SEMANARIO

El temor de los empresarios al “recreo permanente”: memorias de la toma del 2008 del Instituto Nacional

Joaquín Romero

El temor de los empresarios al “recreo permanente”: memorias de la toma del 2008 del Instituto Nacional

Joaquín Romero

¿Qué paso el año 2008 en el Instituto Nacional?

Rebelarse contra la “minoría de edad obligatoria”

Lo primero que se me viene a la mente al recordar aquellos días de invierno del año 2008 en la toma del Instituto Nacional es estar discutiendo acaloradamente con un grupo de estudiantes del colegio, mientras hacíamos el clásico turno de vigilancia durante la noche, sobre si la organización que representaba a los “Institutanos” debía denominarse “Centro de Estudiantes” o “Centro de Alumnos”.

La discusión se refería a que la palabra Alumno vendría del latín y significaría “sin luz”, reforzando así una concepción autoritaria de un sistema educativo que ve a los estudiantes como recipientes vacíos que son llenados de conocimiento por la figura del “maestro”, expresando así la visión de un sistema económico y político que impone la visión de que las y los estudiantes secundarios carecerían de opiniones validas de ser escuchadas en un mundo dominado por los adultos. Una “minoría de edad obligatoria” que niega a los jóvenes la posibilidad de ser un actor capaz de cambiar el mundo en el que viven.

Personalmente no soy lingüista y desconozco si la discusión tiene alguna base real en términos etimológicos (a lo largo de los años he escuchado opiniones contradictorias), sin embargo, en esos términos la discusión me parece irrelevante. Lo importante para mi era que esas discusiones reflejaban el espíritu creativo de un grupo de estudiantes que enfrentándose a toda una casta de políticos y empresarios que buscaban mantener la educación como un negocio, adquirían también la consciencia de ser sujetos políticos, capaces de transformar el mundo que nos rodeaba.

No era la única discusión al respecto. El boletín estudiantil del instituto nacional publicado en noviembre del año 2008 esta lleno de artículos de estudiantes que reflexionaban sobre múltiples aspectos relacionados con la educación autoritaria. Ese año también comenzaba a discutirse si el colegio debía ser mixto, cuestionar la disciplina militar que imponía el establecimiento, o porque estábamos obligados a utilizar uniforme escolar.

“Nos hablan de manuales y de convivencia mientras nos imponen normas militaristas de disciplina, nos hablan de ser “institutano” con frases poéticas, contradictorias y sin sentido; nos hablan de pluralidad cuando son los primeros en coartar nuestra diversidad”[1] escribía un estudiante en el citado boletín en un artículo destinado a cuestionar las normas disciplinarias en los colegios al servicio de la educación de mercado y reproducir un modelo conservador y homogeneizante cuya defensa por parte de quienes defendían ese modelo buscaba apagar la rebelión juvenil que se gestaba en esos años.

Para este régimen político heredado de la dictadura, celoso carcelero del Chile neoliberal, los estudiantes son “incapaces relativos” , “menores de edad”, cuando se trata de discutir de política o de decidir sobre los grandes temas nacionales, pero son “delincuentes” , “terroristas” o “penalmente responsables” ( no es un azar que la ley de responsabilidad penal juvenil que permite imputarles delitos a los menores de edad se aprobase luego del año 2006) cuando salen a manifestarse a las calles. Los jóvenes son adultos cuando puede reprimírseles, pero son niños cuando se les pregunta su opinión.

¿Qué paso el año 2008 en el Instituto Nacional?

El año 2008 habían pasado dos años desde las movilizaciones secundarias conocidas como “la revolución de los pingüinos”. Aquel año 2006, durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, entre 400 y 950 colegios se movilizaron a lo largo del país, involucrando a más de 800.000 estudiantes secundarios a nivel nacional y 250.000 solo en la ciudad de Santiago.

Los estudiantes comenzaron demandando la gratuidad del pase escolar hasta que la Asamblea de estudiantes secundarios de Santiago (ACES) y la Asamblea nacional de estudiantes secundarios (ANES), ante el impulso de la movilización, levantaron como demanda central la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) dictada por la dictadura de Pinochet.

La LOCE era el pilar jurídico que sostenía un modelo mercantil de enseñanza que traspasó los liceos públicos del estado a la administración de los municipios, los que carecían de recursos en especial los de comunas mas pobres para sostener los liceos, que implico un cierre importante de colegios y la migración de muchos estudiantes al modelo particular subvencionado ( donde empresas privadas mantienen colegios con aportes del estado y lucran con ellos).

