Sociedad

DEBATE EDUCATIVO

El teléfono contra el acoso escolar recibe 4.085 llamadas en un mes

El servicio telefónico fue puesto en servicio el pasado 1 de noviembre. Ha permitido cuantificar 1.302 posibles casos de violencia en las escuelas.

Aníbal Maza

Zaragoza

Viernes 2 de diciembre de 2016 | 19:16

El pasado 30 de noviembre el ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, durante su comparecencia en la Comisión de Educación del Congreso informó de los datos recogidos por el Teléfono de atención al acoso escolar (900 018 018) disponible las 24h, todos los días del año y totalmente gratuito. Éstos reflejaban un total de 4.085 llamadas, de las cuáles el ministerio consideraba 1.302 como posibles casos de violencia que ha sometido a investigación, en muchos casos policial.

El pasado día 23 de noviembre, el ministerio ya informó de que se habían detectado 933 posibles casos de acoso escolar en los primeros 21 días de funcionamiento. Estas cifras muestran un preocupante auge del acoso escolar. Además de que es muy probable que gran parte de los casos no se denuncien, con lo que estaríamos ante la punta del iceberg y la violencia es mucho más habitual de lo que muestran estas cifras.

Este teléfono forma parte del plan estratégico para la convivencia en los Centros Escolares que está impulsando el Gobierno. Un plan con unos términos tan vagos, que en principio casi todo el mundo estaría de acuerdo (cómo se observa en este fragmento recogido de la página del Ministerio de Educación):

“Los ejes fundamentales del plan de Convivencia Escolar son: Educación inclusiva.

• Participación de la comunidad educativa.

• Aprendizaje y convivencia.

• Educación en los sentimientos y en la amistad.

• Socialización preventiva de la violencia de género.

• Prevención de la violencia desde la primera infancia.

• Atención y cuidado del uso de las tecnologías de la información y la comunicación.”

Y unas líneas de actuación, expuestas con términos semejantes que crean una evidente confusión en el lector. Sin duda el Ministerio dispone de capacidad para informar de forma detallada de todas y cada una de las actuaciones que pretende llevar a cabo.

En el caso de este proyecto ocurre lo mismo que con las leyes educativas, los mismos burócratas que ejecutan los recortes en educación son los que imponen estos “mantras” idealistas, para enmascarar sus políticas e imposibilitar toda discusión realista.

Viene siendo una estrategia tradicional de las clases dominantes y sus medios de comunicación, el utilizar un problema real (como tenemos en este caso con el acoso escolar), como pretexto para comenzar con una batería de medidas que contravengan los intereses de los trabajadores y el pueblo. El trabajo de Carlo Mongardini Miedo y sociedad muestra claramente cómo funcionan estas estrategias de confusión y miedo en los países imperialistas.

¿Qué nos espera?

La pregunta ahora para los trabajadores de la enseñanza, padres y alumnos debe ser: ¿qué es lo que nos espera? Lo cierto es que desde el 2015 el Ministerio de Educación ya está firmando acuerdos con el Ministerio de Defensa para modificar el currículo escolar.

Además de los acuerdos formales, es interesante sopesar la posible existencia de una tupida red de “relaciones informales” entre los ministerios de Educación y Defensa. La evidencia está en la cantidad de parientes que el Ministro de Educación Pedro Menéndez de Vigo comparte con el Ministerio de Defensa y otras instituciones como el CNI.

Pedro Méndez de Vigo director del gabinete técnico del Secretario de Estado de Defensa (hermano del Ministro de Educación). Beatriz Méndez de Vigo, secretaria general del CNI. Pedro Méndez de Vigo, ex coronel del Ejército de Tierra, Jefe del Área de Análisis Geopolítico de la División de Coordinación y Estudios de Seguridad y Defensa (Ejército). Actualmente miembro del equipo del secretario de Estado de Defensa.

Pasando a sus líneas matrimoniales: María Pérez de Herrasti y Urquijo, está emparentada con el ministro de Defensa Pedro Morenés y el presidente de Endesa: Borja Prado. Los tres son nietos de los mismos abuelos.

La suegra del Ministro de Educación, Begoña Urquijo, fue miembro del comité local de Alianza Popular en Madrid, Tesorera Nacional en el Ejecutivo Nacional y Vicepresidenta de AP.

Profundizando aún más en la historia de esta familia, nos encontramos con que Méndez de Vigo padre fue ayudante del Generalísimo Franco y que éstos están emparentados con la corona (descendientes de María Cristina de Borbón) e incluso con el Marqués de Esquilache, especialmente célebre por el odio que sentían hacia él las clases populares del s. XVIII.

