Mundo Obrero

Emociones en la primera entrega de cuadernos de MadyGraf

La Escuela N.º 33 del barrio Ricardo Rojas de Tigre fue escenario de la primera entrega de los cuadernos MadyGraf, ese material que con tanta dedicación hicimos, que tanta satisfacción nos dio ver terminado, pero el que faltaba llevar hasta donde debía estar: las manos de los chicos.

Jorge “El Loco” Medina

Trabajador MadyGraf

Martes 11 de noviembre de 2014 | Edición del día

El patio de la escuela brillaba bajo los rayos de un sol que quiso también ser parte del acto en el que participaron muchos padres y muchas madres que se acercaron para conocer nuestra historia. Los chicos, ordenadamente formados, esperan curiosos poder hojear ese cuaderno, mientras escuchan atentamente a docentes y a obreros que cuentan la historia y el objetivo de esta acción.

Contamos brevemente cómo nos encontramos un día con la fábrica cerrada, cómo logramos reponernos y cómo una fábrica puede funcionar sin patrones. No había lugar para demasiadas palabras. Tampoco es fácil hablar cuando la ansiedad de entregar ese pequeño material es tan grande como la imaginación de los chicos, que una vez que tenían el cuaderno en sus manos comenzaban a contarnos qué planes tenían para él.

Algunos decían que iban a usarlo como cuaderno de comunicados, otros lo usarían para dibujar. Una nena, de no más de siete años, dice muy precavida: “Yo lo voy a guardar para el año que viene”, mientras otro nene de su misma edad ya está completando el cuadro de la primera página con sus datos. Las muestras de agradecimiento no se hacen esperar… De los chicos, que nos regalan sus tan tímidas como sinceras palabras. Algunos levantan un pulgar mientras sonríen mostrando sus amplias sonrisas. Los padres también nos agradecen y preguntan sobre la experiencia que estamos viviendo, brindándonos sus muestras de apoyo, como esa madre que se acerca a Pablo, compañero de MadyGraf, y extiende su mano para darle una medalla de San Expedito como símbolo de su deseo de que logremos nuestro objetivo.

Para los docentes también fue una jornada especial. Ellos, que conocen tan bien a sus alumnos, nos cuentan acerca de todas las dificultades que enfrentan para llevar adelante la tan difícil tarea de enseñar en una escuela pública y nos agradecen por el aporte que llevamos. Nosotros también les damos las gracias por ser el puente para llegar hasta las escuelas y por ser quienes educan a los hijos de tantos trabajadores poniendo lo mejor de sí para suplir, con dedicación y esfuerzo, las necesidades que el tan golpeado sistema educativo no puede cubrir.

Para nosotros fue imposible ocultar la emoción. Más de una lágrima se escapó al ver esa escena inolvidable, con esos pequeños de guardapolvo blanco levantando los cuadernos, posando para una foto que guardará para siempre la satisfacción de haber concretado ese anhelo, que pasó de ser una propuesta en nuestra asamblea a ser una realidad. Pero nuestro objetivo es aún mayor: podemos y queremos brindar más a los que menos tienen. Con la estatización bajo gestión de los trabajadores podemos garantizar que a ningún chico le falte un libro, un manual… o un cuaderno.




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