Juventud

El rostro humano de una vida precarizada

¿Cómo vive, qué sueños tiene un joven que trabajó precarizado toda su vida mientras estudia? Andrés, estudiante de archivología, nos da algunas respuestas.

Marcos Santillo

Obrero metalúrgico

Lunes 9 de septiembre | 20:21

En la tarde de domingo aprovechamos el solcito y nos tomamos unos mates con Andrés, en su casa de barrio ampliación Pueyrredón. Mate va, mate viene, nos va contando un poco su historia, el rostro humano de cientos de jóvenes en Córdoba que solo conocen la precariedad como forma de vida.

LID: ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias laborales y cuál es tu trabajo actual?

Andrés: Empecé a laburar a los trece años, en el año 2003, cuando cursaba el tercer año de la secundaria. Salía de clase y mi tío me esperaba afuera con sus herramientas, él es plomero, gasista y electricista. Me ofreció trabajo de peón suyo. Le alcanzaba las herramientas y realizaba tareas en las diferentes casas o instituciones que lo llamaban ante urgencias o trabajos planificados. Me pagaba $ 5 la hora, ni hablemos de sueldo y esas cosas, entendiendo sobre todo que ni siquiera estaba en edad formal para laburar, siempre lo hice por necesidad.

El trabajo era muy cansador y en algunas ocasiones ponían la vida de ambos en riesgo. Sumado que en esos años quedé libre varias veces en el Garzón Agulla (que es el colegio donde cursé) porque faltaba mucho por laburar, a veces inclusive mi tío iba a buscarme en medio de las clases para que lo acompañara. Yo transaba con lxs preceptorxs para que me borraran faltas y no perder el año. Fueron varios años, un poco más de cuatro los que pasé así. Cobrando miserias, trabajando en condiciones espantosas y dejando de lado mis otras responsabilidades. Hasta que decidí salirme de esa situación y cortar de raíz el vínculo con mi tío.

La situación no cambió para nada en los años siguientes.

Después de eso pasé por varios trabajos, ninguno de ellos digno, con salario acorde a la realidad y obra social. Hice de todo: albañil, mozo, verdulero, kiosquero, conserje de hotel, zapatero… También trabajé por contratos cortos en una fábrica de bolsas y otra de tableros eléctricos.

Desde el 2011 trabajo en las mismas condiciones para una sociedad de ingenieros. Soy su empleado, hacemos electroingeniería (electricidad industrial, automatización y mantenimiento de maquinaria para la industria de la panificación, entre otras actividades). Me pagan $ 110 la hora y me pusieron un monotributo hace pocos meses. Las condiciones en muchas oportunidades son infrahumanas y puse en riesgo mi vida varias veces. Una vez me electrocuté, otra vez me hice un corte profundo en el labio con una amoladora y también sufrí varias caídas desde alturas.

Debe haber sido difícil en ese contexto pensar en una carrera universitaria, ¿no?

Un poco sí, pero así y todo en el 2012 comencé a estudiar artes visuales en la UNC, yendo y viniendo en el cursado. Principalmente por problemas de tiempo, ya que mis jornadas son de hasta 11 horas; pero también por no poder comprar los materiales con mis bajos ingresos y por no tener un espacio físico para usar de taller, algo muy necesario al querer licenciarme en escultura. Cursé hasta el año 2017, casi en tercer año de la carrera, porque ya no pude aguantar la situación y el desgaste.

Pero no me quedé ahí, en el año 2016 por recomendación de profesores de la Facultad de Artes comencé a estudiar archivología en la Facultad de Filosofía y Humanidades. La recomendación era estudiar museología, porque tuve un buen desempeño en el tratamiento documental de archivos de museos. Esa carrera se dicta en La Rioja y La Plata, provincias donde me resulta imposible estudiarla, por razones obvias, así que la mirada se desvió hacia archivología (carrera que forma parte de la tríada museología/bibliotecología/archivología).

Ahora estoy cursando segundo año, por diversas situaciones complejas que tuve en mi vida en estos últimos años, debí resignarla por un tiempo también.

Lo laboral ha sido de gran influencia siempre. Es la traba más grande en la vida de un estudiante. Hoy por hoy trabajo menos horas, pero se lo tengo que pelear todo el tiempo a mis jefes. Gano una miseria, no puedo decirte bien cuánto por el hecho de cobrar por hora. Pero hay meses en los que vivo con $ 12.000. Un número lamentable frente a la situación económica del país.

Una miseria la verdad, debe ser realmente muy difícil no resignarse antes tantas trabas.

Sí, pero no me dejo vencer por estas situaciones, priorizo mis estudios frente a lo demás. Vivo con mis padres y hermanos, en la casa de mis fallecidos abuelos (los viejos de mi padre), en condiciones bastante precarias. Somos pocos los que trabajamos, pero juntamos todo y vamos tirando.

Lo que gano lo destino a salvar las deudas del almacén del barrio, pagar las boletas de servicios y los materiales que uso para arreglar la casa. Con lo que me sobra compro libros, voy a recitales y eventos relacionados a museos o centros culturales, compro instrumentos musicales, comida y ropa. Todo lo relacionado con la salud queda para el último.

¿Cómo pensás que se puede salir de esta situación de crisis a la que nos quieren someter el FMI y sus amigos con más precarización laboral?

Creo fervientemente que es necesario aportar políticas de Estado que actúen sobre la generación de trabajo y garanticen las medidas necesarias para asegurar que éste sea digno, con una paga justa y condiciones adecuados. Algo que el FMI no nos garantiza ni a palos, que tiene que ser una demanda que peleemos los de abajo sí o sí.

Sobre todo eso, acompañar y buscarle la salida con urgencia a la precarización laboral de las generaciones más jóvenes, a los pibes que se están iniciando en el tema. Lo necesitamos.

Hace varios años que apoyo las ideas de izquierda, votando también al Frente de Izquierda, mucho más ahora que se avanzó en ser la expresión de la izquierda unida, porque es claro y evidente que siempre ha apoyado a los trabajadores. Puedo tomar como ejemplo concreto en la historia argentina, a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) entre otras agrupaciones, en donde se manifestaba el acompañamiento a los trabajadores sindicalmente, ideas introducidas en el país gracias al socialismo, el anarquismo, la izquierda. Si no tomamos esos precursores, motivados en su accionar, por ideas justas y compañeras del obrero, ¿qué nos depara el presente? ¿Seguir obviando cómo las políticas que gobiernan el país hace décadas se cagan en los trabajadores, los manipula y les pone trabas todo el tiempo? La respuesta está en nosotros.

Che, y por último que ya se nos va el domingo y nos quedamos sin agua para el mate. ¿Qué opinás del libro que sacó Nicolás del Caño?

Sí, me enteré hace poco del libro. Está bueno que se escriba sobre este problema y la salida ante la precarización. Es fundamental y creo que casi nadie lo hace. Quiero comprarlo y seguro que el domingo que viene estaremos en la presentación que se hace en la Feria del Libro haciendo el aguante.







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