Géneros y Sexualidades

HISTORIAS DE MUJERES

Elizabeth Gurley Flynn: rebelde con causa

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Martes 13 de enero de 2015 | Edición del día

Elizabeth Gurley Flynn tenía quince años la primera vez que estuvo en un juicio. Y el juicio era contra ella. Después de ser arrestada, el juez le preguntó: “¿Espera convertir a la gente al socialismo hablando en Broadway?”. “La verdad, sí”, le respondió la chica, que tenía que subirse a los cajones de verdura para que su voz se oyera en las calles neoyorquinas.

Elizabeth nació en New Hampshire (Estados Unidos) en 1890, en una familia irlandesa de militantes socialistas. A los diez años se mudó con su familia a Nueva York. A los dieciséis dio un discurso en el Club Socialista de Harlem, titulado “Qué hará el socialismo por las mujeres”.

Era militante de la juventud socialista que quería cambiar el partido, querían que fuera una herramienta para potenciar las luchas obreras que poblaban el país: “Nosotros, la generación más joven, éramos impacientes. Sentíamos que [el partido] era anticuado. Sus dirigentes eran (…) profesores, abogados, doctores, ministros, todos de mediana edad y viejos, y nosotros deseábamos algo más militante, más progresivo y más juvenil, entonces nos fuimos a la nueva organización, la IWW”.

La Industrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo) era impulsada por militantes de izquierda para organizar a la clase obrera norteamericana. Esta organización, a diferencia de la central sindical oficial (AFL), permitía y alentaba la afiliación de mujeres, inmigrantes y negros. En oposición a la AFL, la IWW quería organizar a los sectores más explotados del movimiento obrero.

Desde que decidió unirse a la IWW, Elizabeth militó entre las obreras del vestido de Pennsylvania, las trabajadoras de la seda de New Jersey, los gastronómicos de Nueva York, los mineros de Minnesota y las obreras textiles de Massachusetts. Además de la militancia sindical, Elizabeth era partidaria de los derechos reproductivos de las mujeres y del sufragio femenino.

En su participación en la campaña contra el juicio a los anarquistas Sacco y Vanzetti, se hizo famosa por su gran habilidad en lo que llamaban "política de defensa obrera", es decir, en las luchas por la libertad de los presos políticos, la organización de actos y fondos de huelga. Sus participaciones más destacadas como dirigente sindical fueron durante la huelga de las obreras textiles de Lawrence en 1912, conocida como la huelga de Pan y Rosas, y en la huelga de la seda de Paterson en 1913. Su personalidad le valió los nombres de Flama Roja, Juana de Arco de la clase obrera o, el más conocido, Muchacha Rebelde.

En 1912, a los veintiún años, Elizabeth fue una de las dirigentes y organizadoras de la huelga de las obreras textiles que se conoció como la lucha de Pan y Rosas. Llegó a Lawrence, junto a Joe Hill y Carlo Tresca, para reemplazar a la dirección de la huelga, que había sido arrestada en su totalidad. Allí desarrolló muchas medidas para permitir que la energía de las jóvenes obreras se expresara con fuerza y determinación.

Para esto, además de la organización sindical, basada en asambleas y el comité de huelga, se habían puesto en pie comedores y guarderías comunes, para que las mujeres pudieran participar de la lucha, al tiempo que se enfrentaba el machismo dentro de las propias filas, fortaleciendo al movimiento huelguístico.

Elizabeth explicaba que “las mujeres trabajaban en las fábricas por un salario más bajo y además tenían que hacer todo el trabajo de la casa y cuidar de los niños. La vieja actitud de los hombres de ’amo y señor’ era fuerte y al final del día de trabajo... o ahora de las tareas de la huelga... el hombre llegaba a la casa y se sentaba, mientras su esposa hacía todo el trabajo, preparar la comida, limpiar la casa, etc. Hubo una oposición masculina considerable a que las mujeres vayan a las reuniones y marchen en los piquetes. Combatimos resueltamente estas nociones. Las mujeres querían luchar”.

Las divisiones de género no eran las únicas, en muchos otros gremios, la mayoría era inmigrantes, muchas personas no hablaban inglés. Eso no fue un obstáculo, las asambleas sea realizaban en varios idiomas, así como las reuniones sindicales. Además de discutir cuestiones gremiales, la IWW hacía reuniones para discutir sobre política, cultura, también organizaban reuniones de niños y niñas para sumarlos a la lucha y evitar así el aislamiento de las familias durante las huelgas.

Elizabeth siempre tuvo la convicción de que la lucha por los derechos de las mujeres y, en particular, de las trabajadoras, estaba íntimamente ligada a la lucha contra la explotación: “Puedo decir honestamente que en cada batalla que he estado… como comunista, como miembro de grupos de mujeres, peleé por la liberación de las mujeres junto con mi batalla por el socialismo”.

Uno de sus compañeros, Joe Hill, le dedicó una canción llamada Muchacha Rebelde, que es parte del cancionero popular estadounidense, un hecho que ilustra el impacto de la figura de Flynn. En sus estrofas dice que “ha habido otras muchachas, pero necesitamos más en la Industrial Workers of the World. Porque es maravilloso pelear por la libertad con una Muchacha Rebelde”.

La lucha de Elizabeth Gurley Flynn pinta de cuerpo entero a miles de mujeres que a comienzos del siglo XX salieron a la calle, no siempre en las mejores condiciones, a exigir los derechos que les eran negados. Para ellas no existían contradicciones ni conflictos de prioridades entre enfrentar el capitalismo y luchar contra el patriarcado. Sus luchas eran motorizadas por múltiples causas, y no existían divisiones artificiales entre peleas más o menos urgentes, era todo parte de una misma lucha, y lo sigue siendo.








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