Política

TRIBUNA ABIERTA

Elisa Carrió: entre la dictadura genocida y el Grupo Clarín

En las últimas semanas estuvo en el centro de la escena. La eterna diputada, autodenominada “fiscal de la República” denuncia compulsivamente. Pero, ¿por qué nunca dio explicaciones sobre su rol como funcionaria judicial durante la última dictadura militar? ¿Y el silencio cómplice sobre la masacre de Margarita Belén?

Miércoles 31 de octubre de 2018 | Edición del día

Elisa Carrió se jacta de ser la que “armó” Cambiemos y amenaza constantemente con “romper” la coalición oficialista, integrada por el partido que ella dirige, la Coalición Cívica ARI, el PRO y la UCR.

Más allá de ocupar una banca en la cámara baja, el terreno donde más cómoda se mueve es el de los medios hegemónicos. Su última jugada para captar la atención de los mismos y echar más nafta al fuego (autogenerado por la crisis económica) fue el intento de juicio político al Ministro de Justicia, Germán Garavano.

¿Cuáles son los vínculos que le permiten a Carrió manejarse con tal impunidad? Dejar en ridículo al presidente Mauricio Macri, desafiándolo a que “la eche” o a la “imperturbable” Ministra de Seguridad Patricia Bullrich con declaraciones como “A Bullrich le ponen droga para que encuentre, pero el negocio sigue”.

Funcionaria judicial durante la última dictadura militar

Corrían los últimos días de abril de 1976, cuando el general de brigada salteño Antonio Facundo Serrano asumió como gobernador de facto en la provincia de Chaco. Poco y nada se sabía de este militar que en poco tiempo se transformó en uno de los “baluartes” de la dictadura genocida en el norte del país.

Quien asumiría como Subsecretaria de Educación de la Provincia en 1978 era una persona muy cercana a Serrano, María Elisa Rodríguez, ni más ni menos que la madre de “Lilita”.

Pero los vínculos de Elisa Carrió también se extienden por “filiación paterna”.

Según algunas crónicas, su padre, Rolando “Coco” Carrió, militante de la Unión Cívica Radical, había heredado junto a su hermano una estación de servicios, ubicada en el pueblo Quitilipi (Chaco) sobre la Ruta Nacional 16. Durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983) esa estación fue una de las principales proveedoras de combustible del distrito militar que comandaba Héctor Rodolfo Ormaechea, desde su rol como Jefe del Regimiento del Chaco. Actualmente, la estación trabaja para la petrolera anglo-holandesa Shell.

Hasta el momento nada para reprocharle a la fundadora del ARI, nadie es culpable del accionar de sus progenitores. Pero a partir del año 1978 la misma “Lilita” iba a “sacar provecho” de sus vínculos familiares.

El 7 de enero de dicho año y mediante el decreto provincial 72, que lleva la firma del Gobernador de facto Serrano, Elisa Carrió iniciaría su carrera dentro de la función pública nombrada como “Asesora de fiscalía del Estado”. Para su cargo del puesto debió jurar por los estatutos del Proceso de Reorganización Nacional

En tiempos en los que las fiscalías se inundaban de pedidos de hábeas corpus y reclamos por desapariciones de personas, “Lilita” se dedicaba a hacer la vista gorda en los juzgados.

Quien sacó a la luz, hace algunos años, el pasado oscuro de la “garante de la República” fue su hoy socio político dentro del oficialismo gobernante, el diputado Eduardo Amadeo, en una columna de opinión en el portal La Política Online en el año 2010: “Obviamente, ello no la hace responsable de los crímenes de la dictadura, salvo que se tome en cuenta que una de las peores masacres de ese tiempo, la de Margarita Belén, en el que se asesinaron 22 militantes políticos, estaba en trámite en su jurisdicción, y Elisa Carrió guardó un silencio cómplice que seguramente facilitó la impunidad de sus autores. (…) Carrió fue en ese momento -cuando muchos de quienes ella agrede cotidianamente se jugaban la vida- una colaboracionista; de aquellas que eran rapadas al final de la II Guerra Mundial por su apoyo a los nazis”.

La de Margarita Belén, una de las mayores masacres conocidas en la provincia de Chaco en la cual se asesinaron 22 militantes políticos, estaba en trámite en su jurisdicción. Elisa Carrió guardó un silencio cómplice facilitando la impunidad de sus autores. Consultada en su momento, la respuesta llena de cinismo de Carrió (como nos tiene acostumbrados) fue que “necesitaba de la obra social”.

