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El caso Sevel: la historia de Macri como empresario automotriz

Mauricio y la familia Macri fueron empresarios, entre otros, del sector automotriz. La historia de Sevel, donde los trabajadores tuvieron que pagar “los platos rotos”. Cuando Cavallo estatizó de la deuda del Clan Macri y la pagamos todos

Jueves 17 de diciembre de 2015 | Edición del día

A principios de los ‘80, se fundó Sevel Argentina. Era una automotriz de capitales italianos (FIAT) y franceses (Peugeot). Como toda fábrica, cuando hubo crisis, se transformó en un problema para los empresarios por su baja rentabilidad. FIAT quería “sacarse de encima” la responsabilidad de producir en el país, en el marco de su plan general de cierres de fábricas y despidos masivos en sus plantas del mundo para paliar la crisis económica de esos años. Franco Macri, que ya venía haciendo sus negocios con los italianos de FIAT en otras ramas como la construcción, se hizo cargo de la indeseada Sevel desde sus inicios. Hizo la “limpieza” necesaria para bajar la producción de autos por año a 30 mil, dado el achicamiento del mercado. Esto implicó 15 mil suspensiones y el cierre de dos de las 5 plantas de Argentina en tan sólo un año. Por otro lado, Sevel arrastraba una deuda de 170 millones de dólares.

¿Adivinen qué pasó con esa deuda? Como la de muchas grandes empresas, fue estatizada por el Banco Central que dirigía Domingo Cavallo. O sea que pasó a manos del Estado, aumentando la llamada deuda externa que luego termina pagando el conjunto del pueblo. En total, los Macri le pasaron al Estado una deuda privada de... ¡300 millones de dólares! La crisis económica que comenzó en 1994 afectó la producción automotriz así como a otras ramas de la economía. En ese entonces, Mauricio Macri tenía 35 años y ya era presidente de Sevel. Acusados padre e hijo de contrabando de autopartes estafando al propio Estado (evitaron pagar 450 millones en impuestos!), salvados de la cárcel por la jueces menemistas, los Macri decidieron nuevamente hacer pagar los platos rotos a los trabajadores automotrices. En 1995 se produjeron suspensiones masivas en Sevel con el objetivo de disminuir costos. A su vez, recortaron salarios. Con el acuerdo del sindicato de la UOM de Lorenzo Miguel, lo que implicó pérdida para el bolsillo del trabajador.

El aval del SMATA en el Congreso

Cuando todavía los Macri no eran parte de las patronales de este sector, allí se iba fortaleciendo un cómplice clave para sus futuros negocios en la empresa Sevel: la burocracia traidora del SMATA. El entonces dirigente del SMATA, José Rodríguez, especialista en entregar a obreros a las garras de la última dictadura, fue también diputado nacional por el peronismo en dos períodos: 1985-89 y 1991-95. Desde allí, avaló las leyes que atacaban las conquistas de los trabajadores, permitiendo el avance de la flexibilización laboral. Mientras tanto, desde el sindicato, firmaba el convenio FIAT-SMATA, pionero de los convenios flexibles que se impusieron en los 90.

Prepararse para que Macri no haga como en Sevel

Dicen que para muestra sobra un botón. Y entre Macri y el SMATA ya tenemos dos botones. Por lo tanto, nada bueno pueden esperar los obreros automotrices de este empresario privado que considera que en las crisis los obreros son el blanco perfecto para descargar las supuestas “pérdidas” de las empresas, aún cuando todavía no existan realmente. Tampoco se puede esperar que, más allá de oficiar de opositores K, la burocracia del SMATA (con su historia de traiciones) esté dispuesta a llevar a los obreros a una resistencia contra el ajuste que ya empezó a llegar. Con un país gobernado por sus propios dueños, los trabajadores deberemos prepararnos para enfrentar el ajuste que nuevamente nos imponen con despidos, suspensiones y devaluación, provocando que nuestro salario cada vez se parezca más a una limosna.







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