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Elecciones en Portugal: ganó el Partido Socialista, pero con baja participación

El Partido Socialista de Antonio Costa ganó con un porcentaje similar a la última elección, pero no logra la mayoría absoluta y deberá negociar con otras fuerzas.

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Lunes 7 de octubre | 21:46

La derecha del PPD/PSD cae por debajo del 30% mientras los socios de izquierda del anterior gobierno, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués pierden votos y representación de forma desigual.

Sin embargo, el principal ganador de la elección fue la abstención. Sólo un 54,5 % de los portugueses decidieron ir a votar en estos comicios, 300 mil personas menos que en la anterior elección, a falta de computar los votos en el extranjero, siendo estos el 1 % del total. Nueve partidos han conseguido representación con respecto a los 6 partidos de las elecciones de 2015.

El Partido Socialista obtuvo el 36,65%, 1.866.407 votos y 106 escaños. El Partido Social Demócrata, de centroderecha y líder de la oposición, obtuvo el 27,90%, 1.420.553 votos y 77 escaños. El Bloco de Esquerda, el 9,67%, 492.487 votos y mantuvo sus 19 escaños en la Asamblea de la República. La Coligação Democrática Unitária, coalición del Partido Comunista Portugués y el Partido Ecologista “Os verdes” obtuvo un 6,46% y 329.117 votos, recibiendo 12 escaños, 5 menos que en la anterior elección. El Partido Popular, de derecha, consiguió un 4,25%, 216.448 votos y 5 escaños. El partido animalista PAN “Pessoas-Animais-Natureza” obtuvo el 3,28% y 166.854 votos, 4 escaños.

Con tan sólo una banca se situó el partido de extrema derecha “Chega”, Iniciativa Liberal y LIVRE, un nuevo partido de carácter ecosocialista, surgido de una escisión del Bloco de Esquerda, con propuestas como la reducción de la jornada laboral a 30 horas semanales, el aumento del salario mínimo y una transición ecológica “socialmente justa”, planteando un Green New Deal (Novo pacto verde) a la portuguesa. Este último partido será representado por la primera diputada afrodescendiente de la historia de Portugal, Joacine Katar Moreira.

Pero aunque el Partido Socialista haya ganado las elecciones y superado su anterior resultado en 7 escaños, lo cierto es que debido a la alta abstención ha perdido más de 100.000 votos. La centroderecha también ha perdido votos, surge la extrema derecha y un nuevo partido en el espectro de la izquierda, Livre. El Partido Comunista Portugués parece el más desgastado por el pacto de investidura que permitió el gobierno de Costa los últimos cuatro años, y el Partido Socialista no obtiene su objetivo de obtener la mayoría absoluta, y necesitará casi con total seguridad el apoyo de uno de sus dos antiguos socios para poder gobernar.

Si bien se ha registrado una recuperación económica durante el mandato de Costa, esta no se ha sentido por la amplia mayoría de la población. Existe una carga fiscal del 35%, y la subida del precio del alquiler provocada por el boom del turismo afecta a la clase obrera y sectores medios, expulsándolos del centro de las ciudades.

El gobierno saca pecho al apuntarse el tanto de haber reducido la tasa de paro a la mitad, estando cercana al 13 % cuando Antonio Costa comenzó su mandato, y situándose ahora en un 6,7%, además de haber cumplido los objetivos marcados de deuda pública.

Pero los salarios siguen congelados desde antes de la crisis, motivo por el cual se han producido numerosas huelgas en los servicios públicos exigiendo los sindicatos que se actualice la antigüedad. Hacia fin del año 2018 habían salido a la huelga taxistas, enfermeros, ferroviarios, bomberos forestales, funcionarios judiciales y profesores. El primer día del año 2019, una huelga de ferroviarios paralizó los trenes en todo el país. Los bomberos forestales se movilizaron contra una propuesta del gobierno que cambia el estatuto profesional, elevando la edad jubilatoria y rebajando el salario. Los estibadores del puerto de Setubal paralizaron las actividades durante más de un mes, logrando imponer algunas medidas contra la precariedad laboral. En el año 2018 se produjeron un total de 260 huelgas, tal y como detallamos en este diario. En agosto de 2019 los transportistas fueron quienes paralizaron el suministro de combustible en muchas gasolineras del país, exigiendo mejores condiciones laborales. La respuesta del gobierno portugués fue la de usar a los militares como rompehuelgas a petición de las grandes patronales.

Además, el resurgir de un movimiento ecologista a nivel global como no se había visto desde los años setenta genera más desconfianza en el gobierno. Al tradicional partido verde coaligado con el Partido Comunista, se le suman los ecosocialistas de Livre y el animalismo, que consigue 4 bancas, y puede ser irónicamente un apoyo fácil para la investidura de Costa. Estas son expresiones políticas de un movimiento que el 27 de septiembre sacó a miles de personas en las principales ciudades en la huelga climática global, y que previamente había llamado públicamente a los sindicatos a convocar la huelga, cosa que la burocracia sindical se negó a hacer finalmente.

Este movimiento también está creciendo en Portugal, un país tradicionalmente castigado por los incendios forestales y donde este 2019 murieron 3 personas y hubo muchos heridos en más de mil incendios, recordando la tragedia de los años 2016 y 2017 con decenas de muertos.

Esa situación provocó una grave crisis en el ejecutivo este año, ya que los 15.000 kits con chalecos reflectantes y 70.000 bragas de cuello antihumo repartidas por la Autoridad Nacional de Protección Civil (ANPC) estaban hechos con poliéster, material inflamable. Y los materiales distribuidos por la ANPC habían sido encargados a empresas ligadas al Partido Socialista. La mayoría de los contratos fueron adjudicados a Brain One, empresa que tiene varios acuerdos firmados con el Ayuntamiento de Arouca – municipio gobernado por José Artur Neves, el actual Secretario de Estado de Protección Civil, entre 2015 y 2017–, y a Foxtrot Aventura, compañía del marido de una alcaldesa socialista en Guimarães. El gobierno evitó adjudicar los contratos a través de un concurso público alegando que se trataba de un encargo urgente en el marco de la campaña de prevención y protección de la ciudadanía. En total, 350.000 euros fueron destinados a la compra del material, que posteriormente fue distribuido en 19.000 aldeas. Un caso de corrupción en toda regla.

En definitiva, Antonio Costa podría elegir socios para formar gobierno. Pero viendo el cuadro general, existe un gran descontento contra los bajos salarios, la subida del coste de la vida y de los alquileres, los deficientes servicios públicos, la mala gestión del medio ambiente. Todo esto unido a un clima de inestabilidad económica que anuncia una nueva recesión global. La clase trabajadora y los sectores populares de Portugal tienen el desafío de desarrollar la lucha obrera y social en el próximo período.







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