Géneros y Sexualidades

24 DE MARZO DE 1908

Emmeline Pankhurst: un discurso que puso en acción a las sufragistas

Hace 110 años la líder de las sufragistas británicas pronunciaba un discurso en Londres exigiendo el derecho al voto para las mujeres. En junio de ese año, 400.000 personas movilizaban a Hyde Park, las sufragistas se radicalizan.

Ana Sanchez

Agrupación Pan y Rosas / Docente @anitaezkerrean

Sábado 24 de marzo | 12:11

Hace tan solo cien años que las mujeres de Inglaterra pueden votar, aunque recién en 1928 pudieron hacerlo en igualdad con los varones, ya que en 1918 se les había permitido hacerlo solo a quienes eran mayores a 30 años.

Quizás fue por la negativa a la petición de mil quinientas mujeres quienes en 1866 exigían que la reforma del sufragio, que se estaba debatiendo en ese momento en Inglaterra, incluyera el voto femenino, negativa que se mantuvo con firmeza durante décadas; quizás porque muchas de ellas trabajaban, se ocupaban de los niños y, muchas veces, padecían al igual que los varones, pero no accedían a ningún derecho. Quizás por esa combinación, para inicios del Siglo XX se desarrollaba con fuerza el movimiento de mujeres sufragistas.

Esto se repetía en otros países, incluido el nuestro, con Julieta Lanteri como una de sus principales representantes. Si bien fue una organización impulsada esencialmente por las mujeres de la clase alta, quienes exigían, además, su derecho a la propiedad, sus acciones no siempre fueron pacificas. El movimiento de las sufragistas ganó las calles y, por momentos, coincidió en sus reclamos con las mujeres trabajadoras, quienes exigían a la vez por sus derechos en los lugares de trabajo.

Las Pankhurst

En 1903 Emmeline Pankhurst, junto a sus hijas Christabel y Sylvia, formaron el WSPU (Women’s Social and Political Union), un movimiento que en sus orígenes fue afín al Partido Laborista británico. Pronto se conocieron como las suffragettes, como el nombre de la publicación que editaban y tenían como lema “hechos, no palabra”.

Fue Sylvia la más radical de las tres, ella estaba convencida de que las demandas de sufragio y derechos para las mujeres debían confluir con las de la clase trabajadora, ya que en ambos casos tenían los derechos democráticos más básicos totalmente negados.

Emmeline, sin dudas, se mostraba muy radicalizada en sus métodos, pero no dejaba de pensar como un miembro de su clase: la conquista de igualdad ante la ley sería un gran avance para impulsar el movimiento, pero también había que luchar por la igualdad ante la vida.

En aquel discurso político, pronunciado el 24 de marzo de 1908, decía: “Los políticos tienen por costumbre hablarles a las mujeres como si no hubiese leyes que las afectaran. Es un hecho –dicen– que el lugar de las mujeres es el hogar. Sus intereses están puestos en el cuidado y la educación de sus hijos (…) La política no tiene nada que ver con todo ello y, por lo tanto, no es cosa de mujeres. No obstante, las leyes deciden cómo deben vivirlas mujeres en el matrimonio, cómo deben ser educados y formados sus hijos, y cuál ha de ser el futuro de éstos” (La Vanguardia, 2003).

Denunciaba también la terrible situación en la que estaban las mujeres: las leyes matrimoniales no eran igualitarias, un varón podía romper el contrato matrimonial cuando quisiera, pero que una mujer no solo no podía hacerlo, sino que en general quedaba sola con su manutención y la de sus hijos, si el varón así lo decidía. “Según la ley, la esposa no tiene ni voz ni voto para decidir nada” (Ídem), afirmaba. Además, explicaba que una vez que la mujer se casaba, debía abandonar su trabajo, entonces “la situación de la mujer casada no es de mucha seguridad” (Ídem), decía Emmeline. “Ésta depende por entero de que le toque un buen número en la lotería. Si su marido es bueno, todo irá bien; si su marido es mezquino, no tiene más remedio que sufrir” (Ídem).

En el discurso pronunciado en la ciudad de Londres, también hablaba sobre la maternidad: “Según las leyes inglesas, ninguna mujer casada existe como madre de los hijos que ha traído al mundo” (Ídem). Y se permitió relatar un caso ilustrativo de la situación de las mujeres: “una madre soltera fue llevada ante un tribunal, acusada de haber desatendido a su hijo ilegítimo. Era empleada del hogar y había dejado al niño a los cuidados de otra persona. Los jueces no preguntaron qué salario ganaba la madre, no preguntaron quién era el padre, ni si contribuía a la manutención del niño. Condenaron a la mujer a tres meses de cárcel por haber desatendido a su hijo” (Ídem).