¿Es sensato que los trabajadores de la Enseñanza, alumnos y familias confíemos en las soluciones de la “aristocracia ministerial”?

El problema del acoso escolar es especialmente grave, y debe ser atajado cuánto antes. En dos tiempos: con medidas inmediatas y soluciones permanentes. Entre las soluciones inmediatas es necesario establecer ya protocolos claros de actuación en los centros escolares, establecer una política de transparencia absoluta entre el colectivo del centro escolar y el colectivo familiar (todos los trabajadores, profesores, alumnos y familias han de tener conocimiento de qué pasa en los centros escolares y quién es el causante de la violencia).

Para profundizar en este conocimiento es necesario que los trabajadores y familias colaboren en la realización de un estudio sobre el origen de clase de los que provocan el acoso escolar. Entre gran parte de los educadores aún se mantienen unos estereotipos de los 70-80 en los que se relacionaba la delincuencia juvenil con la pobreza, con los hijos de los obreros emigrados en los barrios chabolistas.

En este momento algunos jueces de menores están llamando la atención sobre el hecho de que el perfil de clase de los delincuentes juveniles ha cambiado, procediendo éstos de clases más acomodadas.

También es necesario discutir y establecer una solución a la “patata caliente” de las expulsiones o traslados de los centros. No se puede permitir la política de la dejación por parte del centro (el “no hacer nada”) que lleva a que sea la víctima quien tiene que cambiarse de colegio. El trasladado debería ser el agresor y los cómplices, y llevados a un centro dónde puedan ser verdaderamente rehabilitados, con buenos medios materiales, atención psicológica y educación en el respeto al colectivo y el trabajo.

Evidentemente, el tratamiento que permita rehabilitar a los alumnos con actitudes violentas debe estar diseñado y controlado por los propios trabajadores. Algo que en muchos casos llevará al enfrentamiento con las autoridades educativas como le sucedía habitualmente a Antón Makarenko, el referente por antonomasia en la rehabilitación de menores.

También es imperativo que los trabajadores de la educación y familiares aborden el debate sobre la disciplina en los centros escolares. Una disciplina colectiva, consciente y responsable, que lleve a que sean los propios alumnos y docentes quienes impongan las medidas (incluida la expulsión) en asamblea, conformando una decisión colectiva a tal efecto. Tal y como planteaba Makarenko para los casos de robos, agresiones y otros problemas graves que se daban dentro de la convivencia escolar. En ningún caso debe tratarse de una disciplina “cuartelaría” o de crear un “estado policial” en la escuela.

Evidentemente esto no se crea sólo, es el docente quien tiene que comenzar a “tirar del carro” para que los alumnos naturalicen esta forma de funcionar (si cuenta con la ayuda de la familia mucho mejor).

Contrariamente a lo que plantean los “maximalistas de la educación” que fetichizan el objetivo final de “liberar a la escuela” lo cierto es que los niños no son una hoja en blanco, están “maleducados” por la sociedad y por tanto el proceso ha de ser gradual y necesariamente largo (me tomaré la licencia de usar esta expresión que responde a la realidad que perciben las clases populares…un término tremendamente preciso, aunque igualmente denostado por los “olimpos pedagógicos”).

Los niños, adolescentes (y los adultos que no se nos olvide) estamos sometidos a la “mala educación” de los medios de comunicación, del darwinismo social, de la disciplina cuartelaría, de la violencia cotidiana que nos impone esta sociedad cada vez más clasista, explotadora y opresiva.

Las políticas neoliberales han quebrado las tradiciones de la clase obrera, han “quebrantado” las redes de sociabilidad tradicionales (el barrio o la familia, por ejemplo) aislándonos, atomizándonos y debilitándonos.

En este sentido nos han dejado en “el vacío”, pues esos espacios no sólo transmitían un sentido común burgués también podían transmitir conciencia de clase y un sentido común “obrero” forjado su lucha diaria por la supervivencia en la sociedad de clases.

De esta forma, han trasladado a la mayoría de la población (los trabajadores) el miedo, el aislamiento, el desprecio al trabajo ajeno y el darwinismo social que tanto gustaba a la alta y pequeña burguesía. Y también nos han trasladado sus pautas educativas familiares: la familia como “realidad de consumo” y satisfacción del egoísmo individual a costa de los demás en lugar de la familia como “realidad de trabajo comunitario”, solidaridad y apoyo mutuo para garantizar la supervivencia individual.

Escuela, familia y clase obrera, todas haciendo aguas bajo la presión del capitalismo triunfante, todos perdidos en las brumas de su decadencia. Todos necesariamente unidos para luchar contra ella y volver a encontrar nuestro camino a la emancipación.






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