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Emmerson Mnangagwa asumió como presidente interino de Zimbabwe

El exvicepresidente Mnangagwa asume hasta septiembre de 2018 la presidencia de Zimbabwe tras la renuncia de Robert Mugabe luego de 37 años en el poder.

Viernes 24 de noviembre | 11:07

Emmerson Mnangagwa fue investido el viernes como presidente de Zimbabwe frente a miles de personas en el estadio nacional de la capital, Harare, poniendo punto final a los 37 años de Robert Mugabe en el poder.

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Al prestar juramento para asumir el cargo, el exvicepresidente y exjefe de seguridad de 75 años, conocido como "el Cocodrilo", se comprometió a "defender la Constitución de la antigua colonia británica y proteger los derechos de los 16 millones de ciudadanos de Zimbabwe".

Mnangagwa, había sido hasta hace poco más de dos semanas el vicepresidente de Mugabe y principal candidato para sucederlo en el poder. Sin embargo la repentina decisión de Mugabe de desplazarlo de su puesto dejando a su esposa, Grace Mugabe, como la "heredera" del poder desató una guerra al interior del partido de gobierno, el ZANU-PF, que en poco más de una semana incluyó un golpe del Ejército, marchas multitudinarias en las calles de la capital y un pedido de impeachment de su propio partido que terminó con la renuncia de Mugabe al poder, dejando el camino despejado para la asunción de Mnangagwa.

La interna por el poder también tuvo lugar en la ceremonia de asunción. Tras la jura de Mnangagwa como nuevo presidente, fue el turno de los altos mandos de las fuerzas de seguridad, y algunos de ellos lo hicieron entre fuertes abucheos, como el jefe de la Policía, cuerpo al que se acusó de estar vinculado a los aliados políticos de Grace Mugabe, ya caída en desgracia.

La forma en la que se dirimió la suerte de Mugabe, entre el Ejército y las fracciones del partido de gobierno, dejan muchas dudas entre los zimbabwenses sobre cuán diferente será el nuevo presidente en relación a Mugabe.

Mnangagwa no solo fue hasta hace unas pocas semanas una pieza fundamental del gobierno, y por lo tanto responsable de la brutal crisis económica y social que atraviesa el país, y de la corrupción rampante, sino que al haber sido jefe de los servicios de inteligencia tiene aceitados lazos con los militares y una fuerte gravitación al interior del ZANU-PF.

Es por esto que aunque la mayoría de los zimbabuenses celebraron la salida de Mugabe, algunos están preocupados por el futuro bajo el mandato de Mnangagwa.

El acuerdo por la salida de Mugabe incluye la posibilidad de que este y su familia puedan continuar en el país, gozando de protección y garantizando que no será juzgado. Es decir que el pacto se selló en base a una impunidad absoluta para la familia de Mugabe, lo que supone también la impunidad para todas las partes que firmaron el acuerdo.

Mnangagwa regresó a Zimbabwe el miércoles después de dos semanas en la clandestinidad y ante miles de militantes de su partido dijo "La gente ha hablado. La voz de la gente es la voz de Dios".
En realidad los que habían hablado eran los fusiles y las intrigas palaciegas. Las calles se sumaron a los festejos por la renuncia de Mugabe, pero hoy miran cautela el futuro bajo una presidencia de Mnangagwa.








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