Juventud

ELECCIONES MÉXICO 2018

Elecciones presidenciales y el futuro de la juventud

En la escuela, en los comerciales, en la familia siempre nos dicen que la clave para el éxito es esforzarse, sacar 10 en nuestras materias, ser responsable y un buen estudiante. Toda la vida nos repitieron que esta era la fórmula para tener un buen trabajo con un gran salario y hasta una familia feliz.

Jueves 14 de junio | 17:29

Estudiar una carrera o incluso el bachillerato se ha convertido en un privilegio sólo un 17% de la población tiene acceso a la educación superior, y quienes tenemos esta oportunidad sabemos que una carrera, o incluso dos, no son garantía alguna de un futuro estable.

Cuando salimos de la universidad resulta que estamos sobre calificados para trabajar, nos es negado todo aquello que nos prometieron lograríamos si nos esmerábamos, los salarios promedio para quienes tienen carrera universitaria es de $13,444 mensuales.

En México el 22% de los jóvenes no tienen opción ni de estudiar ni de trabajar. Son millones los jóvenes que tienen que abandonar los estudios para poder mantener a sus familias y lo hacen con salarios de miseria y en condiciones deplorables.

Según cifras del Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoaericana, el 81% de la juventud trabajadora carece de remuneraciones dignas, 50.6% no tienen ningún tipo de prestación laboral, sólo el 45% tiene acceso a la salud y el 66% no tiene seguridad social.

La subcontratación o outsourcing, que beneficia a las trasnacionales y a las grandes empresas, es hoy una de las pocas opciones de trabajo que tenemos.

Nuria Sanz, representante de la UNESCO en México, plantea que la solución para las pocas opciones laborales y de “movilidad social” que hoy en día hay en México es impulsar la “formación dual”, un modelo educativo inspirado por las prácticas educativas en Alemania. Este modelo consiste en que la educación en bachilleratos y licenciaturas esté conformada un 20% en clases teóricas y un 80% en prácticas laborales en empresas.

Esto no es más que la profundización del modelo neoliberal de la educación, en el que las escuelas se convierten en una fábrica de mano de obra donde cada vez es más común que con el nombre de “prácticas laborales “ o servicio social” los jóvenes laboramos de manera completamente gratuita para las empresas. Esto no es una solución para los jóvenes, sino para que las empresas tengan mejores condiciones para agrandar sus ganancias.

Mientras tanto, todos los candidatos a la presidencia hablan de que aumentarán los empleos, algunos diciendo que acabarán con la corrupción y otros haciendo énfasis en la importancia de trabajar de la mano de la iniciativa privada.

El problema no es que no hayan empleos si no que estos están mal distribuidos. 50.6 de los jóvenes trabajan 8 horas diarias y no se les son pagadas las horas extra, 27.7% trabaja menos de 8 horas por lo que tienen que buscar más de un trabajo y 22% no tiene trabajo.

Trabajar 6 horas 5 días a la semana

¿Y si repartiéramos las jornadas laborales entre desocupados y ocupados para que todos pudiéramos trabajar 6 horas al día 5 días a la semana con salarios acorde a la canasta básica? ¿Y si se aumentara el presupuesto a la educación para que hubieran muchos más planteles y todos y todas tuviéramos la oportunidad de estudiar?

¿Qué pasaría si fuera ilegal que las empresas nos contrataran de manera indirecta para así ahorrarse la “molestia” de asegurarle a sus trabajadores salarios dignos, seguridad social y contratos estables?

Ninguna de las respuestas vendrá de políticos del régimen y sus partidos, ni de los candidatos que están al servicio de los ricos, o que pretenden “gobernar para ricos y pobres”, porque la principal preocupación de los empresarios y los grandes magnates es encontrar la manera de tener cada vez más ganancias.

Esas ganancias son producto de el trabajo que no nos es pagado. Nuestra esperanza de una vida digna de ser vivida, para nuestra generación y las que vienen, son una piedra en el zapato para los de arriba.

A nuestra generación le quieren arrebatar toda esperanza de un futuro mejor, hacernos creer que es nuestra culpa no tener “éxito”. Pero en nuestras manos está luchar por un futuro diferente.

Con información de La Jornada, Excélsior, Expansión y Economía Hoy.






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