El movimiento se radicaliza

Unos meses después, en junio de 1908, las sufragistas convocaron a una movilización que superó ampliamente lo que las organizadoras esperaban; 400.000 personas (varones y mujeres) marchaban por las calles de Londres exigiendo el derecho al voto para las mujeres, “el conservador diario The Times afirmó que en el último cuarto de siglo no se había visto acto tan multitudinario” (National Geographic digital).

No obtuvieron respuestas, pero si represión policial y amenazas. Por eso, como reacción espontánea, algunas mujeres miembros de la WSPU arrojaron piedras a las ventanas del hogar del Primer Ministro. Y el movimiento comienza a radicalizarse. Ya más organizadas, realizaban sabotajes interrumpiendo mítines, reuniones y sesiones parlamentarias. También desarrollaban actividades de difusión, arrojando piedras con volantes a vidrieras de negocios importantes. Perseguían a los parlamentarios, “escrachaban” domicilios de algunos políticos y gobernantes. Exigían ser escuchadas en sus reclamos.

Como respuesta, el régimen político se ensaña con las sufragistas. Entre 1909 y 1914 miles de mujeres fueron encarceladas. Se las apresaba como delincuentes y terroristas. Ellas respondían con huelgas de hambre, querían ser consideradas presas políticas. Ante su negativa a comer, se las alimentaba a la fuerza con embudos y sondas, causándoles graves lesiones. La represión continuaba.
A mediados de 1913, Emily Wilding Davison se acercó a uno de los caballos, mientras se desarrollaba una carrera en el Hipódromo, con el objetivo de colgar la bandera de las sufragistas para visibilizar sus reclamos; fue atropellada y a los cuatro días, murió. Este hecho marcó un antes y un después en la lucha de las sufragistas.

Primera guerra mundial, el movimiento se divide

En 1914 Inglaterra ingresó a la Guerra, el rey había decidido dar amnistía a todas las sufragistas encarceladas y a las que tenían órdenes de arresto, para que cumplieran tareas en los puestos de trabajo que los varones dejaban por ir al frente de batalla. En este momento el movimiento de las sufragistas se divide.
Emmeline y su hija Christabel decidieron apoyar al gobierno y paralizaron el movimiento de las sufragistas, ahora lo importante para ellas, iba a ser ganar la guerra.

Pero no todas las integrantes del WSPU estuvieron de acuerdo con frenar su lucha para mostrar apoyo a su país en la Guerra Mundial. Sylvia se declaró en contra de esta postura: “para mí, eso era una traición trágica al movimiento (...) Trabajamos continuamente por la paz, enfrentadas a una dura oposición de viejos enemigos y, lamentablemente, a veces de viejos amigos”, diría años más tarde.

Ella se convirtió así en socialista, como Calara Zetkin, que organizaban a las mujeres por sus derechos con una perspectiva de lucha socialista. Una de las acciones más importantes de Sylvia fue dar su apoyo la Revolución Rusa de 1917. Después de Octubre, visitó la Unión Soviética y a su regreso a Inglaterra, fue detenida cinco meses por mostrar simpatía “pro-comunista” en sus artículos.

En 1918, finalmente, se extendió el derecho al voto a algunas mujeres mayores de treinta años; Sylvia denunció que el mismo estaba limitado, además, a las mujeres de clase alta.

El movimiento sufragista de inicios de Siglo XX mostró la fuerza que tienen las mujeres cuando están movilizadas y decididas a defender sus derechos. Si lo que se quiere es terminar con este régimen capitalista de opresión y explotación, la experiencia de la Revolución Rusa demostró la íntima relación que hay entre la lucha feminista y el socialismo.

Hoy vivimos una revitalización del movimiento de mujeres en todo el mundo: cientos de miles ganan las calles exigiendo sus derechos, como en el #ParoInternacionalDeMujeres del 8M pasado en nuestro país, donde sonó con mucha fuerza la exigencia de que el derecho al aborto sea ley, la separación de la Iglesia del Estado y la lucha por los derechos de las trabajadoras, contra el ajuste.

Las sufragistas de aquella época contagian con su espíritu revulsivo y aguerrido. Ellas mostraron con sus acciones que solo ganando las calles, de forma independiente, las mujeres podrán conquistar lo que se proponen. Hace falta estar organizadas y movilizadas, porque “los derechos no se mendigan, sino que se conquistan”.







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