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ELECCIONES EN CATALUÑA

El soberanismo se centra en las urnas y sectores reniegan del 1O y la República

Una vez más, como fue el 27-S y el 1-O, el bloque soberanista confía la suerte de la República Catalana a las urnas, aunque esta vez impuestas por Rajoy. Sectores del prosecisme, frente a la represión del Estado, comienzan a renegar de la República Catalana.

Ivan Tamajón

Barcelona | @Ivan_Borvba

Federico Grom

Barcelona

Jueves 16 de noviembre | Edición del día

Foto: EFE

Las fuerzas soberanistas aceptaron, con más o menos rapidez, la imposición de los comicios del próximo 21-D dispuestos por la intervención que el gobierno central realiza a través del infame articulo 155. El objetivo es obviar la voluntad del pueblo catalán expresada en el referéndum del 1-O y en las múltiples jornadas de concentraciones, -destacando la huelga general del 3-0 o la última jornada de movilizaciones del pasado miércoles 8 de noviembre-, son hoy el objetivo.

En este marco la hoja de ruta definida por el proces pone rumbo a las urnas, a buscar una mayoría “clara en escaños y votos”, como han afirmado durante las últimas 48h el diputado en el Congreso por ERC (Izquierda Republicana de Cataluña por sus siglas en Catalá), Joan Tardà o el propio Carles Puigdemont.

Este giro representa un retroceso a la hoja de ruta “clásica” del procesisme desde el 2012 hasta el mismo día 20 de septiembre de este año. Confiar la pelea por la República Catalana (anteriormente por la independencia) a la vía institucional.

No obstante el movimiento no se encuentra en el mismo punto que en 2012. Desde el día 20 de septiembre, con el encarcelamiento de más de una decena de miembros del Govern asociados a la Consellería d’Economía, el movimiento popular no ha parado de crecer y organizarse. Jugó un rol clave en la celebración del 1-O y su organización se consolido en los CDR’s, Comités de Defensa de la República, que a fecha de hoy suman más de 230 en todo Cataluña.

Esto, junto al inevitable aumento de la represión por parte del Estado central ha hecho que la dirección del procés haya tenido que realizar esta vuelta a hojas de ruta pasadas bajo un balance claramente superficial. Agitando un discurso del miedo a la violencia Anna Simó, secretaria de la Mesa del Parlament aseguró que la DUI (declaración unilateral de independencia) era inviable “por culpa de un Gobierno [central] que según dicen está preparado para ejercer una represión más dura de la que muchos podían prever”.

Así como que el “reconocimiento” de que no se tiene mayoría suficiente, como señaló Artur Mas, lo que es una negación del Referéndum del 1O y su resultado. En la misma línea se pronunció Joan Tardà, que tuvo el descaro de decir que si hoy Catalunya no es independiente es porque “no ha existido una mayoría de catalanes que así lo hubieran querido”, frente a un pueblo que puso el cuerpo para que se realizara el referéndum y un gobierno del que forman parte que no opuso la más mínima resistencia.

El mismo Puigdemont afirmó en el diario “Le Soir” que “otra alternativa a la independencia es posible”, aunque matizara que él, como President, lo había intentado sin éxito. También Clara Ponsatí (Consellera d’Educació), afirmó recientemente que “el Govern no estaba preparado para aplicar la independencia”.
Una afirmación de una responsable del Govern y miembro de la ANC (Assamblea Nacional Catalana), que apoyó el discurso oficial basado en dos premisas; tenemos estructuras de Estado preparadas y tendremos apoyo internacional. Además de las habladurías de que liderarían una resistencia pacífica que brilló por su ausencia.

No era de extrañar que Europa, la Europa del capital y enemiga de los trabajadores y los pueblos, fuera a dar la espalda a este proceso alineándose con el Estado español, lo que le daba vía libre a la represión y judicialización del proceso, lo que llevó a la detención de casi todo el Govern, además de los dirigentes de Omnium y la ANC.

¿Y después del 21D?

Pero escrito el nuevo relato, ¿qué camino se abre el día posterior a la votación? Tanto PDCat (Partido Demócrata Europeo Catalán), como ERC, han dejado claro que buscarán formar candidaturas amplias. Descartada la convergencia con la CUP (Candidatura de Unidad Popular) de cara al 21-D o inclusive un Govern de contención posterior, la dirección del procés fija en los “comunes” las posibles alianzas.

ERC es quién más abiertamente se ha expresado por esta vía. Oriol Junqueras, desde la cárcel de Estremera, se ha dirigido a la militancia de ERC con dos mensajes claros: Puigdemont también es nuestro candidato y la solicitud de tejer complicidades con los “comunes”.

Sobre este último punto Junqueras señala la necesidad de “tejer complicidades” con “aquellos que equiparan República y 155. Por dolorosa e incomprensible que a veces nos parezca su actitud. Da igual. La mano la tenemos que tener extendida”.

Es decir, el desenlace del relato propuesto por la dirección del procés es la entablar alianzas con aquellos que no han reconocido en ningún momento el resultado del 1-O y que aportan como solución la negociación y el referéndum pactado. Poco menos que un brindis al sol, cuando al otro lado del pacto están PP, PSOE, C’S y la Corona.
Por su parte la CUP se expresó el domingo pasado por la participación en estas elecciones “ilegítimas e impuestas”. Lo hará bajo una “candidatura propia, lo más amplia posible, claramente rupturista, independentista y de izquierdas”.

No obstante, el momento actual y el ataque represivo del Estado español, no se combaten únicamente desde las urnas, es necesario que para que realmente exista un movimiento “rupturista, independentista y de izquierdas” debe haber una ruptura y denuncia a la actual dirección del procés.

Si bien ésta viene sufriendo los mayores azotes de la represión del Estado español, con multa y penas de cárcel, no es menos cierto que la actual situación, de una Generalitat tomada por el Gobierno central y un nulo plan de defensa de la República y las instituciones catalanas, es también responsabilidad suya.

Por ello a la defensa incondicional de los presos políticos y la exigencia por su inmediata libertad, no se puede dejar de señalar que la estrategia procesista de la dirección, a la que busca volver basada en urnas, consensos, negociaciones y esperanzas en la UE, es andar en círculo.

El 21-D puede ser reescribir la hoja de ruta, o una oportunidad para presentar candidaturas de los que sí quieren pelear por una república, de romper con el procesisme con candidaturas de carácter anticapitalista que promuevan un programa independiente a la dirección de Junts pel Si, basados en la movilización social y que unan de forma estratégica la lucha democrática por la independencia con un programa de demandas sociales que sume a la clase trabajadora, la única “ampliación” de la base del movimiento que aportaría un valor cualitativo.








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