Política

ELECCIONES 2017

En Tucumán el peronismo ganó, pero Cambiemos lo empató en el reparto de bancas

El bussismo incrementó ampliamente su caudal de votos. El Frente de Izquierda creció y alcanzó un nuevo piso en la votación.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Lunes 23 de octubre | 13:06

Fotografías: @gabybaigorrí / eltucumano

En la medianoche tucumana, con calles vacías y una brisa fresca, se ajustaron los últimos números. La lista del Frente Justicialista (encabezada por el vicegobernador Osvaldo Jaldo y la legisladora Gladys Medina) ganó con 459.257 votos (46,8%). Segundo, Cambiemos (José Cano-Beatriz Ávila) con 319.221 (32,5%). La distancia fue menor que en las PASO (200.000 a 140.000 votos) y el sistema d’Hondt repartió equitativamente las cuatros bancas de diputados en juego.

La lista de Ricardo Bussi llegó a los 154.930 sufragios (15,8%), quedando por unos 4000 votos fuera de la cuarta banca. En tanto que el Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT), con las candidaturas de Ariel Osatinsky (PO) y Alejandra Arreguez (PTS), también experimentó un crecimiento y llegó a los 46.609 votos (4,7%), una nueva marca. Hasta aquí los números.

Una victoria sin sabor a triunfo

“Estamos ganando por más de 170.000 votos. Si esto no es ganar, no sé qué es”. La ironía no aminoró la molestia de Jaldo. Aunque durante el último tramo primó la reserva, el Frente Justicialista apostaba a sostener la diferencia en las PASO que le permitía quedarse con tres de las cuatros bancas en disputa. No fue así y en la explanada de Casa de Gobierno sobraban las sonrisas de autoconvencimiento y escaseaban las respuestas. ¿Por qué en octubre faltaron 35.000 votos para alcanzar lo logrado en las PASO? ¿Dónde fueron a parar los votos de las otras ocho listas que compitieron en la interna del Frente Justicialista? ¿Hubo “fuego amigo”?

Con los primeros resultados, José Alperovich, Juan Manzur y Jaldo aparecieron juntos, con brazos en altos y dedos en V. La postal de la conducción local del peronismo guarda dos realidades opuestas pero ligadas. Coinciden, por el momento político de cada uno, que es necesario el mensaje de unidad. Coinciden también en pesar en 2019 y la pelea por la gobernación. Pero la sintonía se termina al momento de pensar quién tiene que ser el que ocupe el sillón de Lucas Córdoba.

En esa carrera sigilosa, Jaldo salió golpeado. Ahora deberá elegir entre mantener el poder en el manejo de la Legislatura o asumir como un diputado nacional más. Manzur puede mostrar una victoria en la provincia en un contexto del triunfo nacional de Cambiemos (con derrotas como las de Urtubey) pero no le da el peso suficiente para gravitar en la conducción nacional del peronismo.

En el laberíntico mundo del peronismo, los tucumanos se han despegado de Cristina Kirchner, que vuelve al Senado. Días atrás, en una columna de Diego Genoud, se enmarcaba a Manzur como uno de los gobernadores que llama a Miguel Pichetto. “No llego al 19”, era la queja del ex ministro de Salud. La pelea por la coparticipación —tras la avanzada de María Eugenia Vidal por fondos millonarios— y lograr un presupuesto provincial que cierre, pueden ser factores que predisponen a una actitud más dialoguista. Estos dos años han sido así. Que la “pirotecnia electoral” (Manzur dixit) no tape las “cosas bonitas” (Macri dixit) que el gobierno tucumano decía y hacía por la Casa Rosada.

Desde un costado, o desde la comodidad del Senado, Alperovich mira y espera. Y a veces sonríe.

Desigualdades en Cambiemos y crecimiento del bussismo

Las “derrotas dignas” parecen acompañar a José Cano. En 2015 el radical asumió pomposamente, es decir con rango de ministro, en el Plan Belgrano. Pocas obras para mostrar, denuncia por corrupción y una disputa electoral de antemano perdida lo alejaron del cargo. Ahora será diputado nacional y seguramente buscará alguna vicepresidencia en la cámara baja, aunque en la UCR sostendrán al cordobés Mario Negri. Queda, en última instancia, en carrera para la gobernación. En la versión tucumana de Cambiemos, Cano no termina de consolidar su liderazgo y ya le surgen otros.

