Economía

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El saqueo al poder de compra del salario no encuentra piso

El Índice de Salarios informado por el Indec para el mes de noviembre volvió a mostrar la profundización del retroceso del poder adquisitivo del salario, que cae 12 % en once meses.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Jueves 31 de enero | 23:02

En noviembre se siguió profundizando el deterioro del poder adquisitivo del salario, que fue una constante durante todo 2018. Así lo confirmó el jueves el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), que dio a conocer el Índice de Salarios para el mes once de 2018.

De acuerdo al informe, los salarios registraron en noviembre un aumento de 2,9 %, regristrando desde enero una suba de 26,6 %, mientras que en ese lapso los precios aumentaron 43,9 %, 17,3 puntos porcentuales más. De esta forma, en términos de poder adquisitivo los salarios retrocedieron 12 % entre enero y noviembre de 2018.

En la comparación con noviembre de 2017, el retroceso es aun mayor: el índice de salarios aumentó 27,9 %, contra una suba de precios de 48,5 %, lo que arroja un retroceso de 14 % en términos de poder adquisitivo en un año.

En la evolución por sectores, en noviembre el mayor aumento habría sido según el Indec en el sector privado no registrado (5,3 %), seguido por el sector privado registrado (2,6 %), mientras que los trabajadores registrados del sector público habrían tenido un aumento de 2 %. Los trabajadores registrados de conjunto arrojan un aumento de 2,4 %.

En los primeros once meses de 2018, el aumento acumulado es de 28,3 % en el sector privado registrado, 27,2 % en el sector público registrado (27,9 % para todos los trabajadores registrados), y 21,5 % para los trabajadores no registrados.

Licuación de salarios, eje del programa económico

El retroceso del poder adquisitivo no es un efecto secundario no calculado de la corrida y la recesión. Por el contrario, es una pieza central en el andamiaje que el gobierno de Macri acordó con el Fondo Monetario Internacional.

Que la suba de la cotización del dólar (que fue superior a 100 %) supere al aumento de precios (que cerró en 47,6 %), y que estos sobrepasen a los salarios (que en el año quedarán debajo de 30 % cuando se conozcan los datos de diciembre) es central para el plan en marcha.

En primer lugar, solo de esta forma podrá asentarse la ganancia de competitividad que tanto benefició a los empresarios. Con la brecha entre evolución del tipo de cambio, precios y salarios, los últimos no solo perdieron poder adquisitivo sino que se abarataron sensiblemente como “costo” en dólares para los empresarios.

Un año atrás, el salario promedio (según el Reporte Laboral del ministerio de Trabajo) equivalía a USD 1.530; con el dólar actual ronda los USD 850.

Esta ganancia de competitividad gracias a la devaluación del salario fue celebrada recientemente por el Banco Central en su Informe de Política Monetaria.

"La depreciación de la moneda local que resultó por encima de la suba de los salarios incrementó la competitividad externa de la economía, reduciendo así los incentivos a un ajuste en la cantidad de puestos de trabajo", afirma el documento de forma algo extorsiva, dando a entender que si los trabajadores no hubieran "convalidado" el ajuste sobre sus salarios (que avanzó centralmente por la pasividad de las burocracias sindicales ante el peor zarpazo a los salarios regisirado desde 2002) podría haberse registrado una destrucción del empleo mayor a la que ya observamos.

Además de la competitividad, el deterioro del salario es clave para el objetivo que comprometió el gobierno con el FMI de lograr reducir el llamado déficit de cuenta corriente. Este es el balance de comercio exterior (exportaciones menos importaciones) de bienes y servicios, más el saldo neto de rentas (intereses, pago de servicios, etc.).

Ambos componentes fueron deficitarios en 2018, lo que los economistas del mainstream sintetizan con la frase de que el país "gasta más de lo que produce", o "vive por encima de sus posibilidades".

Claro, estos economistas, que prescriben el ajuste del gasto como receta, "olvidan" decir que la mayor parte del aumento del déficit se explica por los intereses de la deuda. Esta es justamente la parte del mismo que el FMI no se propone reducir. Al contrario, para asegurar que el país cuente con los dólares para sus pagos de deuda, el ajuste pasa por otro lado. Y acá la devaluación de los salarios juega un rol central.

Como señalan Ramiro Albrieu y Guillermo Rozenwurcel en un reciente artículo, "el grueso del ajuste del gasto doméstico tendrá lugar a través del consumo interno, por la simple razón de que éste representa más de dos tercios de la demanda agregada".

Este objetivo, que es central en los papeles del FMI para que el país vuelva a mostrar solvencia externa, requiere "que los salarios nominales y otros ingresos fijos (en particular jubilaciones) crezcan por debajo del ritmo de inflación, de modo que su valor real se reduzca y limite el consumo de esos sectores".

¿Qué pasará en 2019 con el poder adquisivo? A esta pregunta el gobierno está dando una primer respuesta, poco alentadora, con los nuevos tarifazos que entran en marcha hoy, que se suman a los aumentos aplicados en enero para el transporte. Electricidad, garrafa social, boleto de tren y colectivo, prepagas, son algunos de los rubros que registran incrementos que ya van deteriorando el poder adquisitivo.

Ellos o nosotros

Cae la economía 7,5 % anual en noviembre, se destruyen empleos, cae el salario, pero la titular del FMI felicita al equipo económico por la implementación del programa de "estabilización".

No es un error: el objetivo excluyente que persigue la política vigente desde el acuerdo con el organismo es calmar a los mercados mostrando capacidad de implementar el plan "doble cero".

Esto solo podrá concretarse a costa de los trabajadores y el pueblo pobre. El capitalismo argentino vuelve a mostrar, como ocurrió una y otra vez en las últimas décadas, que solo puede perpetuarse imponiendo una vez más una feroz degradación de las condiciones de vida de las mayorías: crecimiento de la desocupación, caída de los salarios, degradación de las condiciones de trabajo por la vía de la flexibilización, recortes directos e indirectos en el gasto social, y un largo etc.

Ante la radicalidad de la avanzada que se proponen para defender los intereses de una minoría, es necesario responder a la misma altura: con un programa de medidas para que la crisis la paguen los que la generaron, empezando por el abandono del acuerdo con el FMI, el no pago de la deuda fraudulenta, y la nacionalización de la banca e incremento inmediato de salarios al nivel de la canasta familiar.







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