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El resultado electoral y los proyectos políticos en juego

Con la derecha, la Nueva Mayoría y el Frente Amplio en el Parlamento y configurados como las tres principales fuerzas nacionales, hay de fondo tres proyectos políticos históricos. Quienes levantamos las banderas del anticapitalismo presentamos un cuarto proyecto alternativo.

Viernes 22 de diciembre de 2017

Luego del resultado electoral, nos preparamos para un próximo gobierno de la derecha, nuevamente con Sebastián Piñera a la cabeza. Vienen a representar y defender los intereses de los grandes empresarios.

Pero el gobierno de Piñera se pronostica probablemente como un gobierno débil para lograr imponer una agenda inmediata de ataques al pueblo trabajador. No sólo no tiene mayoría parlamentaria, y tiene una derecha tironeada por un sector “liberal” y otro abiertamente pinochetista, sino que, fundamentalmente esta debilidad es producto de algo que mostró deformadamente el resultado de la primera vuelta: la situación abierta por las movilizaciones del año 2011 no se ha cerrado, y se mantiene la impugnación a los principales pilares del neoliberalismo y de la herencia de Pinochet en Chile: AFP y educación y salud de mercado, y también a los partidos políticos que han administrado el modelo.

Por estos motivos Piñera en la segunda vuelta se vio obligado a tener un discurso más de “centro”, e incluso el mismo que dijo que la educación era un bien de consumo, llegó a aceptar la “consigna” de gratuidad, aunque evidentemente entendida como una beca. Sabe que necesita acuerdos en el Parlamento y que no podrá pasar inmediatamente a una ofensiva ajustadora.

Pero no debemos engañarnos. Este es un discurso electoral para llegar al poder. Piñera sí viene a gobernar a favor del empresariado y contra los trabajadores y el pueblo. Su único problema es que todavía no tiene la correlación de fuerzas suficiente para golpear con ataques duros. Se suma así al fenómeno regional en América Latina de gobiernos de derecha no asentados e inestables.

Por esto, durante este tiempo, y de un modo táctico, la derecha (no exenta de contradicciones y roces) le hablará al centro, e incluso se abre la hipótesis de que tome la iniciativa para otorgar a las demandas sociales soluciones neoliberales que fortalezcan el Estado subsidiario y la lógica de la focalización del gasto social, como gesto hacia las masas.

Pero de fondo, lo que busca la derecha y los grandes empresarios, es cerrar con el ciclo abierto el año 2011, terminar con la impugnación al neoliberalismo y aquietar las aguas. Quieren acabar con los grandes procesos de movilización que se abrieron y se multiplicaron desde ese año. No debemos olvidar lo que ocurrió en Argentina, donde Mauricio Macri gobernó “moderadamente”, hasta la elección de este año, que le dio mayor peso en el Parlamento y se decidió pasar al ataque, con, por ejemplo, la reforma a las pensiones, que es un ataque directo contra los jubilados.

Por esa vía, los empresarios buscan reponer el consenso neoliberal, retomar la estabilidad y conservar lo que instalaron e impusieron durante la dictadura militar, ese modelo que permitió que se enriquecieran a más no poder a costa del endeudamiento y la superexplotación de enormes franjas de la población, y que ningún gobierno de la Concertación, y tampoco de la Nueva Mayoría, modificaron estructuralmente.

Por otra parte, los principales derrotados han sido la Nueva Mayoría y el gobierno. Se encuentra así muy debilitado el proyecto que representaba Bachelet, de reformas parciales, mojigatas, tibias e incluso neoliberales a los aspectos más cuestionados del modelo.

Fueron castigados en estas elecciones, no sólo porque no se decidieron a avanzar en cambios profundos y negociaron todo con la derecha en la cocina parlamentaria, sino que también porque han cogobernado junto a Chile Vamos (ex Alianza por Chile) durante todos esto años y no representan una verdadera alternativa a Piñera y compañía.

En el fondo, lo que buscó la Nueva Mayoría fue también sacar a los grandes movimientos de las calles, entregando concesiones mínimas, para hacer menos irritante el modelo, y lograr sedar así las ansias de transformaciones. Esa estrategia y ese proyecto de este sector progresista con aire empresarial mostró todos sus límites.

Como contraparte, emergió el Frente Amplio. Su sorpresivo resultado electoral fue expresión deformada de que existen enormes sectores de la población que todavía se ven representados por las demandas de la calle y que quieren transformaciones sociales.

El proyecto histórico que representa este sector emergente es, mediante acuerdos con sectores del progresismo de la Nueva Mayoría, avanzar a un Estado de derechos sociales, tal como lo dijo Carla Amtmann en una entrevista para El Mostrador hace unas semanas atrás. Esto con el objetivo de ponerle fin al neoliberalismo, conquistando espacios democráticos para “la ciudadanía”, permitiendo una mejor distribución de la riqueza para frenar la desigualdad, eliminando el mercado específicamente de las pensiones, la educación y la salud, en palabras de Nicolás Grau, uno de los economistas del Frente Amplio, y así hacer que Chile avance a asemejarse a los países de la OCDE o “del primer mundo”. Todo esto, en los marcos del capitalismo.

Pero este camino de alianzas con el progresismo ha demostrado ser un fracaso, y la experiencia del Partido Comunista así lo demuestra. Pero más de fondo, la principal debilidad del proyecto frenteamaplista, es que no habrá garantía de demanda cumplida mientras sea bajo los márgenes de este sistema capitalista. Si es que existe algún tipo de conquista, es posible que más adelante en el tiempo pueda venir un gobierno decidido a quitarnos todo lo ganado, y lo hará, si no ligamos estas conquistas con una perspectiva superior.

Es en ese marco que nos proponemos la construcción de un cuarto proyecto político. Un proyecto revolucionario, socialista, anticapitalista y de la clase trabajadora, que en las elecciones tuvo su expresión en las candidaturas anticapitalistas que levantamos en Santiago por el Distrito 10 y en la ciudad de Antofagasta con dirigentes sindicales, docentes y estudiantiles.

Respecto a la situación política nacional apostamos, para enfrentar a la derecha, el desarrollo de una oposición en las calles a Piñera, donde seamos millones de estudiantes, trabajadores y mujeres que nos movilicemos en nuestros lugares de estudio y trabajo, para hacerle frente a Chile Vamos y para pasar a la ofensiva por la conquista de nuestras demandas.

Y para avanzar en esa línea es que nos proponemos levantar una alternativa anticapitalista, socialista y de los trabajadores. Una fuerza política de oposición consecuente que sea un factor para fortalecer a la oposición al gobierno en las calles y mediante la más amplia unidad de la clase trabajadora, estudiantes y de la juventud, pero que no se detenga ahí, sino que desde esta alternativa, buscamos entregar una perspectiva mayor.

No queremos detenernos en ser oposición a la derecha o en conquistar demandas parciales. Queremos que se exprese este cuarto proyecto político, esta propuesta revolucionaria y por el comunismo, tanto en las elecciones, como en las batallas cotidianas de estudiantes y trabajadores.

Nos proponemos, y vemos que es una necesidad, no sólo redistribuir la riqueza, sino que distribuir también los medios que producen esas riquezas. Apostamos por una sociedad de ruptura con el capitalismo.

El contenido de esta columna lo seguiremos desarrollando en próximos escritos, que son los fundamentos y la base que utilizamos para desarrollar la charla “El Desafío de levantar una izquierda anticapitalista de las y los trabajadores”, realizada el pasado jueves 21 de diciembre.






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