Política

OPINIÓN

El silencio de Macri, la prepotencia de Carrió, el encubrimiento de Bullrich

El titular del Poder Ejecutivo apenas habló de la desaparición de Santiago en casi tres meses. La candidata a diputada en Buenos Aires solo evidenció desprecio.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Miércoles 18 de octubre | 12:29

A horas de que finalice la campaña electoral una grave crisis política se metió en la agenda nacional. La misma volvió a dejar en evidencia el profundo desprecio de gran parte del elenco político oficialista hacia un reclamo tan sentido que se convirtió en una causa nacional e internacional: la aparición de Santiago Maldonado.

Según informa el periodista Luis Bremer, Elisa Carrió se quedó sin campaña electoral. La “ventaja” de la candidata radica en el hecho de que quedan pocas horas para el inicio de la veda electoral y corre con diferencia a favor en los sondeos. Pero quien es presentada como la “voz” de las "reservas morales republicanas" tuvo que ser llamada a silencio.

Sus declaraciones despreciables acerca de que Santiago tenía “un 20 % posibilidades de estar en Chile con la RIM” (sic) fueron el primero de los golpes auto-infligidos. La miserable (no encontramos otro término más acorde a pesar de que se ha repetido) comparación entre el cuerpo encontrado en el río Chubut y Walt Disney puso el sello de “cerrado” sobre su campaña.

Lo ocurrido con la candidata a diputada es una expresión de los límites reales de la prepotencia gubernamental. En términos conceptuales es otro golpe a la idea que habla de un “momento hegemónico”.

La desaparición forzada de Santiago Maldonado puso en escena la falta de realidad de ese discurso “pos-ideológico” con el que suele presentarse Cambiemos. Una defensa casi absoluta del accionar de la Gendarmería, la demonización del pueblo mapuche, la estigmatización de quienes reclaman y se movilizaron –masivamente recordemos- por la aparición del joven. Esas acusaciones pusieron al desnudo el carácter reaccionario de gran parte de la plana mayor del oficialismo nacional.

Pero, precisamente, el silencio que se impone a Carrió muestra los límites de esa prepotencia reaccionaria.

El encubrimiento tuvo su voz cantante en la ministra de oligárquico apellido que dirige la cartera de Seguridad. Patricia Bullrich Luro Pueyrredón se negó “a tirar un gendarme por la ventana” haciendo una defensa cerrada del accionar de esa fuerza.

Ese encubrimiento se convirtió en una cuestión de Estado. Se vio en el conjunto de operaciones destinadas a salvar a Pablo Noceti, segundo en la cartera de Seguridad, de ser llamado a declarar en la investigación. Lo demostró también la presencia en Esquel de Gonzalo Cané, funcionario del Ministerio de Seguridad nacional. La labor de Cané fue “coordinar” con el Poder Judicial. En lenguaje entendible para todo el mundo, implicaba orquestar un camino de impunidad para Gendarmería. Las múltiples contradicciones y mentiras en los testimonios de los efectivos de esa fuerza fueron preparadas bajo la mirada atenta de ese funcionario.

A ese encubrimiento prestó y presta un servicio esencial la gran corporación mediática que se encargó de lanzar pistas falsas y difundir mentiras en los casi 80 días transcurridos desde el 1° de agosto.

Hoy, para no perder las costumbres, Joaquín Morales Solá reitera una falsedad ya desmentida: la de que el cuerpo fue hallado en un territorio al que la comunidad mapuche no permitía el ingreso. Sin embargo, como bien lo confirmó la familia de Santiago, ese lugar había sido rastrillado en tres ocasiones anteriormente. El columnista de La Nación repite mentiras para darle fuerza moral a su público, estrechamente vinculado al votante macrista.

En Clarín es Claudio Andrade, operador habitual de ese medio, quien “inventa” el descubrimiento del cuerpo en otro lugar. La “versión” del periodista contradice lo afirmado por la Fiscalía y las organizaciones que participaron del rastrillaje.

Precisamente fueron esas organizaciones las que denunciaron que el cuerpo “había sido implantado”. Si esto es así –y todo pareciera indicarlo- la capacidad logística para mantener escondido un cuerpo por casi tres meses solo puede hallarse en manos de las fuerzas represivas que responden al Estado.

Cuando se cumplieron dos meses de la desaparición de Santiago, ante una masiva concentración en Plaza de Mayo, Sergio Maldonado volvió a criticar el silencio del presidente Macri.

Esa misma crítica se puede volver a realizar un mes después. En casi tres meses de la brutal represión tras la que Santiago desapareció, el titular del Poder Ejecutivo apenas se refirió en un par de ocasiones al hecho que conmueve al país. En algunas de ellas, solo cuando fue interpelado por el periodismo.

El silencio del presidente no parece casual. El discurso sostenido antes de ingresar a la Casa Rosada y durante su presidencia habla muy claramente de su absoluto desinterés por aquellas cuestiones que ponen en evidencia la brutalidad del accionar de las fuerzas represivas. Para muestra basta un botón, afirma el refrán. Ya tenemos uno. Insólitamente, el primer mandatario viaja a Uruguay en el medio de una crisis de tamaña magnitud.

El silencio de Macri, la prepotencia de Carrió y el encubrimiento de Bullrich son parte de los componentes que parieron una nueva crisis política.

Esta crisis muestra, al mismo tiempo, la podredumbre del régimen político capitalista argentino. La Gendarmería, parte integrante de ese aparato estatal y responsable de la represión el pasado 1° de agosto, tiene un largo historial de operaciones realizadas contra los sectores populares y las luchas obreras. Un historia que no empezó con Macri, sino que se remonta décadas atrás y no fue interrumpido bajo el ciclo de los gobiernos kirchneristas.








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