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Pero la carrera de “Lilita” dentro del Poder Judicial en plena dictadura no se detendría allí. El 21 de agosto de 1980 a partir de la Resolución 522 del Superior Tribunal de Justicia, Elisa Carrió accede al cargo de Secretaria de la Procuración del Superior Tribunal de Justicia del Chaco, con jerarquía y nivel de Juez de Cámara. Desempeñaría ese cargo durante los últimos años de la dictadura, renunciando al mismo en 1983.

Mucha agua corrió bajo el puente, pero quizás este pasado oscuro explique algunas de las posturas que tiene en la actualidad la diputada oficialista respecto a los genocidas.

Recordemos que se ausentó en la votación por el 2x1 en Diputados, pero justificó la domiciliaria para los represores: “No creo que responda al derecho humanitario que gente de 80 años esté detenida en cárceles comunes”. Esbozó con total impunidad.

Los Carrió y el grupo Clarín

Uno de los aspectos más aberrantes de la última dictadura argentina, fue el secuestro y desaparición de bebés de los detenidos-desaparecidos y la apropiación de los mismos por familiares de los militares o cercanas a los mismos.

El caso más resonante fue el del matrimonio de los fundadores y propietarios del diario Clarín Roberto Noble y Ernestina Herrera de Noble.

El caso, lejos de esclarecerse, sembró más dudas cuando en el 2015 la Jueza Federal de San Isidro (y viuda de Nisman) Sandra Arroyo Salgado dictó el sobreseimiento de Herrera de Noble.

Vale recordar que en el año 2011 ante la posibilidad de una extracción compulsiva de sangre a los hijos del matrimonio Noble varios políticos manifestaron su repudio, entre ellos, Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez o Margarita Stolbizer. Pero Elisa Carrió fue más allá y manifestó “los hijos de Herrera Noble son nuestros hijos”.

Además de “sus hijos”, Felipe y Marcela Noble Herrera eran clientes de su primo-hermano, el abogado Alejandro Carrió.

Alejandro Carrió, primo-hermano de Lilita fue abogado de Clarín y expuso durante la audiencia pública del año 2013 defendiendo los intereses del monopolio ante el proyecto de la Ley de Medios, aduciendo que la misma no respetaba la sustentabilidad del negocio y (paradójicamente) la libertad de expresión.

El caso de los hijos de los Noble-Herrera fue más que resonante en los medios de comunicación. No así el de los hijos del histórico CEO de Clarín, Héctor Magnetto, donde Carrió esta denunciada de ser participe directa.

A mediados de 2010, en la radio La Voz de las Madres entrevistaron a José Pirillo, ex director del extinto diario La Razón, y ex socio de los diarios Clarín y La Nación en la empresa Papel Prensa S.A. En dicha entrevista Pirillo se despachó: “Cuando rompo con ellos, decido publicar en La Razón, todo esto que está saliendo en la luz hoy: la apretada a los Graiver, la colaboración con los militares, cómo era el tema de los hijos de (Ernestina Herrera de) Noble. E inclusive de los hijos de Magnetto, que nadie habla”.

A continuación, el entrevistado no dudo en asegurar que Carrió se encargó, desde su puesto en la justicia chaqueña, de ayudar al empresario de Clarín, Héctor Magnetto, en los papeles para la adopción de sus herederos: “Comenzábamos (en La Razón) a publicar el tráfico de chicos y robos de bebes en el Chaco. En ese momento, Magnetto me llama y me pide que por favor no publique eso. Entonces le digo: ‘Héctor, pero ¿qué pasa?’. Y me dice textual: ‘Es que José, esto me afecta a mí y a mi esposa. Porque a mis hijos me los consiguió Elisa Carrió. Y entonces no quiero que se publique esto’”.

Carrió, dirigente histórica del ala conservadora de la degradada Unión Cívica Radical, construyó su carrera política bajo el manto y el amparo de los estrechos vínculos entre el centenario partido político y la última dictadura militar.

Desde el aval de Ricardo Balbín y Francisco Manrique para con el golpe del 76 hasta los 310 puestos ocupados (sobre todo en intendencias) de funcionarios de la UCR durante el período 1976-1983.

Hoy Carrió es una militante activa de la reconciliación con los genocidas. Y a la vez goza de un blindaje mediático por parte de los medios hegemónicos que intentan brindarle un “manto de transparencia” a Cambiemos.

Ahondando un poco en el pasado de la diputada resulta indignante que se llene la boca hablando de republicanismo y moral, siendo cómplice y partícipe de la época más oscura de nuestra historia.







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