Sociedad

SALUD LABORAL

El síndrome de cabeza quemada se extiende en el mundo laboral

Cada día son mayores los riesgos en la salud de quienes asisten, enseñan, acompañan, curan a otros en situaciones de vulnerabilidad. ¿Qué pasa cuando el síndrome de burnout deja de ser un tema individual?

Lic. Vita Escardó

Psicóloga, psicodramatista y actriz

Miércoles 10 de agosto de 2016 | 00:00

La salud de quienes asisten, enseñan, acompañan, curan a otros en situaciones de vulnerabilidad y riesgo está pasando a primeros planos cada día en mayor medida. En la década del 70 se conceptualizó como malestar docente entre el personal educativo. En los 80, Maslach y Jackson, dos psicólogas norteamericanas, sistematizaron estudios que ya venían realizándose como síndrome de burnout. En nuestros términos, síndrome de cabeza quemada o quemarse por el trabajo.

Los síntomas se enumeran tan variados, que la descripción por sí sola no llega a completar un diagnóstico de burnout en sí mismo. Precisan de una mirada amplia y de una indagación sobre aspectos psíquicos ligados con las coordenadas del trabajo y las expectativas puestas allí. Más bien cabría preguntarse por el contexto de aparición de los síntomas y su frecuencia y de aquellos contenidos emocionales asociados con los mismos.

La globalización, las nuevas nosologías, la precariedad socioeconómica y laboral, las tecnologías, el cambio de paradigma acerca de las profesiones de asistencia y sus contextos de abordaje forman parte de la ecuación que atraviesan los colectivos de trabajadores que asisten a otros (y otras) que sufren.

Docentes, abogados, psicólogos, trabajadores sociales, médicos, enfermeros, operadores, administrativos y una extensa gama de trabajadores enfrentan problemáticas que van desde la violencia de género, a veces entramada con el abuso sexual infantil, hasta las personas en situación de calle. Incluyendo discapacidad, minoridad, enfermedades terminales, adicciones, etc. Con una formación cada vez más especializada y técnicas incorporadas a las políticas públicas, forman parte de quienes están en el terreno, allí donde las personas precisan ser acompañadas. Pero no se trata necesariamente del contacto con ellas y ellos lo que les quema la cabeza.

La realidad institucional socavada por años de neoliberalismo y retiro del Estado los deja en la situación paradojal de tener que dar respuesta como cara de una institución de la cual no obtienen los recursos necesarios. Ellos y ellas también atravesados por exceso de horas de trabajo y de público a asistir, pero con falta de recursos, sueldo, personal…

Quedan entrampados en la paradoja entre el exceso y la falta, sumados al mandato de dar respuesta a las demandas constantes de colectivos socioeconómicamente vulnerables. Aquí es donde el síndrome de burnout deja de ser un tema individual. Si el trabajo es el resultado de vencer las resistencias que el medio nos plantea y en ese esfuerzo se genera un sufrimiento psíquico que es también transformador, un trabajador de manera individual frente a la realidad socioeconómica está ante un molino de viento.

Desde 2006 coordino espacios de Cuidado de Cuidadores en diversas instituciones. Allí abordamos de manera colectiva esta problemática en una actividad dialéctica entre la vocación, la institución, los recursos psíquicos y físicos, posibilitando la consolidación de un lenguaje común y transformador. Utilizo técnicas ligadas con el arte y la creatividad, como manera de estimular una producción ligada con la acción, más allá de los discursos.

La ventaja de aproximarse de esta manera, a mi modo de ver, es la posibilidad de generar una mediación entre el conflicto psíquico activo y la posibilidad de reflexionar sobre esto no solamente desde lo individual sino como síntoma colectivo de una realidad institucional y social. El encuentro con los otros del trabajo cotidiano encuentra un espacio diferenciado donde dar lugar a la reflexión sobre la tarea en sí, claro, pero además sobre la gama de elementos que no resultan tan evidentes cotidianamente. ¿Cómo llevo a cabo mi tarea? ¿Sobre qué prejuicios? ¿Qué ideología me sostiene? ¿Es compartida por los parámetros que propone la institución? ¿Y por mis compañeros? ¿Hay algunas condiciones que podrían modificarse para paliar los efectos de quemazón mental?

La experiencia de estos años ha quedado plasmada en el libro Cuidado de Cuidadores, dispositivos grupales y técnicas de intervención, editado por Noveduc recientemente.

Se trata de una herramienta de información y propuesta de acción para trabajadores y trabajadoras ocupados en la salud de los demás y que, a veces, dejan de lado la salud propia, fundamental para sostener a las instituciones que deben dar respuesta a la desigualdad social imperante.







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