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Elecciones internas en el radicalismo tucumano: la casa sigue desordenada

Lo que parecía ser un triunfo cómodo para José Cano combinó denuncias de fraude e impugnaciones. La victoria no resuelve los dilemas a futuro.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Miércoles 5 de octubre | Edición del día

El pasado domingo la Unión Cívica Radical celebró sus elecciones internas para definir las autoridades provinciales. En el duelo entre la lista Roja A y la lista Roja y Blanca se cristalizaba una interna que el radicalismo local arrastra hace tiempo. José Cano llegó a la elección con una licencia de su cargo de presidente partidario y optó por apadrinar a Julio César Herrera. Una tercera lista se bajó a último momento, reconociendo que era costoso mantener una campaña.

Con el 65% de los votos, según el conteo provisorio, logrado por el funcionario de la municipalidad de Concepción, la lista Roja y Blanca se apuntó el triunfo. De la lista comandada por Ariel García, vicepresidente 2° de la Legislatura, denunciaron que en “la perla del Sur”, Herrera y el intendente Roberto Sánchez se valieron del aparato municipal para realizar un fraude. Además denunciaron que en Concepción se daba una suma de dinero cuando el votante salía del cuarto oscuro.

En consecuencia, García denunció ante la Junta Electoral partidaria por “fraude e inhabilidad moral” a la lista del canismo. Además, solicitó que no proclame presidente a Herrera hasta que no haya una resolución sobre su planteo. Un día después presentó su renuncia como candidato, por lo que Herrera sería proclamado.

Otro punto de conflicto, y prenda de negociación, fue la presidencia de la Juventud Radical. Desde el canismo proclaman a Exequiel Carugatti, en tanto que los díscolos proclaman a Maxi García, concejal de Yerba Buena y hermano del legislador. Según el recuento provisorio, hay 11 mesas observadas y 25 votos de diferencia.

En los comités juveniles, el sector de la Franja Morada ligado a la lista Roja A (“La Pisarello”, que responde al legislador Fernando Valdez) se quedó con el de Tafí Viejo. En tanto que el canismo puso en el de capital a Domingo Pérez, un estudiante de Ciencias Económicas de la Universidad Santo Tomás de Aquino.

Más allá de las denuncias de fraude y clientelismo, la interna no resuelve las encrucijadas de los correligionarios.

El armado de García reclama que el radicalismo es un furgón de cola del macrismo. Además señalan la negociación con un sector del peronismo para conformar el Acuerdo para el Bicentenario. Desde el canismo machacan que este grupo de legisladores se acerca demasiado a Osvaldo Jaldo. Hasta han deslizado que el vicegobernador se metió en la interna y dispuso recursos.

Las medias verdades de la campaña develan que la UCR, a pesar de haber remontado electoralmente tras derrotas aplastantes del alperovichismo, no tiene la identidad propia de un proyecto con solidez política. Una coalición con el peronismo puede tener a Cano como figura pero no es el único protagonista. Es decir, depende de los demás. En 2017, ni hablar de 2019, retomará las tensiones por los lugares a disputar. Con picardía, Germán Alfaro inició la inscripción de un partido político propio para negociar desde otro lado.

La relación con el macrismo es aún más compleja y conlleva mayores costos políticos. No es desconocido esto para el radicalismo a nivel nacional. Pero quien ha logrado uno de los pocos lugares en el gobierno nacional tampoco puede cantar victoria.

José Cano sigue sin hacer pie con el Plan Belgrano y en las últimas semanas pasó de prometer a desmentir. Primero tuvo que desmentir que se sumó a una interna entre el jefe de Gabinete Marcos Peña, donde él se cobijaría, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Luego tuvo que desmentir el desfinanciamiento del Plan Belgrano.

Ya en los titulares de los diarios nacionales, negó una interna con el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, por los anuncios a los que no es invitado. En los últimos días le salió al cruce el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, y tuvo que blanquear las especulaciones: “nunca pensé en renunciar”.

El triunfo en la interna del radicalismo debió ser un espaldarazo político para Cano pero no termina de serlo. No solo por las denuncias de fraude que empañan la imagen de “republicanismo” que pretende la UCR (¿presentará, acaso, cada lista sus gastos de campaña?).

La suerte de Cano ya no es la de una figura prominente que le hace frente al alperovichismo, su principal capital político. Está atada a un Gobierno que acumula desgaste, donde la “pesada herencia” kirchnerista ya no es suficiente para paliar el mal humor social. Como ministro ad hoc esto tendrá un costo. Por otro lado, el Plan Belgrano depende de una “lluvia de inversiones” que no llega. Y finalmente se encuentran en dos coaliciones electorales, a nivel nacional con el macrismo y provincialmente con un sector del peronismo. ¿La casa está en orden?




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