Aunque su nombre no estaba en la boleta, Alfaro fue el gran ganador de la jornada. Su esposa Beatriz Ávila logró la cuarta banca en disputa y en Cambiemos no cuestionan que fue gracias a su cintura territorial. Tras las PASO, el intendente capitalino tomó iniciativa, dejó a la defensiva al oficialismo, organizó cuanto evento pudo para aumentar el conocimiento a la ex legisladora. Buscar los votos que faltaban fue cuestión de ‘la astucia de la razón peronista’. Le dio impronta a la campaña, en momentos donde el comando porteño parecía privilegiar la visita de figuras nacionales en vez de Cano. Hoy es todo alegría, mañana se verá. Reposicionado, Alfaro cuenta con la posibilidad de ser reelecto intendente en 2019 (un dolor de cabeza para la senadora Silvia Elías de Pérez), pero sueña en grande.

Fuerza Republicana, el partido fundado por el genocida Antonio Domingo Bussi, tuvo un crecimiento importante en comparación con su performance en las PASO. Ricardo Bussi centró sus propuestas en “el Ejército en las calles” y la vuelta del servicio militar obligatorio. Luego, como se vio en el debate de candidatos, buscó mostrarse como alguien por fuera del régimen político, a pesar de ocupar cargos públicos desde 1997. Presentarse como un outsider para golpear al peronismo por la corrupción y a Cambiemos por faltas en la gestión (remarcando la seguridad).

El bussismo creció en circuitos de los bordes capitalinos y en lugares puntuales del interior, como las comunas rurales. Como ya se señaló, no es fructíficero establecer un signo igual entre el voto a Fuerza Republicana con el aval a las ideas de la derecha más rancia. Puede, entonces, pensarse como una canalización por derecha del desencanto con los oficialismos, donde se cruzan sectores medios y obreros, y donde también opera la antipolítica como discurso. Aunque el voto a Fuerza Republicana no se cristaliza como una fuerza social homogenea, se trata de una fuerza política que sostiene un programa reaccionario contra los sectores obreros y populares (máxime su reivindicación al genocidio) que forma parte del regímen.

Consolidación del Frente de Izquierda

Siguiendo una tendencia en las últimas elecciones, el FIT ha logrado un nuevo crecimiento. Con un crecimiento del casi 50% en relación a las PASO, ha logrado establecer un nuevo piso de votos desde su conformación en 2011. Además de lograr importantes números en Capital y Yerba Buena, el FIT también creció, en algunos casos duplicando, en departamentos como Tafí Viejo, Cruz Alta, Monteros y Chicligasta.

El crecimiento se apoya también en la intensa campaña desplegada en las grandes ciudades, donde se abre la posibilidad de extender la organización, y en concentraciones obreras, donde la campaña “Nuestras vidas valen más que sus ganancias” permitió abrir un diálogo con jóvenes obreros. Otro punto fuerte de la campaña fue la consolidación de candidaturas como la de Alejandra Arreguez, como se vio en la destacada participación en el debate de candidatas, como referente juvenil y del movimiento de mujeres. De conjunto, la campaña del FIT resaltando su papel en las luchas y en el Congreso fue también fue una interpelación a los votantes progresistas y desencantados del kirchnerismo (interpelación, que como sostuvo Nicolás del Caño, se mantiene más allá de las elecciones).

En términos electorales, la izquierda se consolida como cuarta fuerza y editorialistas políticos auguran un lugar en la Legislatura para 2019. Algo que de hecho ya podría haber sucedido en 2015. Con los números de las PASO en 2015, el FIT ingresaba a Legislatura pero el régimen fraudulento de los acoples operó para que esto no suceda.

Políticamente, la gran elección del Frente de Izquierda a nivel nacional es un punto de apoyo a las demandas y luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud, ya sea en las calles o en el Congreso. Regionalmente se suma el destacado avance en Jujuy, donde Alejandro Vilca fue electo diputado provincial junto a otros tres compañeros. A partir de estos puntos de apoyo, se redobla el desafío de fortalecer una alternativa política.








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