Era la primera vez que un movimiento social durante los gobiernos de la “transición democrática” cuestionaba directamente uno de los pilares del régimen político heredado de la dictadura y con ello la política de los acuerdos entre la concertación y la derecha que preservaba el modelo neoliberal que garantizaba cuantiosas ganancias a los empresarios a costa de los derechos sociales básicos de la población que se encontraban privatizados.

Los “pingüinos “provocaron una enorme crisis política que sepultó al gobierno en las encuestas. Los estudiantes al demandar la vuelta de los liceos al estado canalizaron la frustración de la población trabajadora y de los sectores medios ante la inexistencia de una posibilidad real de mejorar sus vidas y la de sus hijos e hijas, camino por excelencia asociado a la educación. El sobreendeudamiento, la imposibilidad de acceder a derechos básicos como vivienda o salud sin contraer millonarias deudas, en definitiva, todas las consecuencias del modelo neoliberal que agobia a millones de personas en nuestro país encontraron su expresión en la lucha que daban los pingüinos contra la educación de mercado.

Las demandas de “Fin al Lucro” y “Estatización de los liceos municipales” se convirtieron en lo que miles de estudiantes movilizados comprendieron como lo “mínimo” por lo que luchaban. Cuando las movilizaciones fueron llevadas a las mesas de negociación propuestas por el gobierno en que se sentaron los dirigentes junto a los empresarios de la educación, buscando el gobierno hacer conciliar sus intereses, miles de estudiantes sentían que tal acto había sido una traición.

Aquello se vino a corroborar el año 2008 cuando la presidenta Bachelet presentó el proyecto de ley que reemplazaría a la LOCE denominado Ley General de Educación (LGE) que mantenía el lucro en educación y el sistema de Voucher[2] además de mantener los colegios públicos a manos del municipio sin volver al Estado como exigían los estudiantes.

Este ejercicio de gatopardismo consistió en que se presentó una ley que supuestamente respondía a las demandas de los pingüinos pero que mantenía intacto el negocio en la educación, ejercicio que fue coronado con la histórica foto en la que los partidos políticos de la transición, la derecha y la concertación se toman de las manos celebrando el consenso firmado a espaldas de los estudiantes y de cara a los empresarios de la educación[3].

Cuando la ley fue anunciada la indignación recorrió los liceos y ese 2008 volvieron las movilizaciones en rechazo al acuerdo firmado por el gobierno y la oposición. Sin embargo, ya no existía la organización estudiantil que había encabezado las movilizaciones el año 2006.

Los dirigentes secundarios de la revolución de los pingüinos estaban estrechamente ligados a los partidos de la concertación, particularmente del partido socialista, e incluso de la derecha[4], y cuando estos se sentaron a la mesa del gobierno a negociar con los empresarios, inmediatamente empezó la operación para desarticular la organización estudiantil forjada en esos años.

Los principales focos políticos de la movilización sufrieron masivas expulsiones de los dirigentes o activistas, bajo acusaciones de desordenes o falta a la disciplina y manuales de convivencia escolar. Solo en el Instituto Nacional Se calcularon cerca de 100 expulsiones y decenas de estudiantes que pasaron a estar “condicionales”.

También el partido socialista se dedicó a quebrar las organizaciones estudiantiles en la medida que otras organizaciones de izquierda empezaron a ganar posiciones entre los secundarios al canalizar el descontento con las conversaciones con el gobierno. El año 2007 el Centro de Alumnos del Instituto Nacional, dirigido por el PS, decide quebrar la ANES y la ACES formando la AGES (Asamblea General de Estudiantes Secundarios) de efímera duración. Fue en ese entonces que comenzó la constante atomización y fraccionamiento que debilitaría hasta la actualidad al movimiento estudiantil secundario, tal como quería lograr el gobierno en aquellos años para garantizar la aprobación de su agenda educativa.

Empezaba yo ese año 2008 mi tercer año de enseñanza media en el Instituto Nacional, una institución de tradiciones republicanas ya empolvadas que salían a la luz solo para mantener la disciplina autoritaria y represiva sobre la organización estudiantil, referencia de una elite conservadora que ya no se educaba en sus aulas y a la vez un museo de tiempos retrógrados en que a las mujeres se le prohibía el acceso a la educación. El Rector Omar Letelier, cercano al alcalde de la derecha de aquel entonces Alcaino, mantenían el clima represivo instalado en el colegio después del año 2006 con listas negras con las personas que se movilizaban o se movilizaron, quienes eran constantemente hostigados por los profesores partidarios del rector y los inspectores. Ese clima se vería roto con el nuevo ascenso secundario que llamo a miles de estudiantes nuevamente a la calle para rechazar el proyecto de ley.

