ford de trasladar la producción de autos compactos de México es ´frustrante´ porque el sindicato firmó un nuevo contrato para los trabajadores estadounidenses de Ford hace menos de un año ´del que ellos pueden obtener dinero’" [3].

La competencia dentro de la industria llevó a la quiebra a la General Motors en 2009, en ese momento fue la quiebra más grande de una empresa industrial en la historia económica mundial. La Chrysler ya había quebrado en 1998 cuando fue adquirida por Daimler Benz y quebró nuevamente en 2009 cuando fue adquirida por Fiat.

La situación de la industria automotriz estadounidense se ilustra con lo que le sucedió a la capital del automóvil: Detroit. Alguna vez fue la ciudad más rica de los EUA en producto por persona y la cuarta ciudad por población. Cientos de miles de sus habitantes emigraron por falta de trabajo, En 1950, había alrededor de 296.000 trabajos manufactureros. Para 2013, había menos de 27.000 cuando la ciudad se declaró en quiebra para negociar con sus 100 mil acreedores. Entonces se estimaba que la mitad de los mayores de 16 años no tenía trabajo y que 40% de sus niños vivía en la pobreza [4].

Hoy Detroit sólo se distingue por la pobreza y la criminalidad en sus calles. Parece una ciudad asolada por una guerra.

Edificio Lafayette, una construcción para oficinas en el centro de Detroit. Se cerró en 1997 y fue derruido en 2009.

La producción de computadoras es otra historia que muestra la decadencia del Imperio. Alguna vez la International Business Machine (IBM) produjo el 80% de las computadoras en el mundo. Esa empresa tuvo que abandonar el mercado de las computadoras personales (pc) y vendió la patente a Lenovo, una empresa china que es ahora el primer productor mundial de pc. Las empresas asiáticas controlan la mayor parte del mercado mundial que es de cientos de millones de pc al año [5].

La producción estadounidense ha decaído porque los capitalistas estadounidenses han emigrado buscando mayores ganancias a donde quiera que puedan lograrlas y al hacerlo han desempleado a los trabajadores de su país. Eso no les importó a los apátridas capitalistas.

Las inexorables leyes de la acumulación capitalista no pueden ser vencidas con pura retórica; pero el malestar de los estadounidenses blancos que han visto decaer su bienestar es terreno fértil para demagogos como Trump quien culpa a los inmigrantes de la decadencia industrial del país.

El atraso político de los “americanos” les lleva a creer que con una barda de miles de kilómetros recuperarán sus trabajos; no será así. Tampoco podrán poner fácilmente aranceles a los productos importados desde China o desde México porque son las empresas “americanas” las que se benefician de esas importaciones. Ellas crearon el TLC con México, por ejemplo.

Ojalá y logremos comprender que no son los inmigrantes centroamericanos y mexicanos; ni tampoco los obreros chinos los causantes de la precarización del empleo estadounidense. Si los trabajadores quieren vencer las miserias del trabajo asalariado tendrán que luchar contra la existencia del trabajo asalariado como pregonamos los socialistas.




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