Política México

SISMO EN MÉXICO

El terremoto y el repudio popular al gobierno de Peña Nieto y “los de arriba”

El terremoto de 7.1 y el 19S despertaron una solidaridad inmensa en México. Pero también mostraron el repudio popular a la “clase política”.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Sábado 23 de septiembre | 17:58

Uno de los secretarios de estado con más poder del país, Miguel Ángel Osorio Chong, fue corrido a gritos y hasta algunos golpes de la fábrica de textiles de la Colonia Obrera. El delegado de Xochimilco fue correteado también por los vecinos de San Gregorio.

Aunque el gobierno federal y de la Ciudad de México se desviven por aparecer “preocupados”, el accionar de las distintas instancias gubernamentales sólo profundiza la desconfianza y la bronca. El gobernador perredista de Morelos, Graco Ramírez y su esposa Elena Cepeda -titular del Sistema Integral de Desarrollo para la Familia (DIF) local- son acusados de quedarse con el acopio.

Peña Nieto solo busca que finalice cuanto antes las labores de rescate, sin importarle si aún quedan personas con vida atrapadas. La Marina y el Ejército son enviados a “limpiar” con prepotencia de voluntarios y rescatistas los edificios derrumbados. Todo esto despierta reacciones de repudio en la población que presiona para continuar con las labores de rescate: las pancartas improvisadas dicen “Peña y Mancera, no maten a nuestras familias”. “El pueblo ha respondido, ustedes, ¿cuándo?”

Los de arriba quieren recuperar la confianza

Ante esto, los partidos del Congreso empezaron una “carrera” de propuestas en torno a la donación de sus presupuestos electorales para los afectados por el sismo. Lo que le preocupa a la llamada “clase política” es que el terremoto afecte profundamente la legitimidad de las instituciones y de los partidos, que ya viene golpeada, en particular desde la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, cuando cientos de miles salieron a las calles al grito de ¡Fue el Estado! Y justamente estos partidos no pudieron siquiera pararse en las movilizaciones, aún los llamados “opositores”.

El PRI pretende recuperar la popularidad del presidente o cuando menos evitar una caída mayor. Por eso, a diferencia de 1985, Peña Nieto envió a las fuerzas armadas a “resguardar” las zonas más afectadas por el derrumbe, tanto para inhibir la participación popular, como para mostrarse “conduciendo” el rescate.

Incluso montaron operaciones mediáticas como el “reality show” de Televisa en el rescate de una niña en el Colegio Rebsamen que luego dijeron que no existió. En su afán por recuperar su imagen, puede provocar el efecto contrario, ya que es evidente el descontento que esto genera entre la población.

Por su parte los partidos de “oposición”, que durante los primeros días guardaron distancia y evitaron críticas a Peña Nieto que afectaran la “gobernabilidad”, ahora quieren evitar que el enojo popular golpee sus posibilidades electorales. Propuestas como las que mencionamos, buscan acortar la brecha que existe entre estos partidos y la población, que se ahonda con los efectos sociales del terremoto reciente.

A tono con esto, la llamada “reconstrucción” será puesta bajo el discurso de “unidad de todos los mexicanos”: esto es, los de abajo con los de arriba, los trabajadores con los empresarios, los que perdieron todo con los políticos y empresarios responsables de las construcciones inseguras. Sin embargo, no está dicho que los discursos vayan a contener la indignación ante la desidia de los gobiernos federal y locales. La desconfianza con los partidos al servicio de los empresarios es profunda y el terremoto del 19S la acrecienta.

Es fundamental que los trabajadores, junto a las organizaciones populares y de afectados, por la catástrofe, demos una salida propia e independiente. No basta con paliativos ni con la reducción del presupuesto a los partidos.

Hay que imponerle a las organizaciones obreras que se reclaman opositoras, y cuyas direcciones han estado ausentes en los últimos días, que se hagan parte en las tareas de rescate y de reconstrucción, en las cuales sí participaron miles de trabajadores, jóvenes y sectores populares, y de exigirle al Estado que ponga todos los recursos materiales necesarios para ello.

A la par, hay que enfrentar activamente la política criminal del gobierno de cerrar la búsqueda de sobrevivientes. Así como la reanudación de clases y actividades laborales poniendo en riesgo la vida de miles de personas, exigiendo la supervisión y el control de los peritajes por parte de los trabajadores, los estudiantes y los vecinos organizados, con la asesoría de especialistas designados por estos.

Urge un plan obrero y popular de emergencia que incluya los planes de reconstrucción tras el sismo, a partir de obras públicas diseñadas por trabajadores y colonos junto al personal especializado. Viviendas, hospitales, escuelas, edificios, carreteras y puentes seguros, cuya construcción no esté guiada por la sed de ganancias, sino por las necesidades sociales.

Esta catástrofe -cuyas consecuencias no tienen nada de “naturales”- muestra que para los de arriba solo importan las ganancias de los empresarios y su desprecio por las vidas del pueblo trabajador. Urge que los trabajadores, las mujeres y la juventud construyamos una herramienta política que luche por acabar con este régimen político al servicio de los capitalistas.






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