Cohesionado en torno a la idea de levantar la movilización, varios cursos de tercero y segundo medio, entre ellos el mío, comenzaron a resistir el autoritarismo del rector buscando que el Instituto Nacional se adhiriese a las convocatorias a movilizarse. Al principio con paros de curso (los que solo podían hacerse efectivos coordinado cimarras colectivas para que nadie entrase a clases), luego con tomas fantasmas que alterasen el normal funcionamiento de las clases, o con marchas a la inspectoría que incluso terminaban en enfrentamientos físicos con las autoridades.

Enfrentábamos una dura oposición del sentido común mayoritario de los estudiantes, fuertemente permeados por una consciencia individualista y meritocrática que le daba a la derecha estudiantil un amplio margen de maniobra para ahogar en los CODECUS (consejos de delegados de curso), especie de parlamento estudiantil del establecimiento, toda tentativa de movilización. El CEPAIN (centro de padres) en ese entonces una instancia unitaria también se oponía fuertemente al “clima de violencia” que se estaba desatando en ese entonces.

Al calor de los enfrentamientos con el gobierno, quien esta vez reprimió duramente a los estudiantes, y el rechazo de la opinión pública creada por los medios de comunicación, los secundarios se fueron quedando solos e impotentes, pasarían algunos años para comprender que aquella sería una victoria pírrica[5] del gobierno de Bachelet. Aún así cerca de 10.000 estudiantes se reunieron en Tobalaba aquel día de invierno en que la ley se despacho en el congreso. La represión y la lluvia minaron la resistencia de los estudiantes que se extendió por horas, sin embargo, luego de aquel día los colegios movilizados comenzaron a descender.

La lucha por el rechazo de la LGE, así como la reposición de las discusiones respecto a las demandas por las cuales nos movilizábamos fueron debilitando en el Nacional la resistencia de la mayoría de los estudiantes que se negaban a ir a una “aventura suicida” que habíamos perdido de antemano, lo que se tradujo en grandes enfrentamientos en asamblea entre quienes defendíamos la necesidad de mantener en alto las banderas del 2006 frente a quienes pedían no alterar el orden institucional del colegio en aras de no comprometer la excelencia académica.

La moral y la convicción con la que manteníamos la movilización no evito que no tuviéramos en cuenta que nuestra situación era incierta al darnos cuenta de que la realidad nos había superado y que no lograríamos evitar la aprobación de la LGE lo que podría llevar a que movilización en el nacional sin rumbo claro significaría una derrota coronada con las represalias que el rector y el municipio descargaría sobre los estudiantes movilizados.

Todo ese tiempo de movilización había comenzado a hacer grietas en la estructura monolítica y conservadora que sustentaba a las autoridades del establecimiento. Primero las y los profesores, especialmente aquellos vinculados al Colegio de Profesores (CDP) cuyas demandas históricas encontraban eco en las banderas del 2006, luego en los funcionarios y finalmente en importantes sectores de apoderados, que conmovidos con la lucha de los estudiantes comenzaron a apuntar sus dardos contra la rectoría de Omar Letelier.

Así fue como comenzaron a salir las acusaciones de hostigamiento laboral, corrupción y desvió de fondos de parte de los inspectores generales (el más famoso el caso de Domingo Antiman que se robaba las colaciones de la JUNAEB para venderlas y falsificaba las boletas) y de la propia rectoría, acusaciones que salpicaron al Centro de Padres , aliado de rectoría, que tenía un desfalco de millones atribuidos a apropiación fraudulenta de los fondos, crisis que hizo estallar la organización de los apoderados.[6]

Decidimos jugarnos el todo por el todo citando a una asamblea de apoderados, funcionarios, profesores y estudiantes para un sábado donde decidimos exponer el viraje que queríamos dar a la movilización exigiendo la salida del rector Omar Letelier, logrando convencer a un sector importante de profesores, apoderados y funcionarios y con eso la toma revivió con nuevas fuerzas, donde incluso se llego a plantear un experimento breve de poner a funcionar de manera autogestionada el colegio. Pese a tener la oposición de la prensa, que por aquel año impulsaba una campaña contra el narcotráfico en el instituto nacional, o los padres que buscaban bajar las tomas o los constantes desalojos de parte de carabineros, el objetivo y la unidad entre los profesores, apoderados y estudiantes nos cohesiono y nos entrego las fuerzas para resistir.

