Economía

PATEANDO EL TABLERO

El pulpo BlackRock, sus socios y el saqueo de la Argentina

No es una banda de rock, es uno de los principales fondos de inversión acreedores de la deuda pública. Pero este buitre no solo corta papeles y bonos, sino que es accionista de YPF, Siderar, Banco Galicia y Macro, Mercado Libre, entre otras. Los tentáculos del pulpo someten al país a la dependencia y el atraso. Hay que cortarlos.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Miércoles 27 de mayo | 21:54

  • En estos días se habla mucho de Black Rock, suena a una banda musical, pero en realidad es uno de los principales acreedores privados de la deuda pública Argentina. Posee cerca de 3.000 millones de dólares en bonos y junto a otros especuladores como los fondos Fidelity y Templeton son dueños del 25% de la deuda que el gobierno nacional se propone reestructurar.
  • Según trascendidos en distintos medios la vicepresidenta, Cristina Fernández, a través de Miguel Galluccio, ex titular de YPF, luego de conversaciones con el presidente de Black Rock, Larry Flint, logró que éste último aceptara bajar algo de sus aspiraciones en el marco de las negociaciones de la deuda que encabeza el ministro Guzmán. Pero ¿qué tiene que ver el ex CEO de YPF en todo esto? Resulta que Black Rock es el segundo accionista privado de la petrolera más grande del país que, a su vez, tiene la mayoría de las acciones en manos del Estado. La posibilidad de un entendimiento por la deuda habilita ampliar las perspectivas de negocios de Larry Flint en otras empresas que operan en el país. Black Rock ya participa como accionista en Mercado Libre, Tenaris (Grupo Techint), Grupo Galicia, Banco Macro, Telecom, Pampa Energía, TGN, Arcos Dorados (Mac Donalds) y Adecoagro, que son parte de más de 17 mil empresas donde este fondo participa como accionista en todo el mundo.
  • Hay que destacar que los tentáculos del pulpo le traen beneficios. El fin de semana el periodista Horacio Verbitzky publicó el listado de las 100 primeras empresas que compraron dólares durante 2016-2019. Son las responsables de lo que popularmente se denomina “fuga de capitales”. Allí encontramos a empresas donde Black Rock es accionista: Telefónica (en el primer puesto), Mercado Libre, Siderar y Tecpetrol (Grupo Techint), Grupo Galicia, TGN, Pampa Energía, YPF, Monsanto, Procter and Gamble, entre otras.
  • Pero a su vez, este movimiento de millones y millones de dólares que quedan en manos de un puñado de empresas y sus dueños es canalizado a través de los bancos. Los cuales, a su vez, tiene a los fondos de inversión como accionistas. La periodista Magdalena Rua explica en un artículo publicado en El Cohete a la Luna que “Los siete bancos más grandes del mundo —Bank of America, JP Morgan, Citigroup, Wells Fargo, Goldman Sachs, Bank of New York Mellon y Morgan Stanley— poseen entre sus accionistas a cuatro grandes fondos: BlackRock, State Street Corp., FMR (Fidelity) y Vanguard Group.”
  • Esta presencia de los fondos de inversión entre multinacionales líderes en el mundo y, a la vez, en los bancos que facilitan el movimiento de capitales desde países donde operan las multinacionales hacia sus casas matrices o de las ganancias de empresas nacionales, que optan por fugar los fondos al exterior, les da un poder gravitante ante los Estados. Así lo explica caso del banco BNP Paribas que tras una investigación judicial en 2007 se descubrió su participación en la fuga de dólares a paraísos fiscal o el HSBC que por una denuncia de la AFIP en 2013 se develó como facilitaba el giro a cuentas en Suiza de las fortunas de grandes empresarios del país evadiendo impuestos, tal como lo explica Leandro Bona, en su libro “La Fuga de Capitales en la Argentina”. Recordemos el HSBC por disposición del gobierno es el actual intermediario del país en la negociación con los acreedores de la deuda.
  • Llegados hasta aquí, el caso de Black Rock es ilustrativo de la fusión entre el capital industrial y de servicios con el capital bancario, algo que caracteriza la fase actual del capitalismo, tal como lo describiera Lenin a principios del siglo XX en su obra, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. Con su accionar se moldean los contornos sobre los cuales, el capital financiero con sus socios menores de empresarios y banqueros nacionales, dispone el saqueo de los países semicoloniales y dependientes. Lo cual comprende la generación y sostenimiento del endeudamiento de los Estados, en el caso argentino, ya se pagaron más de 500 mil millones en concepto de deuda, pero se deben más de 323 mil millones. Una historia propia de la usura, “cuanto más pagas, más debes.”
  • Sin embargo, el gobierno nacional -con apoyo de los gobernadores- sostiene que hay que llegar a un acuerdo con Black Rock y sus amigos. Pero, ¿se puede negociar de “buena fe” con ellos? Sin duda, no. La deuda es impagable y, más temprano que tarde volveremos a situaciones de default. No se puede permitir volver a estos escenarios de caos donde termina pagando el pueblo trabajador como sucedió en 2001 luego que se cayeran los intentos de reestructurar la deuda con el megacanje de bonos y el préstamo del FMI por 6 mil millones, cuando ese mismo año las grandes empresas y bancos fugaron 30 mil millones. Para ello se necesita preparar una pelea por el desconocimiento soberano de la deuda, el cual, debe ir acompañado de un conjunto medidas que atenten contra los distintos mecanismos y canales del saqueo nacional.
  • La nacionalización de los bancos y la creación de un banco estatal único controlado por los trabajadores, puede frenar el saqueo de dólares, a la vez, que permitiría reorganizar el ahorro nacional canalizándolo a las familias trabajadoras endeudas y pequeños comerciantes o productores arruinados por la crisis desatada por la pandemia. Pero también ellos tienen el control de los dólares, concentrados en 50 empresas multinacionales (muchas de las fugadoras seriales como Cargill o Aceitera General Deheza) que manejan más del 60% de los dólares de exportaciones del país. El monopolio del comercio exterior bajo control de la clase trabajadora daría lugar a un uso de los dólares en función de las necesidades de un plan económico basado en los intereses de las mayorías. Con estas medidas se puede empezar a cortar algunos tentáculos del pulpo que condiciona al país a la dependencia y el atraso, tareas que además se vuelven fundamentales para evitar una nueva catástrofe económica y social que se cobre con más miseria, desempleo y precarización como la que ya adelantan grandes empresarios con despidos y rebajas salariales, incluso recibiendo ayuda del Estado para pagar el 50% de los salarios de sus empleados. Hay una batalla ideológica y programática por la organización consciente de amplios sectores de trabajadores y la juventud, preparando así la movilización que se necesita para imponer a los especuladores, grandes empresarios y sus gobiernos, una salida de otra clase.






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