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El trabajo que se desecha: vendedores/as informales y violencia estatal

Recibimos y difundimos. Se trata de una denuncia del accionar del personal de la Intendencia de Montevideo y su política clasista de exclusión de vendedores y vendedoras ambulantes.

Eva

Jueves 14 de septiembre | 18:32

(foto de archivo)

El lunes pasado, mientras esperaba el ómnibus vi como dos funcionarios de la intendencia acompañados de dos mujeres policías llegaban con una bolsa negra de basura y arrojaban allí las roscas dulces que un hombre vendía, con un canasto, por 8 de octubre. No pude escuchar exactamente las palabras del vendedor pero oí a una señora mayor que no podía creer lo que estaba sucediendo, y le pedía explicaciones a la policía. Esta se limitaba a responderle que ese era el procedimiento.

Tuve ganas de interceder, no supe qué decir, no me animé. Venía el 103…
En el camino volvía una y otra vez sobre la misma escena, sentía rabia, tristeza, indignación. Recordé el verano pasado, cuando mi padre me llamó por teléfono casi entre lágrimas para contarme que habían hecho lo mismo con él. Esta vez, escribí un texto en whatsapp denunciando lo sucedido y se lo envié a todos mis contactos. Y lo llamé yo a él.

Mi padre cocina, hace tartas, empanadas y las vende en la calle. Lo hace porque es lo que sabe hacer, y porque no cuenta con el dinero suficiente para instalar un local de comidas. Empezó siendo un trabajo temporal, mientras conseguía algo mejor, y es hoy su única forma de supervivencia. Una historia en singular pero común a la mayoría de los/las vendedores/as informales.

En enero se le ocurrió ir a probar en la rambla del Parque Rodó, ya que en el oeste las ventas estaban decayendo. Cerca de él estaba una señora muy pobre, con varios hijos pequeños, que llevaba una bandeja con pasta frolas chiquitas a precios muy económicos. Me cuenta que cuando llegaron los inspectores de la intendencia con sus bolsas de basura tiraron toda su producción y la de la señora. Habló con ellos, trató de convencerlos de que les permitieran irse de allí con la comida, pero fue inútil. “Son mente fría”, dice mi padre, “te quitan el pan de la boca, el pan de tus hijos” y “si pedís ayuda para abrir un local, de esos que están vacíos en las terminales, no te la dan, le dan a quienes tienen plata, a los que quieren poner un shopping”.

Y hacer la denuncia ante la intendencia es inútil porque lamentablemente el procedimiento de los funcionarios se inscribe dentro de la normativa establecida (Digesto departamental, Libro X, Título III, Capítulo II). Según esta, no se puede vender comida en la vía pública, a excepción de algunos productos en particular (confituras, golosinas, maníes tostados, garrapiñadas, helados, bebidas, café, churros, embutidos asados o cocidos bajo determinadas condiciones), y una vez constatada la “infracción” los inspectores deben proceder a requisar la mercadería. Cuando se trata de alimentos perecederos el plazo para recuperarlos es de 48hs, de lo contrario se procede a su eliminación.

Lo que no queda tan claro es que el procedimiento incluya a funcionarios policiales ni bolsas de basura. Mi padre piensa que es para evitar que la gente reaccione, dado que en otras oportunidades hubo vendedores que se negaron a entregar la mercadería y entraron en conflicto directo con los funcionarios de la IMM. También, como es de esperar, nadie va a retirar la comida que le sacaron, porque “tenés que pagar una multa y te basurean más”.

Nos encontramos frente a una normativa totalmente antipopular, que atenta contra las formas de supervivencia de los/las más pobres, sin ofrecer alternativa alguna. Me pregunto: ¿cuál es la verdadera infracción? ¿Elaborar roscas dulces y venderlas? ¿Tratar de sortear el desempleo creciente a través de la autogestión? ¿Ser pobre y no resignarse a la miseria?Nuevamente el Estado muestra su cara clasista y represiva, violentando a quienes la pelean día a día, profundizando las desigualdades sociales. A esta altura, creo que la única vía que nos queda es la acción popular en las calles, de hombres y mujeres que rompan el silencio y luchen por una vida digna, en todos los aspectos.

Si quieren saber más sobre este asunto, los/las invito a acercarse a cualquier vendedor o vendedora informal, están en la mayoría de los barrios, cerca de las paradas de ómnibus, ellos y ellas seguro tendrán muchas historias para contarles, narradas en primera persona.






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