Sin renunciar obtener alguna victoria fruto de todos esos días de abnegada entrega a la lucha estudiantil decidimos encauzar la movilización hacia la crisis financiera del colegio y la responsabilidad del rector exigiendo su salida[7] la que logramos conquistar[8] a finales de julio de aquel año. El día en que el alcalde anuncio la desvinculación del rector el colegio entero se paralizó ante una celebración espontanea de estudiantes, profesores y apoderados. Aquel año 2008 los secundarios fuimos nuevamente derrotados por el gobierno, pero a pequeña escala logramos demostrar lo que la unidad entre trabajadores y estudiantes podía lograr para sacar a la movilización del callejón sin salida. Fue ese año que se forjaron los futuros y las futuras activistas de la movilización del 2011.

El temor de los empresarios al “recreo permanente”

Este año 2019 ha estado marcado por la agenda laboral y el debate respecto a la jornada laboral frente a un gobierno que busca hacer que los trabajadores sean explotados por más horas a menor costo. ¿Qué tiene que ver esto con esta reflexión?, que ha sido precisamente este año donde con más fuerza ha descargado el gobierno de la derecha toda la fuerza represiva del estado, particularmente contra los estudiantes del Instituto Nacional.

Acá volvemos a rescatar lo que señalábamos al principio de esta reflexión ¿Cuál es el sentido de imponer estrictas reglas de disciplina, cumplimiento de jornada de estudio, de uso de uniforme, si no es para amoldar a los jóvenes a un mercado laboral que requiere de trabajadores disciplinados que no cuestionen la estructura productiva que destruye sus vidas en beneficio de las ganancias de unos pocos empresarios?

Cuando los estudiantes paralizan o se toman sus espacios educativos cuestionan precisamente esa estructura, esa disciplina, que no es sino la disciplina que buscan imponer en las fabricas para sofocar todo espíritu crítico, toda posibilidad de rebelión. Por algo los ascensos de las movilizaciones estudiantiles han coincidido siempre con ascensos de huelgas y movilizaciones del movimiento obrero: el año 1998 con las movilizaciones de los portuarios contra la privatización de los puertos, el 2007 con la movilización de los mineros del cobre y de los forestales, y el ciclo de movilizaciones del 2012-2015 que abarco al Transantiago, retail, correos, portuarios, entre otros. Nada temen los empresarios y la derecha que a ese “recreo permanente” con lo que los secundarios desafían el estatus quo del Chile Neoliberal.

Volviendo a citar el artículo del boletín respecto a la disciplina “Nos quieren amoldar, uniformar, cortar el pelo, luego las cabezas, finalmente: las ideas. Nosotros no lo permitiremos , que no jueguen con fuego”


[1] Cita extraída del artículo “Atentos… apunten… ¡Disciplina! Escrito por Felipe Inostroza Jelves, en Boletín Estudiantil Instituto Nacional año1, número 01, p.17.

[2] Voucher hace referencia a un modelo basado en el subsidio a la demanda, en oposición a sistemas de enseñanza que se basan en aportes directos a los establecimientos públicos, que consiste en un subsidio que se entrega directamente a las familias o a los privados para que cumplan una función pública vía financiamiento indirecto por parte del Estado. Es la lógica con la que funciona el “estado subsidiario” consagrado en la constitución del 80 en la que el estado no cumple el rol de garante de derechos sociales, sino que se entrega esta acción preferentemente a los privados.

[3]Michelle Bachelet promulgó la polémica Ley General de Educación, ADNradio.cl, 17 de agosto del 2009, http://www.adnradio.cl/noticias/nacional/michelle-bachelet-promulgo-la-polemica-ley-general-de-educacion/20090817/nota/862675.aspx

[4] Los casos más emblemáticos son los de German Westhoff presidente del CAIN 2006, actual militante de evopoli y Julio Isamit secretario ejecutivo del CAIN 2006 actualmente trabaja en el gobierno de Piñera.

[5] Se dice que es una “victoria pírrica” cuando el resultado de ganar a un adversario es tan costoso que es equivalente a perder.

[6] Para una crónica de esta crisis revisar el Boletín Estudiantil del Instituto Nacional , Noviembre de 2008.

[7]“Alumnos del Instituto Nacional piden salida de su rector por mala gestión”, Cooperativa 28 de Julio del año 2008, https://www.emol.com/noticias/nacional/2008/07/31/315457/rector-de-instituto-nacional-deja-el-cargo.html

[8]Rector de Instituto Nacional deja el cargo, EMOL, 31 de julio del año 2008
https://www.emol.com/noticias/nacional/2008/07/31/315457/rector-de-instituto-nacional-deja-el-cargo.html https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/educacion/colegios/alumnos-del-instituto-nacional-piden-salida-de-su-rector-por-mala-gestion/2008-07-28/122032.html

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Joaquín Romero

Militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios
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